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A propósito de una tesis doctoral sobre el “patuá de Güiria”, Venezuela

Sobre uma tese de doutorado sobre o "patuá de Güiria", Venezuela

About a doctoral thesis of “patois de Güiria”, Venezuela

 

 

 

 

Esteban Emilio Mosonyi

Postdoctorado

Instituto de Investigación Económicas y Sociales “Dr. Rodolfo Quintero” - Facultad de Ciencias Económicas y Sociales - Universidad Central de Venezuela

Caracas, Venezuela

eemosonyi@gmail.com

 

 

 

 

Resumen: A partir de un hecho académico, la defensa de una tesis de doctorado, se presentan una serie de reflexiones sobre la situación del patuá de Güiria y su estatus de lengua minorizada. Se plantea que si bien en los tiempos actuales la diversidad lingüística comienza a ser valorada, existen pocas políticas públicas que ayuden a fortalecerlas, así como imaginarios sociales y lingüísticos que reproducen una idea equivoca de lo criollo.

Palabras clave: patuá, sociodiversidad, linguodiversidad, criollidad.

 

Resumo: Do ponto de vista acadêmico, são apresentadas a defesa de uma tese de doutorado, uma série de reflexões sobre a situação de Patuá de Güiria e seu status de língua minoritária. Argumenta-se que, embora nos tempos modernos a diversidade linguística esteja começando a ser valorizada, existem poucas políticas públicas que ajudam a fortalecê-las, bem como imaginários sociais e linguísticos que reproduzem uma idéia equivocada do crioulo.

Palavras-chave: patuá, sociodiversidade, linguodiversidade, criollidade.

 

Abstract: Resulting from an academic event, the defense of a PhD thesis, a series of reflections on the situation of Patuá de Güiria and its status as a minority language are presented. It is argued that although in modern times linguistic diversity is beginning to be valued, there are few public policies that help to strengthen it. In addition, it is pointed out that there exist social and linguistic imaginaries that reproduce a mistaken idea of the Creole.

Key words: patois, social diversity, language diversity, creolity.

 

 

Fecha de recepción: 15 de septiembre de 2017.

Fecha de aceptación: 15 de noviembre de 2017.

 

 

 

Citar este artículo:

Cita sugerida

Mosonyi, Esteban. 2018. “A propósito de una tesis doctoral sobre ‘patuá de Güiria’, Venezuela”. Revista nuestrAmérica 6 (11), 28-37.

 

APA

Mosonyi, E. (2018). A propósito de una tesis doctoral sobre ‘patuá de Güiria’, Venezuela. Revista nuestrAmérica, 6 (11), 28-37.

 

Chicago

Mosonyi, Esteban. “A propósito de una tesis doctoral sobre ‘patuá de Güiria’, Venezuela”. Revista nuestrAmérica 6, no. 11 (2018): 28-37.

 

MLA

Mosonyi, Esteban. “A propósito de una tesis doctoral sobre ‘patuá de Güiria’, Venezuela”. Revista nuestrAmérica 6.11 (2018): 28-37.

 

Harvard

Mosonyi, E. (2018) “A propósito de una tesis doctoral sobre ‘patuá de Güiria’, Venezuela”, Revista nuestrAmérica, 6 (11), pp. 28-37.

 

 

 


 

 

Una tesis interesante y llamativa

La antropología -o antropolingüística- testimonial de alguna manera siempre ha existido, tal vez ahora se presenta con mayor abundancia en virtud de la postmodernidad; si bien para quienes creemos en la pancronía -la unión superior de todos los tiempos- lo postmoderno sería más bien lo no-moderno, sin esa linealidad progresiva. Pero independientemente de nuestro enfoque metateórico, nos interesa insistir en que el partir de un testimonio aproxima cualquier tema a nuestra intimidad vivencial, lo aparta del ámbito de las abstracciones puras y desprovistas de toda subjetividad. No es que defendamos lo particular por encima de la ciencia, el relato sobre la exposición descarnada. Por el contrario; sostenemos que hay varias formas de hacer ciencia sin renunciar a ella. Una de esas maneras es la contextualización y la apropiación de los hechos por el binomio autor-lector; dicha operación en nuestro criterio agrega interés y estimula la comprensión, de una manera muy particular.

Pero vamos a lo nuestro. La profesora Beatriz Blanco (2017) nos presenta una tesis muy original cuyo punto de partida son sus propios recuerdos en cuanto heredera parcial de una cultura, y decimos parcial porque el idioma más apropiado para su transmisión integral fue truncado: se quedó atrapado en el mundo de los abuelos, en la generación de los mayores de la familia, llegando tan solo a permear a las generaciones sucesivas.

