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“Basta de perseguir al pensamiento disidente: ¡Libertad al profesor Francisco Toloza!”

 

Néstor Kohan

pp. 9-12

 

Todo el tiempo encarcelan a nuestros compañeros. Buscan cansarnos y desgastarnos.  No  hay  mes  que  no  haya  que escribir  solidarizándose con algún revolucionario que acaban de encarcelar. ¿A esto llaman “libertad”? ¿A esto denominan “pluralismo”? ¿Esto es “el mundo libre”? ¡Por favor! Largan a uno y al día siguiente hay otro encarcelado. Acaban de soltar al cantante y compositor Julián Conrado y al mismo tiempo encarcelan al profesor Francisco Toloza. Nos mantienen “ocupados” pidiendo y reclamando todo el tiempo “suelten a fulano”, “liberen a mengano”. En Colombia. También en Argentina. En Paraguay. En todo el continente. No acabamos de ir a ver a un dirigente piquetero a la cárcel que ya hay otro campesino que está preso. No terminan de soltar a un cantante popular que ya metieron tras las rejas a un conocido profesor universitario. Y en ese vaivén se nos va la vida. Visitando presos, escribiendo todo el tiempo estas cartas de solidaridad, tratando de frenar la represión, la persecución, la demonización. ¿Hasta cuándo?

Y mientras tanto… Ellos siguen haciendo sus sucios negocios. Mugrientos negocios. Con su sonrisa cínica en la boca. Mostrando siempre los dientes ante cada fotografía, como si fueran modelos de la TV que hacen anuncios de pasta dentífrica. Falsedad. Sus sonrisas son  de  cartón.  Cinismo  puro  y  duro.  No  es  una  risa  aflojada,  relajada,  de  alegría espontánea y serenidad de espíritu. Es una sonrisa artificial para la foto, dura, petrificada, meditada, planificada, manipulada. Se ríen mientras destilan veneno, odian y encarcelan al pueblo.  Gente  mala.  Sí,  gente  mala.  No  sólo  explotan,  degradan,  humillan  a  nuestro pueblo y entregan nuestras riquezas y recursos naturales. Además son gente mala. Su risa es la de una hiena.

Conocido intelectual y profesor universitario colombiano cae prisionero. Su nombre es Francisco Toloza. De él se trata esta vez. No les alcanzó con meter en prisión al profesor Miguel Ángel Beltrán, gran conocedor de la historiografía sobre Simón Bolívar y el pensamiento teórico de José Martí. No quedaron satisfechos con las amenazas de muerte al profesor Renán Vega Cantor, erudito de la sociología y gran investigador colombiano. No. La lista sigue. Ahora es Toloza, el joven y valiente intelectual Francisco Toloza. “Pacho” Toloza, para sus amigos y compañeros.

Todos ellos han venido a Buenos Aires, han pasado por las aulas universitarias de Argentina, han compartido sus saberes, sus lecturas, sus libros, sus teorías, sus debates. El movimiento estudiantil argentino, sus profesores, sus investigadores universitarios y científicos los han (los hemos) conocido. Y con todo el sabor amargo en la boca, con todo el ácido en el estómago nos enteramos ahora que están presos. Que los cazan como moscas. Que los tratan como si fueran delincuentes. Qué asco. No escondamos lo que sentimos. Qué asco. Que clase social dominante, corrupta, degradada, mafiosa y lumpen que no puede permitirse lo que hasta una burguesía lúcida y bien pensante se permitiría: que haya un par de intelectuales que opinen diferente, que escriban sus libros, que den conferencias. No.

La burguesía colombiana, sumisa y obediente hasta la humillación con el imperialismo norteamericano, por momentos más papista que el papa, persigue sin piedad hasta al último pensador que se anime a escribir dos líneas expresando un pensamiento diferente. Y no sólo persecución sistemática a todo pensador, a todo escritor, a toda voz disidente. Fosas comunes. La última que se encontró (hasta donde tenemos noticias) albergaba nada menos que 2.000 (dos mil) cadáveres, sepultados como NN, sin nombre ni apellido, sin tumba individual. Ni siquiera un símbolo religioso singular que le otorgue consuelo a cada familia de cada muerto. ¡Ni eso! No era una fosa común de hace cinco décadas… Era del año… 2007. ¡Demasiado reciente! Nada diferente al Chile de 1973 o a la Argentina de 1976.

