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Presentación a nuestro número 8: “Juventudes y violencias contemporáneas en nuestra América”

 

 

El siglo XXI representa una nueva temporalidad y abre otras posibilidades para reflexionar y (re)pensar los referentes que venían configurando las sociedades latinoamericanas contemporáneas a la luz de su anclaje en un capitalismo tardío, en las políticas neoliberales, en los procesos de globalización y la mundialización de la cultura.

 

Por ello, las voces de los pueblos y sociedades de nuestro continente persisten interpelando a los gobiernos locales, exigiendo las condiciones reales para una vida digna y con mayor justicia e inclusión social, reclaman procesos democráticos, ciudadanías plenas e informadas del quehacer institucional; demandan el respeto a los derechos humanos y a la diversidad cultural, exigen la disminución de las desigualdades sociales, revertir con eficacia las condiciones de vulnerabilidad y pobreza, sobre todo, de sectores poblacionales específicos, como son los grupos sociales populares y marginales de las ciudades, las poblaciones indígenas, y estratégicamente, de las niñas y los niños, las y los jóvenes, las mujeres y ancianos, tanto en sus comunidades de origen, en los centros urbanos, en las ciudades medias, las zonas metropolitanas y megalópolis, las zonas agroindustriales y mineras, los centros turísticos, entre las fronteras nacionales y transnacionales latinoamericanas, y también en una diversidad de territorios en Norteamérica.

 

En estos contextos, las violencias son actos cotidianos dentro de la vida de los pueblos y sociedades, lo que ha producido una serie de cambios o trasformaciones en el orden social, económico, político, cultural y religioso. De ahí que hablar concretamente de las juventudes latinoamericanas es centrarnos en una relación que implica tres categorías complejas: cultura, violencia y sociedad.

 

Dicha relación nos obliga a estudiar, investigar y acceder a la significación de dichos cambios, desde la perspectiva de los propios jóvenes y los diferentes actores sociales implicados, y a partir de enfoques críticos de las ciencias sociales latinoamericanas. Por ello, las violencias cotidianas que actualmente constituyen los contextos, espacios, lugares y territorios donde se sitúan las y los jóvenes, proponen casos paradigmáticos, que necesariamente se deben comprender no como resultados de los fenómenos locales, sino en su articulación con las dinámicas globales.

 

En consecuencia, se debe situar cada problematización entre juventud y violencia en el conjunto de procesos históricos y estructurales que los contextualizan, como la distribución de la riqueza en unos cuantos monopolios trasnacionales, el desempleo y el trabajo precario, la miseria y la pobreza cada vez mayor en nuestras sociedades, el narcotráfico, la delincuencia y el crimen organizado, así como la impunidad y la corrupción de los gobiernos. Es decir, en el marco de la precarización de las condiciones de vida, de las instituciones y espacios sociales, del desdibujamiento o crisis de los Estados-nacionales, de las desigualdades sociales, de la inseguridad, de las tensiones y el conflicto social, de las  violencias cotidianas que son parte constitutiva de los sentidos de vida y de las trayectorias juveniles latinoamericanas.

 

Sin duda, reflexionar sobre este planeamiento, conlleva el (re) conocimiento y la comprensión de las condiciones o dimensiones específicas que se articulan y hacen posible un conjunto de representaciones, imágenes y narrativas sobre la juventud, la violencia y la cultura. Lo cual nos lleva a admitir que las violencias son parte estructurarte en la construcción del ser humano como ser cultural, de ahí que es transhistórica, transcultural y multidimensional.

 

Por lo tanto, el presente número de la Revista nuestrAmérica, tiene como objetivo aproximarnos a las configuraciones contemporáneas de las juventudes en los contextos de violencia, desde diferentes enfoques, perspectivas y metodologías cualitativas en el campo de las ciencias sociales latinoamericanas. Así como a las narrativas que se construyen desde el posicionamiento de una academia militante para develar las situaciones en que se produce esta relación. 

 

En este sentido, buscamos enfatizar, las condiciones que contextualizan esta relación a partir de espacios, lugares y territorios específicos, con el interés de comprender las tensiones, conflictos y negociaciones donde las y los jóvenes están imbricados, desde su posicionamiento como actores sociales y el protagonismo que despliegan en diferentes dimensiones a fin de interpelar las violencias que padecen y que producen, es decir, que se construyen desde su articulación con los otros, sus pares, adultos, instituciones del Estado y medios de comunicación. Los cuales producen un conjunto de representaciones, imágenes e imaginarios sociales, estigmatizaciones, discriminación y racismo, debido a su condición juvenil, de clase, generación, género o por su orientación, prácticas y expresiones sexuales, entre otras condiciones.

