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Dignificar la historia, volumen II. Las Fuerzas de Liberación Nacional y los combates por la memoria (1974-1977). 2016. Apodaca, Nuevo León, México: Grupo editorial de La Casa de Todas y Todos. 135 p

 

 

 

Luis Rodríguez Castillo

Doctor en Ciencias Sociales

Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur, Universidad Nacional Autónoma de México

San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México

lurodri@unam.mx

http://orcid.org/0000-0002-4887-823X

 

 

 

*Esta es una versión revisada de las reflexiones compartidas en la Presentación del Libro los días viernes 27 de octubre de 2017, Restaurant Belil Sabores de Chiapas; y sábado 28 de octubre de 2017, Centro Vayu Danza Aérea, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.

 

 

 

 

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Rodríguez Castillo, Luis. 2018. “Dignificar la historia, volumen II. Las Fuerzas de Liberación Nacional y los combates por la memoria (1974-1977). 2016. Apodaca, Nuevo León, México: Grupo editorial de La Casa de Todas y Todos. 135 p”. Revista nuestrAmérica 6 (11): .

 

APA

Rodríguez Castillo, L. (2018) Dignificar la historia, volumen II. Las Fuerzas de Liberación Nacional y los combates por la memoria (1974-1977). 2016. Apodaca, Nuevo León, México: Grupo editorial de La Casa de Todas y Todos. 135 p. Revista nuestrAmérica, 6 (11), .


 

Introducción

Iniciaré parafraseando una sentencia hecha por el historiador marxista Edward Hallett Carr: cuanto más antropológica [sociológica, reza la frase original] se haga la historia y más histórica la antropología, mejor para las dos. Esto con la finalidad de aplaudir dos aspectos que encuentro como centrales en la publicación de estos materiales.

  1. Que sin dejar de ser documentos históricos, éstos nos muestran las muchas aristas antropológicas de los protagonistas de una historia poco conocida que ahora -gracias a la documentación presentada- podemos retomar para futuras interpretaciones de los importantes hechos narrados y;
  2. Que no porque retomemos la condición cultural y humana y los ensayistas hagan explícito que comparten una visión ideológico-utópica con los protagonistas de la historia contada, se resta importancia social, política y cultural a los materiales recopilados.

En ese sentido, la serie «Cuadernos de Trabajo, Dignificar la Historia», nos da una útil lección sobre lo que no hacemos en las ciencias históricas y antropológicas (claro me implico e incluyo, porque me interpela), como parte de ese mundo socio-cultural que dice producir ciencia: mostrar cuáles son nuestras fuentes y aclarar cuáles son nuestros horizontes de interpretación al «leer» los documentos.

En efecto, tal como ya lo afirmaba Carr en el siglo pasado y en el presente la corriente conocida como «historia a contrapelo» que han hecho popular intelectuales como Andrés Aubry, Carlos Aguirre Rojas, Adolfo Gilly, entre otros; debemos dejar de centrar nuestra atención en las grandes figuras y héroes de la historia, esa historia que el profesor Luis González y González llamaba la «Historia de Bronce»; y nuestras fuentes deben proceder de otras partes que no sea la información «oficial» del Estado, pues, como bien señalan los miembros del «grupo editorial» sus documentos se encuentran «viciados de origen por el gobierno mexicano, el cual acomodó a su conveniencia los acontecimientos históricos y ocultó muchos otros» (pp. 8).

Antes de entrar de lleno a comentar el contenido del libro, retomo que este texto me «interpela» porque al leer la referencia a la decimoquinta fotografía incluida en la última sección, se anota la referencia al «grupo subversivo “Patria, Honor y Fuerza”»; consigna de una organización a la que pertenecí en mi niñez (entre  los 10 y 12 años). En la posterior reflexión personal, concluía que se trataba de la ultra-derecha tapatía; pero, estos documentos y fotografías publicadas, hoy día, me hacen entrar en una nueva reflexión y me dicen que mi lectura anterior podría estar errada. Quizás no era la ultra-derecha conservadora. O, bien, una buena hipótesis a seguir por los futuros estudiosos de estos materiales es si acaso ambas fuerzas políticas (revolucionarias y conservadoras) seguían otra guerra; ésta en el ámbito ideológico a nivel micro social que hacía las veces de espejo invocando los mismos valores.