¿Hasta  cuándo  vamos  a  seguir  permitiendo  esto?  ¿Hasta  cuándo  vamos  a continuar  aceptando  que  a  ese  país  se  lo  llame  en  el  concierto  internacional  de  las naciones modernas “democrático” y “constitucional”? ¿Por qué el Estado de Colombia sigue formando parte de los organismos multilaterales latinoamericanos sin recibir sanciones diplomáticas o comerciales que de una vez por todas disciplinen a su clase dominante  y  la  obligue  —le  guste  o  no—  a  garantizar aunque  sea  mínimos derechos democráticos, típicos de cualquier país burgués? Acá no se trata de derechos populares o socialistas. ¡No! En Colombia no se respetan ni los derechos jurídicos burgueses. Ni siquiera eso.

Profesor Francisco Toloza. Muy preparado. Tremendamente leído. Culto. Erudito. Persuasivo. Gran orador. Inundada cada una de sus oraciones de datos empíricos y bibliografía  actualizada.  La  primera  impresión  que  tuvimos  de  él  fue  impactante.  El profesor Francisco Toloza habla rápido y sin parar. Con un entusiasmo  y una energía que no intenta disimular. Detrás de sus grandes lentes de plástico negro, se toma su gorra, que nunca abandona, se la saca, se la pone, se la vuelve a sacar y así durante horas, mueve las manos, hace gestos y mientras tanto proporciona cifras abrumadoras, datos empíricos demoledores de la sociedad oficial colombiana. Conoce al dedillo la historia de su país y la conformación sociológica de su formación económico-social. Pero como ha viajado por varios países representando a su organización social y política, la Marcha Patriótica, al mismo tiempo va describiendo la situación del movimiento popular de muchos países de América Latina. Y la cosa no se queda allí. Comienza a hablar de Europa Occidental. Y da detalles de la situación de cada país europeo, sus tendencias, sus debates, como está el movimiento obrero, como se encuentra el movimiento estudiantil, qué piensan en cada país y en cada movimiento popular europeo de Nuestra América. Sí, hablar con el profesor Francisco Toloza provoca un impacto.

Lo conocimos personalmente en Buenos Aires. El profesor Toloza estaba por entonces pidiendo y reclamando solidaridad para la federación estudiantil universitaria. Nos contactó a nosotros, junto con Atilio Borón y Jorge Beinstein, todos profesores de la Universidad  de  Buenos  Aires  (UBA).  Seguramente  debe  haber  hablado  con  otros investigadores también. Tiempo después lo volvimos a encontrar en México, en un seminario internacional organizado anualmente por el Partido del Trabajo (PT) de México al que asistían intelectuales de todo el mundo, incluyendo norteamericanos y europeos. En medio de esa multitud escuchamos con sorpresa: “Ey, profe Néstor, ¿Cómo anda? ¿Nos tomamos una cerveza? ¿Conversamos un rato?” (siempre me dio risa que me llamara “profe” cuando en la práctica Toloza sabe mucho más que nosotros de una cantidad enorme de temas. Sospeché para mis adentros que quizás sea una costumbre colombiana esa manera de hablar).

Y con esa cerveza compartida volvió durante horas la andanada de cifras, datos, libros, artículos, textos y debates. Una gran preparación intelectual, del mismo estilo que la que poseen Renán Vega Cantor y Miguel Ángel Beltrán. No es casual que todos ellos hayan sido “marcados” por los poderosos en Colombia  y sus aparatos de vigilancia y represión.  No  es  accidental  que  en Colombia hayan sido  perseguidos,  amenazados o directamente hecho prisioneros. En otro país los premiarían (por ejemplo Renán Vega recibió el «Premio Libertador al Pensamiento Crítico» en Venezuela; en México, dentro de la UNAM y en el ámbito de sus posgrados en ciencias sociales y estudios latinoamericanos, los principales investigadores no dejaron de hablarme maravillas de Miguel Ángel Beltrán, ya que él dictó clases allí). En Colombia, en cambio, la sociedad oficial los trata como si fueran “criminales”, cuando su gravísimo pecado y su principal “delito” ha sido y es actuar como  intelectuales  comprometidos  con  su  pueblo  y  su  nación.  Sencillamente  lo  que debería hacer con su vida cualquier intelectual que se precie de tal.