Vamos a ser más explícitos. La profesora desciende de una familia de la isla caribeña de Santa Lucía, bilingüe como casi todas, vale decir hablante del inglés y -en su intimidad histórica- del franco-creole en su versión local. (Kwéyòl Dictionary, 2001) Esa situación incluso se complica por cuanto dicha familia emigra a Venezuela, donde nace la profesora Beatriz, miembro de la nueva generación junto con sus hermanos/as: es una situación más bien de trilingüismo que la tesista califica de babélico. Es verdad que en su casa resuenan tres idiomas, pero ese Babel está muy matizado. El inglés, pretendidamente imperial, ocupa un espacio bien protegido; hay que usarlo y transmitirlo con todo rigor. Tanto fue así que la autora se graduó como profesora de inglés -muy buena por cierto- entre otros títulos que posee.

Con el español -en Venezuela todavía se insiste algo tercamente en decir “castellano”- sucedió en el mismo hogar algo parecido. La familia vivía en Venezuela, sus integrantes eran -y siguen siendo- venezolanos, y esto implica como mínimo el dominio de la lengua nacional. Pero el creole o francés criollo o patuá -del francés “patois” como corrientemente se dice- se quedó atrapado sin pasaporte para el tránsito generacional, en los labios de los y las hablantes más viejos, guardado con cierto cariño nostálgico pero destinado para el baúl de los recuerdos. Los viejos -quienes entre sí utilizaban su patuá casi como lengua secreta- prohibían expresamente que su habla, considerada comúnmente como una “no-lengua”, descendiera a los muchachos. Además de una sutil pero importante vergüenza étnica, los abuelos y padres -en general, los adultos de la familia- actuaban así, con tanta determinación, por el prejuicio muy común de entronizar el monolingüismo en la lengua o idioma de mayor prestigio, y supuestamente para evitar que a los niños y jóvenes se les enredara la lengua o se atrasaran en los estudios.  

Es bueno recordar aquí que la mayor aceptación de un plurilingüismo doméstico o incluso social es un hecho relativamente reciente; tan extendida ha estado la creencia de que en la mente humana cabe un solo sistema lingüístico, muy popular sobre todo en países de Europa Occidental y en sus herederos americanos, tanto del Norte como del Sur. Quiero apuntalar esta aseveración con algo que pasó en la misma familia extendida de la tesista: ella tiene una prima, también universitaria a quien solo le enseñaron el castellano, a cuya consecuencia no solo perdió el patuá sino también el inglés.

Una de las partes más simpáticas y también más resaltantes de la tesis -en la cual me cupo el honor de actuar en calidad de Tutor- consiste en numerosas páginas a través de las cuales ella relata sus pequeñas pero continuas y dolorosas frustraciones, causadas por ese apartamiento forzoso de la cultura e idioma de sus ancestros.

Antes de continuar por ese vericueto, quiero apuntar que en la presentación de la tesis había un público inusitadamente  numeroso, una cantidad de personas vivamente interesadas -colegas, estudiantes, trabajadores culturales o “cultores” de todo tipo y envergadura- que apenas si cabían en la sala de reuniones. La resiliencia de pueblos indígenas y otras etnias minorizadas -incluida la revitalización lingüística como en el presente caso- es ahora uno de los temas predilectos de la actual coyuntura cultural venezolana; si bien la actitud gubernamental -más favorable que hace unos decenios pero todavía muy ambigua- está lejos de apoyar rigurosamente esta tendencia, tanto en lo ideológico como económico. Todo esto suena bastante contradictorio si consideramos que nuestro país ha sido premiado varias veces con declaratorias de “patrimonios de la humanidad”, gracias a las manifestaciones culturales y lingüísticas de sus pueblos indígenas y afrodescendientes. Pero el interés por las mismas crece continuamente, lo que es un buen signo con miras al futuro.

Volvamos a la consideración de la tesis, envuelta en un contexto tan particular, en el cual se destaca la receptividad y empatía de un público cada vez más numeroso. Para mí, cono Tutor, está claro que la autora escogió como tema de su tesis doctoral a los hablantes de patuá ubicados en Güiria, Edo Sucre -en el Oriente venezolano- no tan solo porque su habla parcialmente heredada coincide casi exactamente con la de Santa Lucía. Este es un factor tremendamente importante más no el único. El solo testimonio del aula repleta -escuchando su disertación- da cuenta de cómo los “patuaceros” de Güiria han sido visibilizados por la sociedad venezolana, al igual que los de El Callao, cuyo Carnaval es ahora Patrimonio de la Humanidad; también a semejanza de los pocos patuaceros que quedan en la vecina isla de Trinidad, habitantes en su mayoría de una comunidad llamada La Blanchisseuse. Pero hay que ir más allá en nuestros planteos.