 

Se parte de mirar a la juventud latinoamericana desde un enfoque cultural y desde su agenciamiento social en relación a las condiciones de violencia que los contextualizan. De modo que el termino de violencia, se propone desde un enfoque procesual, históricamente situado y dese el entramado cotidiano en el cual se desenvuelve el curso de vida, las trayectorias, las biografías, las prácticas, narrativas y significaciones de las y los jóvenes situados en contextos, espacios, lugares y territorios específicos.

 

Bajo esta tesitura, los artículos aquí reunidos dan cuenta de ello, y posibilitan un panorama sobre las juventudes y violencias a partir de dos casos específicos que se instalan en Brasil, otros de los artículos enfocan su análisis en los países de Centro América,  así como en el Sureste y Noreste de México.

 

En este sentido, el trabajo contenido en la sección de academia militante de esta revista nos permite ubicarnos en el contexto sudamericano para conocer el proceso de desmantelamiento de la educación pública en el Estado de São Paulo (Brasil), y la manera en que los estudiantes de secundaria han comenzado un movimiento estudiantil de lucha contra la reorganización de las escuelas, a través de “la ocupación” de las mismas que serían cerradas por el proyecto gubernamental desde el 2015.

 

Este posicionamiento juvenil no estuvo exento de  la represión violenta de la policía militar, a partir de sus "Tropas de Choque" y el injusto encarcelamiento de estudiantes. Sin embargo, este movimiento que sería espontaneo en sus inicios desde la indignación de los estudiantes con la imposición de la reorganización del sistema educativo, se extendió a otros estados brasileños y a la sociedad civil en general. De tal forma que las acciones de los diferentes actores articulados influyeron en la suspensión de la reorganización educativa a finales de 2015.

 

Ahora bien, los autores proponen que los estudiantes demostraron que el modelo pedagógico de la escuela pública brasileña no está actualizado. Las ocupaciones dieron una nueva perspectiva a las escuelas, desde la propuesta de la reformulación de los planes de estudio con temas transversales basados en la vigencia de temas pertinentes para la vida política, social y económica alternativa, interpelando el modelo pedagógico tradicional.

 

Finalmente, en el contexto de “golpe de Estado” en el 2016 se “implosionó la seguridad jurídica del Estado brasileño, creando un caos institucional que profundizó la crisis política, en donde hubo cabida para el Proyecto de Enmienda Constitucional (PEC) 241, destinada a la congelación del gasto público del Estado en la salud y la educación durante 20 años.” Con ello, podemos reflexionar sobre la violencia de Estado, donde no sólo las y los jóvenes estudiantes quedan desprovistos de recursos imprescindibles, sino que la violencia social queda inscrita en la población brasileña en general, contexto en el cual la sociedad civil se estará manifestando en diferentes dimensiones.

 

En este número presentamos una entrevista con la Dra. Marcela Meses Reyes del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autónoma de México (IIS-UNAM), en la cual se propone una lectura del contexto latinoamericano y, en particular, de México sobre las condiciones, los contextos y las especificidades que hay que tener en cuenta en el tratamiento de una relación entre jóvenes y violencia.

 

Otro elemento relevante que nos menciona la Dra. Meneses, es el riesgo de hacer generalizaciones al respecto, de modo que enfatiza las condiciones que configuran la investigación social actual, sus límites y alcances, señala algunos diles éticos y metodológicos, así como la necesidad de la interdisciplina como plataforma para conocer, comprender y explicar a profundidad las dimensiones contemporáneas en donde se sitúa a las juventudes en contextos, espacios o escenarios de violencia en Latinoamérica.

 

En la sección de investigaciones en curso, llama la atención la propuesta de comprender la experiencia de los jóvenes fronterizos y migrantes en la Frontera Chica de Tamaulipas en el noreste de México, desde las condiciones de violencia generadas por el “combate” (o guerra) del Estado contra el crimen organizado y el posicionamiento marginal al que sitúan a dichos jóvenes, enfatizando, sin embargo, las formas en que la sociedad civil hizo frente a las violencias cotidianas en esta frontera territorial entre México y EUA.

 

En la misma región del noreste mexicano, ubicamos un caso que refrenda los impactos de crimen organizado, en distintas dimensiones socioculturales, esto es, en la escena del Rap en Monterrey (Nuevo León). A partir de la experiencia juvenil y la producción cultural articulada a las músicas globales (como el Rap) de un grupo local, podemos conocer las implicaciones del conflicto armado entre las organizaciones criminales del narcotráfico y las instituciones de seguridad del Estado, de modo que los aspectos violentos modifican las producciones culturales juveniles urbanas, y las estrategias de los grupos musicales locales para mantener una escena juvenil de producción cultural en el entramado de las violencias cotidianas.

 

Desde el sureste de México, se propone una mirada a las múltiples formas de microviolencias que constituyen violencias cotidianas, basadas en la humillación, la discriminación, el hostigamiento, el acoso y abuso de poder, en relación a los jóvenes en las zonas pobres, segregadas y excluidas, las cuales tienden a ser señaladas e identificadas como “peligrosas”.

