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Nateras Domínguez, Alfredo. 2015.Vivo por mi madre y muero por mi barrio. Significación de la violencia y muerte en el Barrio 18 y la Mara Salvatrucha. México: UAM-I y Tiran Blanch Humanidades, 546 p

 

 

 

Luis Fernando García Álvarez

Posgrado en Antropología Social

Escuela Nacional de Antropología e Historia

antropologia.nl@hotmail.com

139-43

 

 

 

Para la comprensión contemporánea sobre el cómo se configura Latinoamérica desde territorios, sujetos juveniles y problematizaciones específicas que devienen de las articulaciones entre lo local y lo transnacional, es imprescindibleconocer la obra que presenta el Dr. Alfredo Nateras Domínguez de la Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Iztapalapa (UAM-I, México).

 

Vivo por mi madre y muero por mi barrio (…) se publica en el 2015, es una segunda edición, ahora bajo el sello editorial de Tirant lo Blanch Humanidades y la UAM-I.Es un texto, producto de un trabajo de investigación extenso realizado en el año de 2008, y que resulta relevante si reconocemos la persistencia, hasta nuestros días, de condiciones de criminalización juvenil en los países latinoamericanos, debido a su visibilización en el espacio público en una heterogeneidad de formas y expresiones culturales, sociales y políticas que interpelan las instituciones, y las representaciones que hacen de dichas manifestaciones. Un ejemplo, es la mirada de las políticas de seguridad transnacional sobre ciertos agrupamientos juveniles en Latinoamérica y América del Norte. 

 

En este sentido, el autor propone la problematización de un conjunto de temas como las identidades/adscripciones juveniles, la cultura de la violencia y las lógicas de la muerte, lo cual constituye dimisiones socioculturales de profunda complejidad y que articula en un objetivo particular de investigación: “indagar sobre los imaginarios de las violencia y la muerte en las adscripciones identitarias de las pandillas del Barrio 18 (B-18) y de la Mara Salvatrucha (MS-13)”. De ahí que el autor nos muestra un  trabajo de investigación antropológica que se ubica en la denominada Región del Triangulo del Norte Centroamericano (RTNC) que incluye a los países de El Salvador, Honduras y Guatemala.

 

Desde esta perspectiva y bajo un riguroso trabajo de campo multilocal y multisituado, el Dr. Nateras propone un texto que consta de VIII capítulos en los cuales desarrolla una amplia argumentación en distintos niveles de análisis. Primero, pone énfasis en situar los contextos (políticos, económicos, sociales y culturales, donde se interrelacionan las desigualdades sociales y las diferencias culturales que configuran a la juventud latinoamericana contemporánea; particularmente, hace referencia a dichas condiciones en la región Centroamericana y los climas de violencia y vulnerabilidad juvenil en el Salvador. Esto es substancial debido a que nos ilustra en los procesos sociales locales que se vinculan a la globalización y lo transnacional como dimisiones analíticasfundamentales que permiten situar la juventud, lo juvenil y las (los) jóvenes desde sus condiciones particulares.

 

Segundo, el autor centra su atención en el mercado de las violencias y la muerte en dicha región, proponiendo ciertas claves interpretativas para aproximarnos al tema desde un enfoque cultural (simbólico) y desplazar la mirada a un campo analítico novedoso que articula el concepto de violencia con lo juvenil, el género, las generaciones y la cultura. De ello resulta necesario admitir que el análisis propuesto por el Dr. Nateras, requiere fundamentalmente de la articulación de un concepto central con otras categorías u ordenadores sociales que complejicen el estudio y posibiliten la profundidad de la explicación / comprensión de la problematización planteada.

 

En el capítulo III, se despliega una representación etnográfica sobre las adscripciones identitarias juveniles de un sujeto trasnacional como los cholos y los homies del B-18 y la MS-13, desde los territorios habitadosy las relaciones de poder y violencia que se configuran para dar sentido a tales expresiones socioculturales. De ahí que el lector, puede construir una mirada de mayor pertinencia social con respecto a dichas adscripciones, pues en este capitulo se sostiene la multiplicidad e intencionalidad de las miradas simplistas de los mass media, la opinión pública, los imaginarios sociales y las políticas de seguridad del Estado. De lo que se sigue el  desplazamiento hacia la visión de los propios jóvenes sobre las situaciones de violencia y la puesta en escena del cuerpo como dispositivo cultural en las disputa del poder en sus espacios, lugares y territorios habitados.