¡Qué notable diferencia la actitud intelectual de estos compañeros (Vega Cantor, Beltrán, Toloza) frente a tanto “doctor” que anda circulando por Buenos Aires y no puede articular ni siquiera dos oraciones encerrado dentro de la pecera de su pequeña parcela de “especialista”! Con estos compañeros, en cambio, se puede hablar de todo. Manejan un abanico increíble de problemáticas, autores y debates. Se les nota a simple vista que son intelectuales militantes —lo cual no implica ningún delito jurídico— y por eso mismo nunca aceptaron ser “especialistas” en ese sentido tan mediocre y ramplón que le otorga a ese término  el  Banco  Mundial.  Especialistas,  rumiadores  ventrílocuos  de  papers insulsos, inodoros, incoloros, insípidos, orgullosos de su docta ignorancia en todo aquello que no sea su microscópico e intrascendente “tema de beca” o de todo lo que se interponga en su mezquino  camino  de  ascenso  en  el  escalafón  académico.  Ya  decía  nuestro  querido Deodoro Roca, ideólogo de la Reforma Universitaria de Córdoba en 1918, que “el puro universitario es una cosa monstruosa”. El profesor Francisco Toloza constituye precisamente la antítesis de ese tipo de intelectual mediocre y sumiso.

Toloza es un intelectual universitario, sí, pero en un sentido mucho más rico y completo, comprometido hasta los huesos con su pueblo, tal como reclamaba Deodoro Roca. Por eso me puso tan contento escuchar ahora un video suyo que se acaba de difundir a raíz de su injusta detención en Colombia donde Toloza reivindica con nombre y apellido a nuestro Deodoro Roca y a la Reforma Universitaria de Córdoba (1918).

¿De qué nos habló Pacho Toloza cada vez que lo cruzamos? En Argentina y en México Pacho Toloza no dejó de denunciar el Estado gansteril y mafioso que dirige su país desde  hace  décadas.  La  situación  calamitosa  de  la  educación  pública.  La  violación sistemática de los derechos humanos. La miseria de su campesinado y la explotación de su clase trabajadora urbana. La persecución oficial contra cualquier tipo de oposición política. Eso es lo que tanto les molestó a los jueces que lo encarcelaron. Que el profesor Toloza jamás se calló la boca. Si visitó otros países no fue para buscar rédito mezquino o ganancia personal, para “acomodarse” ni para mendigar una migaja de lástima. No. El profesor Francisco Toloza no dejó ni un minuto, sea en Argentina, en México o en Europa de reclamar por los derechos de su pueblo a vivir en libertad, con justicia social y respeto de los derechos humanos. Eso no constituye ningún delito. ¡Al contrario! Por eso nos llena de orgullo haberlo conocido y escuchado.

Más allá de su erudición académica, su militancia incansable y su pasión política, Pacho Toloza es un hombre con un humor desopilante. Ni bien entra en confianza comienza a hacer bromas y chistes. Incluso es un gran imitador. Cuando vivamos en el socialismo y ya no haya que preocuparse por los asesinatos a mansalva, la persecución política de la oposición, la censura o el encarcelamiento de la disidencia, el profesor Toloza bien podría ganarse la vida en un programa de humor.

Ojalá que la solidaridad internacional no deje de crecer. Ojalá que muy pronto podamos volver a conversar con él en libertad, hablando de Simón Bolívar, de la historia de su abnegado pueblo y escuchando sus bromas, sus chistes y su risa sincera.

 

Universidad de Buenos Aires (UBA), Argentina



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