También me interpela porque me formé expectativas desde la lectura de la parte del título que contundentemente afirma: «los combates por la memoria». Así, que me esperaba encontrar las interpretaciones contemporáneas que hacen los sujetos sociales y sus allegados, que participaron en un proceso social -la conformación de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN)- a la luz de la coyuntura actual, sobre cuáles fueron sus impactos para transformar la situación actual y/o cómo interpretan la importancia de su movimiento para explicarnos la situación real en la que hoy día nos encontramos.

 

Contenido del libro y comentarios críticos

Siguiendo los formatos establecidos en la hegemonía académica, debo aclarar que el libro pertenece a la serie «Cuadernos de Trabajo. Dignificar la Historia». Son tres volúmenes que reúnen los documentos de sendos períodos históricos en los que dividen su proceso. En los agradecimientos del primer volumen vemos que se corresponden a «Primera etapa histórica: De 1969 a 1974 […documentos que] explicaban los motivos políticos y el tipo de organización que se estaba formando […] Segunda Etapa histórica: Fueron escritos entre los años 1975 y 1977 […] Tercera etapa histórica: Cubre los años de 1979 hasta el 17 de noviembre de 1983, Son escritos que explicaban el avance de los trabajos en la selva y en las ciudades […] Esta etapa es de un intenso trabajo político colectivo, que involucró a miles de compañeros anónimos» (pp. 8-9). Los dos primeros están publicados y se espera que antes de finalizar el 2017 vea la luz el tercero.

El segundo volumen, que aquí se comenta, está organizado en cinco partes: unos agradecimientos-introducción de la casa editorial (pp. 7-9), segunda, los ensayos interpretativos de María José Sagasti, María Jiménez, Eufrosina Rodríguez y Neil Harvey (pp. 11-75), seguida de once comunicados confidenciales de las FLN (pp.77-108); en cuarto lugar, aparecen los fragmentos del diario de campaña del compañero Alfredo (pp. 110-123) y, para finalizar, una galería cartográfica y fotográfica (un mapa y 15 fotos) (pp. 125-135).

Debido que para aclarar el por qué me interpeló personalmente el libro inicié con la sección final, continuo en ese orden inverso.

La cuarta parte integrada por la transcripción de pasajes del «Diario de Campaña del compañero Alfredo», abarca de octubre de 1975 a febrero de 1977 y, como buen diario, da cuenta de las actividades realizadas en el día a día. Ahí se narran las difíciles condiciones de vida en la selva en el proceso de exploración y adaptación al medio socio-natural, así como sus agudas observaciones sobre el carácter y actitudes de sus correligionarios de organización.

La tercera parte: «Comunicados confidenciales», va de un documento fechado en febrero de 1975 al que está datado del 14 de febrero de1977. Son el sustento de una de las actividades reportadas en el diario: la conmemoración de eventos de la organización, cumpleaños o aniversarios luctuosos de los compañeros caídos, así como breves semblanzas de éstos. Al observar la forma narrativa de los comunicados y hacer la conexión con los fragmentos del diario, llego a la conclusión que estos comunicados muestran no sólo una parte de -como lo reza el título de la obra- «los combates por la memoria» y los intentos por interpretar los hechos y «Dignificar la historia» desde las propias FLN, sino, que tenemos ante nuestros ojos un instrumento didáctico a través de «vidas ejemplares» para educar a los militantes en valores.[1]

Pasando a la segunda sección (los ensayos), aquí se concentra mi mirada crítica. Si bien puedo adelantar la riqueza que supone tener una excelente síntesis de los documentos recopilados y su contextualización en el flujo de los procesos, tanto del largo como del mediano aliento, tanto en la política nacional como en la mundial; lamento que no se haga un ejercicio de «Memoria Histórica» a la usanza aceptada en las ciencias sociales latinoamericanas. Más adelante retomo este punto, por lo pronto, regreso a los contenidos del libro.