En la Venezuela de hoy existe un interés manifiesto por nuestras lenguas minorizadas, especialmente las lenguas indígenas y las vernáculas como es el patuá Güiria-El Callao. En esto, por fortuna, Venezuela no está sola; y ese interés y preocupación se trasladan aunque sea parcialmente, a los respectivos gobiernos, más bien a ciertos funcionarios en especial. Sin ese conjunto de hechos jamás habría sido posible que una tesis doctoral de esta índole hubiese prosperado. Pero de esa manera podemos sostener que el terreno estaba preparado, que estaban dadas las condiciones para que Beatriz saliera a buscar y terminar encontrando a las almas gemelas: aquellas que han estado sufriendo los embates de la misma tiernísima vergüenza étnica, frente al mismo idioma condenado a la obsolescencia, que también estuvo envolviendo a su propia familia santaluciteña en la ciudad de Caracas durante décadas. Pero pasemos ahora a otro nudo temático, vale decir a la caracterización que hace de su patuá nuestra autora.

 

El patuá como símbolo de criollidad

La Tesis -como cabía esperar- también le dedica un buen número de páginas a una caracterización más o menos objetiva -la subjetividad nunca falta- de ese patuá, que también había sido discutida con el Tutor -mi persona- y ahora era compartida con los miembros del jurado y en cierto modo con el resto del público presente en el Acto Académico. El franco-creole es un mosaico de variantes -podemos decir que dialectales- aunque que el haitiano figura ahora como idioma ya constituido: no sé si en algún momento aparecerá un creole caribeño verdaderamente supradialectal que abarque a todas las variantes, por ejemplo las de Guadalupe, Martinica, Dominica, Grenada, y algunas más, todas ellas mutuamente inteligibles. Contrariamente al anglo-creole internamente bastante diferenciado (Grannum Salomón, 1998), el franco-creole sigue siendo bastante unitario.

Tanto es así que por ejemplo un hablante haitiano puede entender parcialmente a otro de la Islas Seychelles del remoto Océano Índico. Y en lo concerniente al Caribe, hay una poderosa hermandad -muy sentida y emotiva- que une a todos los hablantes y hasta exhablantes, cuya zona de influencia llega hasta el Continente Sudamericano, con su última estribación en el Brasil. Por eso viene surgiendo ahora ese interés o hasta afán cada vez más generalizado por fortalecer y en algunos casos recuperar -en toda esta inmensa diáspora- una identidad cultural y lingüística algo soterrada, mas no extinta y además obviamente ligada a cierta francofonía, por sus vínculos con el idioma francés. Quienes somos defensores incondicionales de la diversidad opinamos que bien vale la pena reforzar ese gran conglomerado cultural franco-creole que tiene representación aún en el Sur de los Estados Unidos, aun cuando para nosotros su emplazamiento fundamental sigue estando en el Caribe Insular (Mosonyi Esteban, 2006) y en medida algo menor en el Caribe Costanero, como es obvio en el caso de Güiria y Macuro.

Ya es cosa sabida que las lenguas criollas o creoles provienen de los respectivos pidgins, correspondientes a los idiomas europeos que les sirven de base de sustentación, particularmente en lo atinente a su rico vocabulario pero también a la mayor parte de su fonología. Es por ello que nunca deja de haber cierto grado de inteligibilidad entre la lengua matricial europea -en nuestro caso el francés- y el pidgin derivado de ella, que al nativizarse dio lugar al franco-creole en toda su diversidad ya aludida. Queremos recalcar aquí nuevamente que no estamos haciendo ninguna descripción sistemática, sino que nos concentramos en algunos elementos emanados de una tesis y las circunstancias de su elaboración y socialización.

Prosiguiendo por ese derrotero, recordamos que la tesista nos preguntó varias veces acerca del grado de influencia ejercido por algunas lenguas africanas sobre los pidgins luego criollizados.