 

El siguiente capitulo, es de suma relevancia para la comprensión de la problematización construida por el autor, ya que en él se muestra un   andamiaje teórico potente a partir de las matrices conceptuales pertinentes y transdisciplinarias (derivadas de la psicología, sociología y antropología), lo cual posibilita la explicación del conjunto de elementos, condiciones, dimensiones y contextos que se interrelacionan en la configuración grupal de las “pandillas transnacionales” (B-18 y la MS-13 ) y sus adscripciones identitarias. En efecto, nos encontramos ante un apartado que condensa la articulación de “varias miradas disciplinarias”, “desde los umbrales y las fronteras” de la  geopolítica, la psico política y la antropología política.

 

Este capítulo se desliza, a su vez, al terreno metodológico, es decir, a explicitar el trabajo de investigación etnográfica a partir de un trabajo de campo denso, multilocal y multisituado, en diferentes escenarios, lugares, territorios y contextos de estudio. De ahí que el autor, reflexiona y propone una narrativa sobre el quehacer etnográfico, desde su experiencia como investigador / etnógrafo, desde lo cual construye otro lugar epistémico, en comparación con las formas “clásicas o tradicionales” de hacer y pensar la etnografía. De manera que el autor formula el proceso reflexivo producido durante el desarrollo de la investigación, desde las negociaciones, descentramientos, objetivaciones, ansiedades y miedos, así como de los posicionamientos ético/políticos que devienen durante este proceso.

 

Por ello, su acercamiento metodológico priorioriza en todo momento el trabajo de campo, del cual se desprende reflexionarse como una categoría de análisis en la construcción de conocimientos y saberes. Por ende, resulta significativo conocer desde la propia voz del autor, los problemas de inmersión al campo, en escenarios de violencia social y con “sujetos juveniles transnacionales al límite”, además del establecimiento de otras relaciones con otros actores sociales vinculados a su campo analítico.

 

Es así que este capitulo propone un aspecto que pasa desapercibido en muchas de las investigaciones dentro de las ciencias sociales, es decir, el  reflexionar y (re) pensar el posicionamiento del investigador en los contextos de estudio. En palabras del autor, “objetivar el lugar de la objetivación, para posicionarse políticamente como sujeto de la investigación que investiga a otros sujetos”.

 

Por otra parte, el capítulo VI, nos advierte que nos encontramos ante un texto derivado del despliegue de estrategias propias de la metodología comprensiva/cualitativa, es decir, con énfasis en la parte subjetiva de los actores sociales; de corte exploratorio y etnográfico, con otra cualidad, el muestreo, estratégico e intencional, ya que privilegia mostrar contextos, escenarios y sujetos de mayor contenido y sentido para los objetivos de la investigación. Por lo tanto, el lector tiene la posibilidad de ingresar al diseño del método y de la metodología, para conocer la forma en que el investigador (re) construye los datos etnográficos (orales y visuales) producidos durante el trabajo de campo.

 

El VII capitulo, reúne “las etnografías”, constituidas por el análisis e interpretación de “las voces de los principales sujetos que constituyen la trama social del mercado de las violencias y la muerte”, derivadas de la incursión del autor en los territorios habitados y significados por el Barrio 18 y la Mara Salvatrucha.

 

En este sentido, la obra cobra un equilibrio fundamental entre la plataforma teórico-metodológica, y los datos etnográficos, o la evidencia empírica. Lo anterior, se sustenta en la rigurosidad, calidad, eficacia y pertinencia empírica e interpretativa sobre la problematización planteada a partir de los tres estudios de caso: el Salvador, Honduras y Guatemala, mostrando los contextos, las diferentes voces sociales y académicas, las narrativas mediáticas, institucionales, de control y represión; la construcción de identidades juveniles, el género y las condiciones de ser mujer,los lugares, las presencias, las significaciones, los imaginarios, el tiempo social y los rediseños identitarios, desde las voces de los diversos actores y su posicionamiento como etnógrafo.