En el primer ensayo analítico, que retoma el mismo título del cuaderno de trabajo, María José Sagasti nos ofrece sus reflexiones en diecinueve páginas e introduce a través del filósofo marxista Adolfo Sánchez Vázquez y los poetas Roque Dalton (salvadoreño), Pablo Neruda (chileno) y Nicolás Guillén (cubano), a las semblanzas de los caídos de las FLN que reportan los comunicados. Colocó las nacionalidades porque a través de ello quiero denotar que Sagasti enfatiza el elemento internacionalista de las luchas revolucionarias. Si bien concluye muy acorde al título del cuaderno que es «primordial para la lucha la ruta de la memoria y la resistencia» (pp. 25), cierra su colaboración con su propio diagnóstico de la situación actual teñida por esa mirada apocalíptica de ciertos movimientos contemporáneos: la amenaza del capitalismo financiero, del militarismo imperialista, las guerras se privatizan, otras como las del narcotráfico multiplican crímenes. Entonces, el lector se pregunta con este cierre ¿tantas muertes y esfuerzos por la construcción de acciones y de una ideología revolucionaria, sirvieron para nada?

María Jiménez, en su ensayo de nueve páginas «Las Fuerzas de Liberación Nacional y el análisis del “valor perdido”» enfatiza en el recuerdo de las mujeres de las FNL. Esto a contraluz de lo que se dice de los militantes hombres. Al igual que éstos «son dignas del mismo respeto […] asimilan estos aprendizajes de fallidos y falsos intentos de hacer la revolución […] la decisión [de ellas …] fue tomada con la misma seriedad [que la de los hombres …] rompieron con las normas sociales consideradas propias para mujeres» (pp. 32-33). Y repite la crítica feminista de las «mayores dificultades, «debido a su condición de género [… y] tener que desafiar los vestigios del patriarcado» (pp. 33).

En cuanto al trabajo de Eufrosina Rodríguez intitulado «En pos de la Historia», que abarca cinco páginas, destaco dos aspectos. Primero que nos dice que los «comunicados eran escritos basados en la práctica y desde la selva» (pp. 43) luego de hacer una contextualización del período; es decir ayuda a situarnos en el momento histórico y las condiciones de formulación de los documentos, segundo, al igual que Jiménez  profundiza en el asunto de las relaciones de esos seres humanos que identificamos como hombre y mujer en relación al impulso «a desterrar el poder arbitrario y represor». Remarca sobre los conocimientos y prácticas que eran una innovación política entre los militantes.

Mi observación crítica para Jiménez es la línea que tiende de las FLN al EZLN (pp. 36), toda vez que los documentos presentados no nos dan evidencia de ello. Para ambas autoras, si bien destacan que en el caso de las FLN la igualdad de género se respetó en el marco de las aspiraciones liberacionistas, declaran la importancia de conservar la memoria con el fin de honrarlas. Aunque importante, me parece muy restrictivo. Desde mi punto de vista la estrategia discursiva de mantener el contraste entre hombres y mujeres refuerza -al destacar- los valores patriarcales. En ambas, también falta un análisis más profundo acerca de cómo se logró en ese espacio de limitaciones romper con los principios, normas y valores social y culturalmente construidos de la sociedad patriarcal; a fin de retomar la experiencia y convertirla en parte del horizonte aspiracional y las prácticas en una nueva sociedad para, ambos, hombres y mujeres.