Curiosamente, la mayoría de los opinadores medianamente familiarizados con el fenómeno creen que dicha influencia fue bastante grande; hasta se piensa que se trata de una mezcla de lenguas, de “lenguas mixtas” en el sentido pleno de la palabra. La verdad dista mucho de ese imaginario algo diletante. Como ya lo insinuamos más arriba, alrededor del 95% del vocabulario del franco-creole procede directamente del idioma francés, para dar un ejemplo bien concreto. Además, hay que agregar que tampoco la fonología de ese mismo creole, en sus distintas variantes, se aparta mucho de la matriz francesa. Las desviaciones son realmente pequeñas; por ejemplo la pérdida de las vocales anteriores redondeadas -seguramente por el contacto con las lenguas africanas- y la ligera transformación de algunas  consonantes. El solo término patuá o “patois” -de sobretonos a veces nostálgicos- nos aclara que el francófono medio ve en los creoles una suerte de francés “rústico”.

Yendo ahora a lo gramatical, allí sí es más obvio el alejamiento del francés más o menos normativo. Pero observamos en mayor medida la simplificación de la gramática que una verdadera influencia africana, a través de indicadores morfológicos precisos. Además, es observable una ausencia casi total de similitud con las lenguas de la familia bantú, pongamos por caso el swahili. Con las lenguas del Golfo de Guinea -otra rama de la  super-familia níger-congo- sí se aprecia una semejanza tipológica, por ejemplo con el yoruba (Portugal ,2002). Puede alegarse el orden de las palabras y la presencia de partículas pre-verbales indicadoras de tiempo, aspecto y modo: pero hasta allí. Las palabras de origen africano son escasas en los creoles, tales como “zombi” o “vudú” en creole haitiano. Por otro lado, la explicación para esa relativa ausencia del componente africano en todas las lenguas creole es sumamente sencilla, y está también bien planteada en la Tesis Doctoral bajo revisión. Dado que los negros esclavizados procedían de distintas etnias y hablaban lenguas a menudo muy divergentes, se vieron obligados a transarse con algún pidgin para poder comenzar a entenderse recíprocamente.

Aquí se suscita una verdadera paradoja, muy visible en el desarrollo de la Tesis. Se trata de lo siguiente. Es obvio que actualmente los idiomas criollos están a la defensiva ante el embate de los idiomas metropolitanos, de una manera muy similar a lo que acontece con las lenguas indígenas y las vernáculas en general. Mas también es cierto que no siempre había sido tanto así. Durante la larga y oscura época de la esclavitud los creoles fueron más bien suplantando a las lenguas nativas africanas, en menor medida a las amerindias. Con respecto a las africanas, su destino en América fue la muerte anunciada: no pudo ser de otra manera. Los esclavizados no se entendían entre sí, tuvieron que recurrir a los pudgin-creole para restablecer o simplemente establecer la comunicación; mientras tanto se fueron muriendo las lenguas propias ancestrales que generalmente contaban cada una con pocos hablantes mutuamente aislados. Solo el yoruba y en menor medida algunas congolesas sobrevivieron hasta cierto punto, dejando remanentes hasta hoy en Cuba y Brasil, muy pocos en Haití. De lo que no cabe la menor duda, es que hoy día los creoles contribuyen grandemente a la linguodiversidad mundial, ante todo más no exclusivamente en el ámbito caribeño y sus extensiones continentales. Tienen mucho que ver con la diáspora afrodescendiente, la cual crea y recrea culturas riquísimas, mal llamadas sincréticas.

Eso del “sincretismo” merece una explicación aparte, por los equívocos a los que ha dado lugar. Es verídico sin duda que las culturas caribeñas son mezcladas, pero en buena medida, todas las culturas lo son. Por ejemplo, el cristianismo antillano exhibe muchos rasgos propios, pero otro tanto ocurre en el catolicismo y el protestantismo de todos los países de Europa: obsérvense por ejemplo las significativas diferencias entre el catolicismo español y el catolicismo polaco, para ahorrarnos más explicaciones. Pero es curioso que solo a las manifestaciones culturales de los afrodescendientes se les aplica el remoquete de “sincréticas”. Eso supone cierto grado de racismo cultural, en la medida en que parece que se dudara de la capacidad creativa original de estas poblaciones. Por el contrario, la capacidad y disposición de los esclavizados para la creación cultural altamente original se trasluce cuando se observa sin prejuicios su facilidad para producir obras de gran valor estético, a partir de elementos propios modificados por otros totalmente extraños, en muchísimos casos.

De esa matriz tan sui generis procede la tan mentada “criollidad”, cuyo significado primordial fue el trasplante de lo europeo al mundo americano, mas esa contribución fue luego muy enriquecida por el aporte afrodescendiente: no solamente en lo lingüístico sino en lo cultural tomado en su sentido más pleno y en todas sus ramas. Veamos, a manera de ejemplo, lo musical-coreográfico y lo gastronómico-culinario. Verdaderamente pareciera que “lo criollo da para todo”, según se dice.

