Resumen
En ocasión de homenajear al maestro Enrique Dussel, hacemos una reflexión en torno a los diálogos interculturales Norte-Sur en particular, entre la ética del discurso propuesta por el gran filósofo alemán Karl Otto-Apel y, la ética de la liberación, desarrollada por Dussel. El artículo explora el concepto de diálogo intercultural a través del análisis de las interacciones entre ambos filósofos. Planteamos que el diálogo intercultural no debe ser una simple transposición de ideas, sino un intercambio simétrico y auténtico que supere el eurocentrismo y el extractivismo epistémico. La metodología empleada incluye un examen crítico de las propuestas éticas de Apel y Dussel, centrando la discusión en la ética del discurso y la ética de la liberación. Se argumenta que, aunque ambos filósofos buscan una universalidad, sus enfoques divergen: Apel desde una perspectiva abstracta y universal, y Dussel desde una perspectiva material y contextual. El artículo concluye que un verdadero diálogo intercultural debe reconocer y aprender de las diferencias y no limitarse a un intercambio unidireccional.
Abstract
On the occasion of honoring the master Enrique Dussel, we reflect on North-South intercultural dialogues, particularly between the discourse ethics proposed by the great German philosopher Karl Otto-Apel and the ethics of liberation developed by Dussel. The article explores the concept of intercultural dialogue through the analysis of the interactions between the two philosophers. We argue that intercultural dialogue should not be a mere transposition of ideas but a symmetric and authentic exchange that overcomes eurocentrism and epistemic extractivism. The methodology employed includes a critical examination of Apel's and Dussel's ethical proposals, focusing the discussion on discourse ethics and ethics of liberation. It is argued that, although both philosophers seek universality, their approaches diverge: Apel from an abstract and universal perspective, and Dussel from a material and contextual perspective. The article concludes that a true intercultural dialogue must recognize and learn from differences rather than being limited to a one-way exchange.
Muchas veces cuando hablamos de diálogos interculturales lo hacemos abstractamente, no hacemos referencia a experiencias concretas más allá de algo instrumental para salir del paso, en general, no nos tomamos en serio estos conceptos. Para ir despejando algunas dudas, podemos empezar por lo que no es un diálogo intercultural. Que un pensador europeo venga a una universidad del Sur a dar lecciones, sin tomarse en serio a los demás; no es un diálogo intercultural, eso es un monólogo eurocéntrico. Que un antropólogo – o investigador en general – estudie a un pueblo indígena como un “objeto” de estudio, estaríamos ante una relación imperial colonial como lo plantea Linda Tuhiwai Smith (2016).
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Dancing the World into Being: A Conversation with Idle No More’s Leanne Simpson [En línea] Disponible en: https://www.yesmagazine.org/social-justice/2013/03/06/dancing-the-world-into-being-a-conversation-with-idle-no-more-leanne-simpson (Acceso 10 de agosto de 2022).
En los otros ámbitos del conocimiento, ya sea la sociología o la filosofía, podríamos decir algo similar, el eurocentrismo opera colonial e imperialmente. Cuando no hay un intercambio simétrico, no podríamos hablar de diálogo intercultural. Cuando se investiga al Otro – y sus realidades – como objeto, eso es un extractivismo epistémico o “extracción del conocimiento”, como lo plantea Leanne Betasamosake Simpson[1], en esa dinámica de cosificación no es posible la interculturalidad. El capitalismo y colonialismo – según ella – extrae y asimila la epistemología no escapa de esta realidad.
En ese sentido, el diálogo intercultural busca superar estas limitaciones para una confluencia o una ecología de los saberes como lo plantea Boaventura de Sousa Santos (2018). Para que sea un diálogo las cosas no pueden solo ir en una dirección. Tiene que ir y venir. Para ver un ejemplo concreto, vamos a analizar algunos tópicos del diálogo entre los filósofos Karl Otto-Apel y Enrique Dussel. Quienes pensaron desde contextos distintos. Uno desde Europa, y el otro, Abya Yala. El lugar de enunciación es importante. Si bien existen problemas estructurales, también hay heterogeneidades. Con este ejemplo, también vamos a poner sobre la mesa, la posibilidad de superar o por lo menos evidenciar el eurocentrismo (y el extractivismo epistémico) vigente en nuestro ecosistema académico.