El ensayo de Neil Harvey es el más extenso -veintinueve páginas-. Quizás solo exprese su disciplinamiento a la práctica universitaria, pero marca un desequilibrio importante para el producto editorial en su conjunto. Está intitulado «Contra la guerra sucia: la persistencia de las Fuerzas de Liberación Nacional (1974-1977)» y, en efecto la primera parte de su trabajo contextualiza esta difícil etapa de las FLN desde el repliegue por el ataque en Nepantla; el regreso y reorganización en la selva, en el proceso de «guerra sucia» llevada a cabo por el Estado mexicano. La segunda parte de su ensayo toma como pretexto los fragmentos del diario, para destacar dos asuntos: la presencia de campamentos gringos de entrenamiento y de misioneros del Instituto Lingüístico de Verano (ILV). Retoma las conocidas tesis en contra de esta organización a partir del trabajo periodístico de Manuel Buendía y la investigación y posicionamiento que tomó el Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales (CEAS); sin embargo, de los militares norteamericanos se olvida y no retoma fuentes de su país para aclararnos algo más al respecto. La tercera parte del ensayo, destaca fragmentos de los comunicados para mostrar cómo se mantenía viva la memoria de los compañeros caídos y motivar a seguir su ejemplo. Una crítica general a la narrativa usada es que si bien el compañero Alfredo es el militante más visible en este volumen de la serie, habrá que preguntarse si no le lleva a hacer una especie de «historia de bronce», en otra escala, en torno a esta figura.

 

 

Los ensayos y «los combates por la memoria»

El título del volumen despertó en mí, tal como expresé líneas arriba, expectativas en relación a encontrar estudios de «Memoria histórica». Hablando con justicia, ni la casa editorial ni los ensayistas en ninguno de los dos títulos de la serie «dignificar la historia» que ya están publicados mencionan que sea su propósito hacer el ejercicio académico de estudios de «Memoria Histórica». Quizás a ello se deba que aún se denota en los ensayistas una cierta ansiedad empirista por la construcción «objetiva» de la Historia desde el dato extraído de un documento histórico, aunque -sostengo- no por estar plasmado en un documento, resulta objetivo. En este sentido, lo que encontramos en los comunicados es una mirada con normas, valores y expectativas sobre las vidas de los compañeros caídos que sirven de instrumento didáctico.

Sostengo que «los combates por la memoria» y cómo la publicación de la serie será instrumento para «dignificar la historia» es un ejercicio de carácter teórico y político pendiente para los editores de La Casas de Todas y Todas y los comentaristas invitados a esta tarea editorial: Neil Harvey, Francisco Pineda, Carlos Sánchez, María José Sagasti, María Jiménez, Eufrosina Rodríguez y los demás que sean invitados a formar parte de estas publicaciones. Por mi parte, considero que no solo se reduce a la oposición binaria entre las FLN y el Estado, o entre movimiento revolucionario e imperialismo; sino que también deberá incluir las necesidades y particularidades del movimiento en lo local (que lograron implantar el foco guerrillero rural que no es poca cosa) y su relación a los horizontes ideológicos generales de la movilización revolucionaria.

Para ello, tengo una propuesta para los futuros intérpretes de estos documentos.[2] Mi invitación es a leerlos desde una posición naturalista de la cultura enunciada por Dan Sperber (2005) entendida como un mapa intramental que orienta el comportamiento humano y que en la interpretación del profesor Roberto Varela (2005) se integra por cuatro factores: 1. Conocimientos e  información, 2. Sentimientos y veleidades, 3. Normas y valoraciones, 4. Expectativas y utopías.

Para esa lectura cultural del diario del compañero Alfredo y los comunicados confidenciales sólo hago, a manera de ejemplo, el siguiente apunte: 1. El amplio conocimiento del compañero Alfredo de las implicaciones que tenía el hecho que una avioneta sobrevolara sus posiciones, la información precisa que se proporciona desde observaciones del paisaje socio-cultural y datos de localización; así como sobre las diferentes identificaciones a los sujetos sociales presentes en “el campo”, por ejemplo, los gringos que entrenaban en la selva, el campamento del Instituto Lingüístico de Verano. 2. La descripción de sentimientos que, ante los avances generaban una «buena moral» o aquellas que generaban situaciones adversas y veleidades que formaban «una obsesión», por la falta de alimentos -por ejemplo-; 3. Las valoraciones y normas estricticas que debe seguir la moral revolucionaria ante las deserciones o el incumplimiento de las tareas, 4. Las expectativas propias sobre cómo avanzar en la tarea revolucionaria, pero también entre la población local, que son los apuntes del compañero Alfredo sobre la existencia de descontento y la expresión de la necesidad de un cambio, es decir, visiones utópicas no solo para los indígenas-campesinos y otras personas de la selva chiapaneca, sino para la sociedad nacional en general.