Hay un hecho bien curioso referente a la diseminación de la criollidad, y es el intento de la sociedad venezolana, en su conjunto, de apropiarse para sí sola del gentilicio “criollo” como si en el resto del mundo no existiera. Es algo verdaderamente sorprendente que me ha hecho reflexionar desde hace varios años. Así, el venezolano medio -pero especialmente los periodistas y comunicadores en general- espetan a cada rato cosas como que “los criollos -es decir, venezolanos- vencieron a los panameños, colombianos o dominicanos en béisbol, baloncesto o cualquier otro deporte”; o incluso “la presencia criolla  -vale decir venezolana- se viene haciendo muy sensible en Argentina”, tal como si el “zorzal criollo” Carlos Gardel jamás hubiese existido, aun pronunciándose “kriosho”. Es conmovedor el apego del venezolano blanco o mestizo a la identidad criolla, pero no hay que olvidar la presencia de dicha categoría prácticamente en el mundo entero. Hasta en la remota Hungría la palabra “kreol” significa una persona de tez morena.

 

Nuevos desafíos a futuro.

No hay duda de que tanto la Tesis discutida y defendida como la temática que gira en torno al patuá güireño entusiasmó de manera insólita e inesperada al conglomerado reunido en este acto académico. También es verdad que ese éxito no constituye un hecho aislado, casuístico, ni siquiera coyuntural; sino que inscribe en una tendencia -para mí irreversible- a preocuparnos cada día más por la salvaguardia del franco-creole hablado por algunos ancianos/as en Güiria, Macuro y El Callao, junto con su rico legado cultural. Pero más allá de estas concreciones firmemente delineadas, hay una pasión -incluso vehemente en algunos sectores- por fortalecer y perpetuar nuestra imponente sociodiversidad y linguodiversidad. La cultura veneazolana avanza en esta dirección, pese a la absurda resistencia de segmentos sociales reaccionarios, todavía muy eurocéntricos y hasta racistas. Se le reconoce al Estado su preocupación por el tema, pero se le critica por no haber hecho lo suficiente.

En Venezuela -y en la mayor parte del Planeta- las políticas culturales siguen siendo confusas y su ejecución, siempre parcial, muestra inconsistencias aún más graves. Las autoridades -a menudo carentes de experticia y experiencia- caen muchas veces en la improvisación y la arbitrariedad. En general, ni los profesionales del ramo ni los propios cultores son escuchados como debería ser y sus recomendaciones suelen ser engavetadas o a veces ejecutadas de manera inapropiada. El presupuesto dedicado a las actividades culturales -especialmente a las que exigen mayor preparación y dedicación- es siempre insuficiente y va mermando cada día, debido a la crisis galopante que sufre nuestro país.

Solo para dar un ejemplo contundente, a estas alturas ya no se explica el por qué todavía el patuá güireño-callaoense está en peligro de extinción, si se han presentado y hasta iniciado con buen pie una cantidad de actividades revitalizadoras, que con un mejor manejo habrían podido resolver hace tiempo ese problema, abordable por múltiples vías. Nosotros mismos hemos organizado talleres -los más recientes llevan el nombre de Talleres Antropolingüísticos de Activación Inmediata (TAAI)- que hacen perfectamente posible y viable la formación de nuevos hablantes, prácticamente desde el inicio de cada curso “relámpago”, para perfeccionarse con otros de mayor extensión y envergadura. Tenemos la convicción de que hoy día ya no hay excusas válidas para el conformismo y la negligencia, sobre todo cuando la solución está al alcance de la mano.

 

 

 

 

Referencias

Blanco Joseph, Beatriz. 2017. El imaginario patuacero en comunidades de Paria, Estado Sucre, Venezuela: una interpretación desde el mito. Tesis Doctoral, Universidad Simón Rodríguez, Caracas, Venezuela.

Fernández Portugal, Filho. 2002. Guía Práctico da Língua Yorùbá. Sao Paulo, Brasil: Madras Editora Ltda.

Grannum-Salomon, Victorine. 1998. Proverbial wisdom from Guyana. Pittsburgh, Pennsylvania, USA: Dorrance Publiching Co., INC.

Kwéyòl Dictionary. 2001. Castries, Saint Lucia: Ministry of Education, Government of Saint Lucia.

Mosonyi, Esteban Emilio. 2006. Reflexiones críticas en torno al Caribe. Caracas, Venezuela: República Bolivariana de Venezuela, Ministerio de Educación y deportes.