Este diálogo al que hacemos referencia inició en 1989. Dieron lugar a varios encuentros. Se desarrollaron en el marco del Programa de diálogo filosófico Norte-Sur, coordinado por Raúl Fornet-Betancourt, quien planteó la necesidad de “equilibrio comunicativo”, un elemento importante para estos fines. Un diálogo tiene que ir, insistimos, en esas dos vías: tanto aprendemos del Norte, pero también del Sur. No solo se trata de escuchar al otro, es algo más que estar sentado en una mesa y comunicarse (tradicionalmente emisor, receptor y mensaje), es discernimiento.
Ahora bien, ¿cuál fue el contenido de este diálogo?: la ética, si bien ese diálogo fue una etapa, por ejemplo, del desarrollo de la ética de la liberación de Dussel, no quiere decir que se agotó allí, podemos seguir dialogando con esa tradición europea de la ética del discurso incluso con Jürgen Habermas (2000), lo mejor de la tradición crítica también resaltémoslo. Otto-Apel fue parte de la segunda generación de la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt, si bien se conoce más a Habermas, Otto-Apel fue importante en esa etapa, con su propuesta de la “ética del discurso” y; por la otra parte, está Dussel con la “ética de la liberación”. Entonces, el contenido del este diálogo es la “ética”, pero no solo una propuesta ética, sino dos, una pensada desde Europa y otra Abya Yala.
La propuesta de la ética de la liberación y la ética del discurso tienen en su interior supuestos distintos. La segunda de esta hay que pensarla en el marco de la ciencia y la técnica como el mismo Apel lo señala, de “reconocida mundialmente en las modernas sociedades industriales” (Apel 1992, 13), y la primera, desde la dependencia y el subdesarrollo. Eso hace que sus supuestos sean distintos. En medio, la vieja discusión sobre el desarrollo y progreso. Sería un error pensar todavía que el desarrollo es una etapa hacia el desarrollo, cargamos una maleta pesada con el fetichismo del progreso, nuestras realidades son distintas, por lo tanto, la forma en cómo lo encaramos, no puede ser la misma, sin considerar las heterogeneidades.
Pongamos a nuestros filósofos en el contexto de la gestación de sus propuestas. Apel nació en 1922, murió en el 2017; Dussel nació en 1934 y murió en el 2023. Fueron dos filósofos consolidados e importantes mundialmente reconocidos, sus obras se desarrollaron desde de la década del setenta fundamentalmente, Apel con La transformación de la filosofía, y Dussel con Para una ética de la liberación. En el caso de este último, los aprendizajes de este diálogo fueron formidables. También aquí vemos cómo al menos en ese contexto, las éticas en cuestión están en el marco de giros distintos, Apel, pragmático y Dussel, decolonial. Con esto quiero decir que son dos filósofos que desarrollan sus propuestas en mismo contexto, pero forman parte de dos proyectos diferentes, en lo que estaban de acuerdo fue en la necesidad en un mundo distinto.
Me ocuparé de la propuesta de Dussel con mayor énfasis. En términos generales, a pesar de que ambos parten de contextos distintos, compartirán que, sus éticas en última instancia tienen pretensión de universalidad. Apel lo plantea así: “las condiciones ideales de una posible formación de consenso sobre normas […]idea regulativa” (Apel 1992, 44), no relacionado a una “revolución mundial” o “el reino de la libertad”, alejándose así, al menos en ese planteamiento, de la utopía socialista. El planteamiento ético de Dussel no podría partir de la “comunicación” abstractamente, porque es precisamente el “Otro silenciado”, quien no tiene ni las condiciones ideales, ni mínimas para expresarse, la piedra en el zapato de Apel, para la aplicación – con pretensión de universalidad – de su ética. Para el filósofo de la liberación: “El Otro es la condición de posibilidad de todo argumentar” (Dussel 1992, 76) y de comunicar.
Antes de continuar, quiero hacer un breve paréntesis. Tomé un curso con Juan José Bautista en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México en el 2017. Bautista murió en el 2021 relativamente joven, fue uno de los discípulos más avanzados de Dussel, ya al final incluso logrando autonomía planteándose la tarea de pensar con y más allá del maestro. Él nos explicó la importancia de ese debate y sobre cómo entenderlo en el marco de los grandes giros epistemológicos de las ciencias humanas y sociales, además, nos impulsó a reflexionar sobre cómo asumir – o subsumir – ese diálogo. Veamos un poco esquemáticamente los giros para ubicarnos en cual estaríamos ahora mismo o por cual optar en las actuales circunstancias de crisis civilizatoria.