Aunque recomiendo, para el caso de los comunicados confidenciales, que los analistas deberán estar muy atentos en la reinterpretación de las valoraciones y los horizontes utópicos; particularmente en lo que las FLN llaman la «moral revolucionaria». Nuevamente, solo a guisa de ejemplo, considero que se debe hacer una lectura socio-antropológica sobre el uso de las metáforas movilizadoras (Shore & Wright 1997, Agudo 2015) como lo son: «disciplina ejemplar», «la marcha de nuestra revolución», «compromiso», «entrega» y «lealtad» a la revolución, entre muchas otras; así como la manera en la que se significan sus contrarios: la vida displicente, los lastres de la revolución, el falto de responsabilidad, etc.

 

Exhorto a la lectura y sugerencia a los editores

Los libros de la serie «Dignificar la historia» son de gran relevancia y deben ser leídos en el mundo académico por todos y todas las interesadas en la historia de los movimientos revolucionarios en México, porque ponen a nuestro alcance una rica documentación que había permanecido en las sombras y que al ver la luz nos permitirá hacer nuevas interpretaciones de la historia de las luchas armadas en el ámbito nacional y, particularmente, de los sucesos acaecidos en la selva chiapaneca.

Para un público general, su importancia se significa en proporcionarnos documentos en los que se plasman las acciones y el ideario de un movimiento social de los setentas, en el marco de la guerra fría y las expectativas de generaciones que aposaban al cambio social; pero que, ante la situación contemporánea, es cada vez más necesario retomar a fin de reconstruir los pilares para un nuevo tipo de sociedad y cultura que no ha encontrado en movimientos efímeros (como el #yosoy132) asideros firmes.

En este sentido, es que al grupo editorial de la «Casa de Todas y Todos» hago la siguiente invitación. En 1980 se publicó un libro coordinado por Carlos Pereira que llevaba por título la sugerente pregunta de ¿historia, para qué?  Respecto de lo cual sugiero a los editores retomar y modificar la pregunta: ¿Memoria histórica [o combates por la memoria], para qué? La respuesta que buscan, podría enunciarse como obvia con el título de la serie de los cuadernos de trabajo: debemos «dignificar la historia».

Sí acaso entiendo las dimensiones político-ideológicas de la tarea, se trata de dignificar la historia de sujetos sociales subalternos que son la parte fundamental de la historia y que en la teoría marxista de la historia del siglo pasado solo eran nombrados como «la masa» o, en relación a su adscripción a criterios de «clase». Entonces considero que en la contemporaneidad en estas luchas por una sociedad local y mundial diferente, debemos avanzar en un triple sentido [y con ello marco mis propios horizontes utópicos de un futuro posible]:

Por un lado, como se ha hecho en otras latitudes del continente, reconocer que la necesidad de recuperar memoria histórica es un instrumento fundamental para demandar derechos de ciudadanía ante el Estado. Y en este sentido los comunicados, testimonios, diarios y análisis que se escriban, desde la academia y las organizaciones de la sociedad civil, deberían ser parte activa de las demandas de la vieja-contemporánea consigna «vivos se los llevaron, vivos los queremos». Es decir, para exigir al Estado que asuma su responsabilidad ante las desapariciones y hechos de violencia. Y, por el otro, que los esfuerzos -ojalá- de todos los movimientos sociales se dirija a la construcción de un nuevo tipo de sociedad sustentado en los valores expresados por este y otros movimientos revolucionarios: una mejor distribución de la riqueza, menor desigualdad social y la eliminación de las inequidades de género.