 

Ubicándonos en la ciudad de San Cristóbal de las Casas (Chiapas), la autora finca sus reflexiones en develar ¿cuáles son las especificidades sociales y culturales menos visibles de estas relaciones entre policías y jóvenes pobres? Y ¿cómo afectan estas relaciones las expectativas de vida de los jóvenes de colonias populares? La importancia de ello tiene algunas pistas en “la manera en la que la interacción cotidiana con policías marca formas particulares de ser joven y de vivir la ciudad, que aunado a la pobreza y violencia del contexto, coloca a los jóvenes como sujetos a estigmas sociales que los orilla a una mayor vulnerabilidad”.

 

Una condición significativa es que “estos jóvenes representan una generación nueva, nacida en la ciudad, con una presencia y posición diferentes a las que sus padres y abuelos ocuparon. Influidos también por los cambios y modas de las juventudes globales, buscan reconocimiento y un lugar, enfrentando carencias económicas, e inmersos en una vorágine de desventajas sociales”, de manera que la autora nos propone una articulación entre las categorías de juventud, clase y etnia en contextos marcados por la violencia y la pobreza urbana.

 

Por otro lado, se aborda la relación entre juventud y violencia social a partir de diferentes actores juveniles imbricados en las tramas de las guerras civiles centroamericanas y las violencias de la posguerra, desde diferentes perspectivas sociales (histórica, sociológica y antropológica) para destacar la desterritorialización, la migración transnacional, las pandillas juveniles, su desciudadanización y criminalización detonada por las instituciones del  Estado, así como de las sociedades locales e internacionales, en donde toman un papel relevante las políticas de seguridad, el cine, la televisión y los medios de información; sin embargo, se pondera el padecimiento de estas violencias por parte de las y los jóvenes vinculados a estos agrupamientos socioculturales y se develan las adscripciones, identidades y cuerpos juveniles como dispositivos culturales que interpelan dichas condiciones de violencia, inseguridad, miedo, terror y muerte.

 

A su vez, proponemos situarnos de nueva cuenta en el Estado de Río de Janeiro (Brasil), para abordar las condiciones de racismo, discriminación y homofobia en un ámbito escolar religioso, donde la orientación homosexual interpela los valores inscritos en el sistema de creencias de los grupos evangélicos, de ahí que la autora señala la trascendencia del secularismo escolar y los decretos constitucionales promulgados, en función de la eliminación del estas condiciones entre los jóvenes estudiantes y las instituciones educativas ancladas en orientaciones religiosas.

 

Antes de entrar a la lectura de los contenidos, quiero advertir a las y los lectores que el conjunto de artículos que presentamos en este número, colocan a sus autores en un compromiso y posicionamiento político en sus respectivos programas de investigación y trabajos de colaboración/intervención, de los cuales se desprenden los textos mencionados.

 

Por ello, es necesario reconocer los aportes desde la antropología, que ya destacan el papel de la etnografía contemporánea y el trabajo de campo en contextos al límite, es decir, desarrollados en escenarios, lugares y territorios imbricados en una compleja densidad de conflicto, violencias y el sufrimiento social. Además de llamar la atención en cuestiones sustantivas como la ética y el compromiso social del etnógrafo/investigador y los riesgos del trabajo de campo (Por ejemplo, véase las publicaciones sobre el tema de Eric Wolf, Francisco Ferrándiz y Carles Feixa, José Manuel Valenzuela, Philippe Bourgois, Rita Laura Segato, Nancy Scheper-Hughes, Luis Astorga y Juan Cajas, entre otros).

 

Así, la emergencia de temas de investigación situados en dichas particularidades exige el replanteamiento de categorías o conceptos teóricos, metodologías y estrategias de investigación, así como reflexionar sobre el posicionamiento o lugar del antropólogo desde un sentido ético, político y humanitario. Esta reorientación, sigue algunas pistas o rutas que son ejemplificadas por los autores que componen este número, en el cual el lector puede encontrar un conjunto de elementos o dispositivos que desde el campo teórico-metodológico y el trabajo de campo, posibiliten seguir avanzando en la compresión de las juventudes y los contextos de violencia a la luz de hallazgos etnográficos que renueven las miradas de las instituciones, los medios de comunicación, las organizaciones civiles y la propia academia.

 

Por lo tanto, ofrecemos la colaboración de un conjunto de autores especialistas en los temas aquí planteados, con el fin de ocupar un lugar y aportar elementos pertinentes, novedosos y vigentes en la producción académica y militante en Latinoamérica.

 

 

 

 

Luis Fernando García Álvarez

Posgrado en Antropología Social

Escuela Nacional de Antropología e Historia

antropologia.nl@hotmail.com



   


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