Primero, está el giro lingüístico, tiene lugar en la década de los cincuenta, una de sus figuras visibles fue Ludwig Wittgenstein, con su especial énfasis en la función esencial del lenguaje. Luego está el giro pragmático, ya no es solo la preocupación por el lenguaje, en un sentido puro, si no el uso social y práctico de este. Habermas y Apel serían parte de este último proponiendo ambos la ética del discurso desde el giro pragmático. La idea de Bautista consistía en subsumir esos giros para trascenderlos hasta luego descolonizarse. El punto es el siguiente, a estos filósofos con sus propuestas, entendámoslos, además, en las dinámicas del giro pragmático y decolonial respectivamente.
Como parte del giro pragmático, Apel y Habermas, abandonaron los senderos de la teoría crítica, y el concepto de “alienación” no jugaría un papel central en sus análisis. Sin ellos la teoría crítica continuó incluso luego de Axel Honneth, con una sociología crítica (podemos mencionar a Stephan Lessenich y Esteban Torres). Porque Apel y Habermas hayan tomado otro derrotero no quiere decir que la teoría crítica terminara con ellos, Habermas en nombre de un revisionismo y nuevas configuraciones se aleja de esa primera generación. Independientemente consideramos oportuno subsumir algunos supuestos o por lo menos considerar su idealidad, de “soluciones obligatorias” (Apel 1992, 18) con las reservas de que ese supuesto es a la vez algo trascendental y aún irrebasable, dependerá en última instancia, del “discurso argumentativo”, dejándolo en un plano abstracto ante los problemas concretos de la vida cotidiana y pública en general.
Sigamos con nuestro tema central. A pesar de que en pasajes enteros podemos ver que tanto Apel como Dussel parecen defender lo mismo, el planteamiento es distinto. Apel ponen énfasis en el “discurso argumentativo” para fijar normas, siendo más específicos, el “discurso argumentativo como medio imprescindible para la fundamentación de normas morales” (Apel 1992, 12). La ética del discurso será según Apel, la única propuesta con solución para los problemas éticos posfundacionales, es decir, el problema de la fundamentación de las normas morales a través del discurso argumentativo. Lo fundamental de esta ética del discurso será la “corresponsabilidad” (propia y de los demás participantes del discurso) e idealmente “la igualdad de derechos de todos los participantes en la comunicación” (Apel 1992, 21), en este punto general no podríamos estar en desacuerdo.
Pero sigamos con algunos temas importantes que podemos identificar en este diálogo para una verdadera interculturalidad. Apel reconocerá la pertinencia de una propuesta de Abya Yala, en general de la teoría de la dependencia y la ética de la liberación de Dussel en particular. Recordando un poco la tesis central de la teoría de la dependencia cuyo eje de reflexión es la existencia de un centro y una periferia y sobre cómo el centro saca ventaja de la colonización y a través de la explotación en todos los sentidos, porque hay una explotación en varios niveles, hay un extractivismo de metales, pero también epistémico. Muchas veces el centro expropia el conocimiento, los saberes de nuestros pueblos y eso es algo concreto, todo el metal precioso extraído generó las riquezas de Occidente, y cuantas tesis no hay en el mundo académico europeo de que el tema y el “objeto” de estudio era algún pueblo nuestro.
Pero bien, sigamos con nuestro diálogo, Apel reconoce la pertinencia de Dussel y sus comentarios críticos, pero Apel continuó en su pragmática trascendental para una ética universalista, es decir que puede tener validez en todas partes. Es decir, su ética universalista puede entender todos los problemas universalmente, pero desde su abstracción. Porque la ética de Dussel también presupone una pretensión de valides universal, pero desde una materialidad.
Ambos tienen esa misma pretensión, pero para alcanzarla, sus recorridos son distintos. Ya advertimos uno desde la abstracción, otro desde la materialidad. La propuesta de esa materialidad le estaba dada a Dussel por el pensamiento de Marx, cuando Dussel dialogó con Apel ya había leído a Marx y no para enterarse únicamente, sino para como dice él mismo, explicar en estrictas categorías marxista esa relación centro y periferia.