En tercer lugar, los combates por la memoria es una tarea que podría llevarnos a que los funcionarios del Estado comprendieran que la orientación general en su desempeño es facilitar que los esquemas e instrumentos de políticas públicas sean más sensibles a la diversidad cultural y estén mejor adecuados a las necesidades diferenciadas de una ciudadanía plural; y …

En su conjunto, voto porque un mejor conocimiento de las aspiraciones de quienes buscaron generar las condiciones objetivas para la revolución social, sirvan para que hoy reconozcamos que como sociedad debemos coadyuvar a construir una ciudadanía, cada día más demandante y conocedora de sus derechos. Es decir, buscar soluciones enmarcadas en el conflicto, pero, dentro de nuevos marcos institucionales.

 

 

Referencias

Agudo Sanchiz, Alejandro. 2015. Una etnografía de la administración de la pobreza. La producción social de los programas de desarrollo. Ciudad de México: Universidad Iberoamericana.

Dignificar la historia, volumen I. Las fuerzas de liberación Nacional y la guerra fría en México (1969-1974). 2015. Apodaca, Nuevo León, México: Grupo editorial de La Casa de Todas y Todos.

Rodríguez Castillo, Luis. 2015. Antropología y archivo: un maridaje para el análisis cultural. Conferencia Magistral impartida en el marco del centenario del archivo histórico de la Universidad de El Salvador, 02 de julio, San Salvador, El Salvador.

Shore, Chris y Susan Wright, eds. 1997. Anthropology of Policy: Critical Perspectives on Governance and Power. London, New York: Routledge.

Sperber, Dan. 2005. Explicar la cultura. Un enfoque naturalista. Madrid: Editorial Morata.

Varela, Roberto. 2005. Cultura y poder. Una visón antropológica para el análisis de la cultura política. Barcelona: Anthropos/Universidad Autónoma Metropolitana.

ANEXO

 

¿Cuáles son los valores fundamentales de una moral revolucionaria? Los desconozco, pero lo que anoto enseguida es extraído de los documentos presentados en el segundo volumen de la serie «Dignificar la Historia» y es una buena prueba de las orientaciones que compartían los militantes de este movimiento revolucionario:

 

VALORES

Serenidad, valor y firmeza

El desprendimiento de lo más querido (hijos, esposa, padres).

Los caídos como ejemplo para alcanzar la dignidad

No decaer en el cumplimiento de su comisión

Aplicar Normas y criterios justos

Ordenar con el ejemplo

Rigor revolucionario

Tenacidad y voluntad

Constancia y tenacidad

Honestidad y nobleza

Generosidad sin límite

Disciplina sólida y ejemplar

Fidelidad a toda prueba

Solidaridad incondicional

Determinación absoluta

Trabajo y autocrítica

 

ANTI-VALORES

Traición

Machismo

Cobardía

Baja calidad moral

Deshonestidad

Poco valor

Egoísmo

 

VISIÓN DE LA HISTORIA

El único camino para lograr la emancipación definitiva es la lucha armada

Llegará el momento en que los pueblos sean conscientes de sus necesidades

Confianza inconmovible en la victoria final

 

CONSIGNAS IMPORTANTES EN LA FORMACIÓN REVOLUCIONARIA

Ningún trabajo por intrascendente que parezca, es tal

No hay dificultad alguna que no pueda ser vencida por nuestros esfuerzos

Tener presente la idea de formación revolucionaria

Debemos templarnos, acerarnos, asimilando la experiencia, renovando bríos, fortalecer nuestros conocimientos

Contestar con el fuego de la libertad, con las balas de la honestidad y justicia

Serenidad, valor y firmeza ante circunstancias adversas

Hay vidas que no se pueden medir en años, sino en hechos

La libertad de un pueblo no se mendiga



[1] En un breve anexo (no exhaustivo) anoto unos cuantos de ellos.

[2] Mi nominación a este ejercicio es «lectura cultural del documento» o la lectura de documentos históricos como «documentos de cultura» en el sentido aquí expresado (véase Rodríguez 2015); aunque hay una amplia bibliografía antropológica en relación a «etnografía de archivo»; la noción más común, pero, desde mi punto de vista más confusa al evocar al etnógrafo haciendo un registro de las interacciones acaecidas en el archivo [lugar] y no sobre los contenidos [culturales] de los documentos.