 

El autor propone el capítulo VIII a manera de conclusiones. Ahí se apunta una serie de planteamientos que tienen la intención de marcar e imaginar algunas rutas para seguir reflexionando y problematizando desde la antropología y la interdisciplinariedad, sobre lo que el autor ha denominado como “el mercado de la violencia y la muerte” desde lo cultural y a partir de los distintos actores y sujetos implicados en su cualidad transnacional.

 

A partir del análisis de la obra, me parece importante destacar la idea del desdibujamiento del Estado-nación en la contemporaneidad, ya que es imprescindible para contextualizar un abordaje antropológico en Latinoamérica, por ello, la discusión que hace el autor sobre este punto resulta un aporte necesario en las investigaciones futuras a la luz de los acelerados cambios y/o transformaciones sociales y las renovadas evidencias empíricas sobre problematizaciones particulares.

 

Por otro lado, rescato el señalamiento de la necesidad de la transdiciplinariedad en el análisis social y cultural en las ciencias sociales contemporáneas. De tal forma que la obra que reseñamos es un ejemplo claro de la potencia y las posibilidades de explicación/comprensión de fenómenos complejos y multidimensionales en distintos niveles de profundidad y  pertinencia.

 

Antes de terminar, es ineludible reconocer “los escenarios de las vidas de los jóvenes urbanos latinoamericanos”, ya que es imprescindible poner de manifiesto las condiciones de desigualdad e inequidad social que complejizan su cotidianidad al punto de que podemos suscribir la propuesta y afirmación que el autor hace como unos de los resultados finales de su investigación: “las evidencias con las que se cuentan (…) apuntan a “que en la Región del Triangulo del Norte Centroamericano, estamos ante la evidencia de un juvenicidio, ya que la represión constante y la eliminación sistemática, ha significado el asesinato de mas de 40.000, integrantes de la Mara Salvatrucha (MS-13) y de los homies del Barrio 18 (B-18); tanto en la calle como en los lugares de encierro (las cárceles): una especie de intento imaginado de borrar identitariamente / de aniquilar a la adscripción grupal”.

 

Finalmente, queda por enfatizar las mediaciones de las tensiones y conflictos sociales entre las instituciones del Estado y las adscripciones identitarias en cuestión, en donde los propios sujetos juveniles cobran un papel trascendental, proactivo (propio del agenciamiento social) en la búsqueda por un lugar social equitativo; coincidiendo con el autor, “serán ellas y ellos” quienes tendrán que reedificar los espacios, lugares y territorios sociales donde se (re) valore su diferencia cultural y se respeten sus derechos humanos y garantías individuales.

 

De tal forma que en la articulación de la Mara Salvatrucha (MS-13), los homies del Barrio 18 (B-18), las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) y la comunidad académica, se puede dejar de lado el “pesimismo” y “construir espacios más democráticos, donde las inequidades sociales entre las juventudes, tiendan a reducirse, para alcanzar sociedades más dignas y, justas para todas y, todos.

 

No me queda más que exhortar a la comunidad académica, las organizaciones y observatorios sobre la defensa de los derechos humanos, a las instituciones de atención de las y los jóvenes, a los interesado en la temática y al público en general, a examinar esta relevante obra que además es acompañada de un prólogo escrito por el Dr. José Valenzuela Arce del Colegio de la Frontera (México). Ambos autores, son reconocidos ampliamente por su trayectoria académica en el campo de estudio sobre las juventudes en México y Latinoamérica, y sus posicionamientos éticos / políticos a la luz de los contantes sucesos y coyunturas que criminalizan de manera inmediata las expresiones o manifestaciones socioculturales y políticas de las juventudes en los diferentes contextos de nuestro continente. 

 

 

 



   


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