En definitiva, un diálogo intercultural es un diálogo del centro y la periferia mayormente, pero si se reproduce una relación de poder en ese diálogo entonces estaría fracasado. Entonces, hasta este punto, solo he evidenciado la abstracción de Apel según su énfasis en el lenguaje y en la argumentación reflexiva con pretensión de universalidad. Y, en segundo momento, lo positivo de Apel en reconocer la pertinencia, tanto de la teoría de la dependencia, como de la ética de la liberación, y eso es un punto fundamental.
Abordemos algunos puntos que consideramos fuertes en Dussel y que fueron los que posibilitaron a propósito, una experiencia de un verdadero diálogo Intercultural. Habrá otros diálogos, pero este fue documentado y bastante bien. Y que un pensador de la talla de Apel reconozca y se tome en serio a un pensador del Sur, es signo de que sí es posible un diálogo de estas características. Tengo que hacer una aclaración, no se trata de que un pensador de Abya Yala le enseñe algo a un pensador europeo, es obvio que eso se ha dado en muchas ocasiones. Pero, de eso no se trata un diálogo intercultural, se trata de tomarse en serio a un pensador de Abya Yala que ha propuesto en este caso una la ética de la liberación. Y no es en una sola vía, también Dussel aprendió mucho de Apel y hay que aprender de ambos.
Dussel hizo varias críticas como, por ejemplo, dice que Apel no podía entender a fondo la parte categorial de esa relación centro periferia, y eso es muy importante para entender lo que se vivía materialmente en la periferia con las desigualdades. Pero pongamos un ejemplo incluso más concreto, la enunciación: tengo hambre, tener hambre no es un problema del lenguaje, es un problema real y concreto y, por lo cual, miles de personas mueren todavía, incluso en Panamá hay muertes por hambre, bueno, sin entrar en el tema de las desigualdades, que mueras por hambre es un problema concreto y no una formalidad del lenguaje. ¿Dónde las personas mueren de hambre? Es en la periferia, es en la exterioridad, esta categoría que Dussel subsume de Levinas, será uno de los puntos flojos de Apel porque categorialmente él se coloca desde la totalidad moderna. Categorialmente allí tenemos una distinción de fondo. Apel se posiciona desde la “totalidad” y piensa desde allí. En cambio, Dussel se posiciona desde la “exterioridad”, donde el otro es negado como Otro. Apel se propone pensar ese Otro, pero desde la totalidad abstractamente desde la comunicación argumentativa.
Ahora bien, terminemos con la propuesta de Dussel, ya diríamos que remasterizada. Es decir, en síntesis y explícitamente con elementos que no necesariamente están expuestos así por Dussel, pero sí supuestos en su obra de madurez especialmente de la Ética de la liberación. Pero en la etapa de diálogo intercultural con Apel fue importante tener un interlocutor de ese nivel, porque también lo forzó a pensar el giro pragmático, incluso subsumirlo. Incluso, Dussel llegó a decir que su verdadera graduación fue el diálogo con Apel y eso que ya tenía dos doctorados.
La propuesta de Dussel igual que la de Apel, tiene pretensión de universalidad, podemos exponerlas así, incluyendo algunos elementos nuestros siguiendo al maestro, y tratando de hacerlo lo más explícito posible. Dussel que puso en evidencia los puntos laxos de Apel, propone una ética de principios, ¿Cuál es ese principio? el principio material de reproducir y afirmar la vida en metabólica relación con la naturaleza y las demás especies para ir más allá de cierto antropocentrismo moderno. Aquí estamos ante una propuesta inmanente que tiene como locus de enunciación, categorialmente la exterioridad, donde está el sujeto negado y se practicó y practica como dice Giorgio Agamben una “tanatopolítica”.
Llegado a un punto de madurez esta propuesta, luego de la lectura de Marx, y del fructífero diálogo intercultural con Apel, Dussel se pudo plantear el principio material de este tipo con pretensión de universalidad inmanente. Esta propuesta ya no solo es leída en Abya Yala, sino que es estudiada en Europa, en Asía, África, en fin, este es el resultado de la interculturalidad, que se reconozca y aprenda de lo distinto y cómo esto puede aportar a un mejor mundo es posible.
