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Terapias de la Liberación: 'Un viaje hacia la mística y la ética'

Terapias da Liberação: 'Uma viagem até a mística e a ética'

Therapies of Liberation: 'A Journey to Mysticism and Ethics'

 

Natalia Zambrano Ríos

Licenciada en Trabajo Social

Universidad Academia de Humanismo Cristiano

Santiago, Chile

natalia.zambrano.rios@gmail.com

 

Isaac Navarrete Urzúa

Estudiante en Formación Integral en Psicología Transpersonal

Instituto Humanista Transpersonal

Santiago, Chile

isaacnataniel1@gmail.com

 

 

Resumen: Transmodernidad, Transpersonal. ¿Es posible generar aplicaciones desde la crítica analéctica (Dussel 1974) en diálogo con el modelo humanista (Sassenfeld y Moncada 2006) y el transpersonal (Grof 2008) para desarrollar nuevas técnicas de terapia? Al aplicar las categorías de la filosofía de la liberación (Dussel 2011) para situar el campo de los tratamientos en la dimensión de la subjetividad a nivel consciente y no-consciente, nos encontramos con la necesidad de referirnos sobre lo místico al mismo tiempo que sobre lo ético. Se trata de hacer práctica de la ética de la liberación, en la revelación epifánica del Otro. Desde las perspectivas latinoamericanas (Martín-Baró 1998), iremos desde la analítica a la analéctica, como si de un diálogo sobre máscaras y opresión entre Jung y Fannon se tratase. Siendo capaces de inducir estesis otras, víctimas de epistemicidio (Grosfoguel 2013), ecología de saberes (de Sousa Santos 2010), podremos  descolonizarnos desde nuestros colectivos y singularidades, mitos, arquetipos, y exterioridad no computable, cuantificable ni calificable por la matriz de dominación.

Palabras clave: liberación, analéctica, terapia, subjetividad, descolonización.

 

Resumo: A transmodernidade, Transpessoal. É possível construir aplicações de críticas analectica (Dussel, 1974) em diálogo com o modelo humanista (Sassenfeld e Moncada 2006) e transpessoal (Grof 2008) para desenvolver novas técnicas de terapia? Na aplicação das categorias da filosofia da libertação (Dussel de 2011) para colocar o campo de tratamentos na dimensão da subjetividade consciente e não-consciente, encontramos a necessidade de se referir ao mística, tanto quanto ao ética. É praticar a ética da libertação na revelação epfánica do Outro. Do ponto de vista da América Latina (Martin-Baro, 1998), que vai de analítica para analectica, como um diálogo entre máscaras e opressão entre Jung e Fannon. Ser capaz de induzir outras aesthesis, vítimas de epistemicídio (Grosfoguel de 2013), ecologia de saberes (de Sousa Santos 2010), podemos descolonizarnos do nosso coletivo e esquisitices, mitos, arquétipos, e externalidade não computável, quantificável ou classificáveis pela matriz de dominação.

Palavras-chaves: libertação, ana-dialética, terapia, subjetividade, descolonização.

 

Abstract: Transmodernity, Transpersonal. Is it possible to generate applications from the analytical critique (Dussel 1974) in dialogue with the humanist model (Sassenfeld and Moncada 2006) and the transpersonal (Grof 2008) to develop new therapy techniques? In applying the categories of the philosophy of liberation (Dussel 2011) to place the field of treatments in the dimension of subjectivity at the conscious and nonconscious level, we find the need to refer to the mystic at the same time as about the ethical. It is about practicing the ethics of liberation, in the epiphanic revelation of the Other. From the Latin American perspectives (Martín-Baró 1998), we will go from analytic to analectics, as if it were a dialog about masks and oppression between Jung and Fannon. Being able to induce esthesis of other kinds, victims of epistemicide (Grosfoguel 2013), ecology of knowledge (de Sousa Santos 2010), we can decolonize from our collectives and singularities, myths, archetypes, and externality not computable, quantifiable or qualifiable by the matrix of domination.

Key words: liberation, analectics, therapy, subjectivity, decolonization.

 

 

Fecha de recepción: 28 de abril de 2017

Fecha de aceptación: 15 de mayo de 2017

 

 

“Mamá, la  libertad siempre la llevarás dentro del corazón.

Nos pueden corromper, nos pueden olvidar, pero ella siempre está.”

(Charly García 2016)

 

 

Anécdota: El difunto, los refugiados y los pinochet-itos/pinochet-ethos

Muere Bauman en el frío norte de Inglaterra. Es Enero. Mes en que en Santiago de Chile, al extremo sur del planeta, la temperatura supera los 33ªC. Y en medio de la contaminación, que no se aparta en esta ciudad durante todo el verano, en las micros (buses) urbanos se construyen historias “liquidas”. Interacciones fugaces y miradas esquivas, se entretejen un día sábado por la tarde como uno de esos telares autóctonos de nuestra américa, lugar en que día tras día se van cociendo juntos los colores, las texturas y los matices que provienen de distintas partes de este colorido continente.

Miramos quienes van arribando el bus urbano en que vamos viajando. Sube un haitiano, y observamos su prudencia. En ese espacio- tiempo están con-fluyendo nuestras formas, las de nuestros antepasados, las de nuestra tierra y nuestra historia que se enlazan en la metrópolis ahora con estos nuevos inmigrantes rostros. Luego, alguien sube a empujones, un par de compatriotas balbucean algo y devuelven el gesto… Nosotros seguimos con-versando. Interacciones líquidas entre sujetos líquidos de una sociedad líquida… ¿o no?

Ahora más que antes los matices de las pieles que vemos han ido variando. También los matices de las conductas. Suben personas que hablan un idioma completamente distinto al castellano y al anglo. Sus miradas tienen otro cariz, tienen otra historia, que no es necesariamente la de quien ha triunfado – o de lo que nosotros creemos que significa eso- . Son prácticamente refugiados de guerra, que vienen alejándose de un país hecho añicos tras un par de vaivenes en la geopolítica internacional de los últimos años. Seguramente vienen llenos de cicatrices bajo la piel, en lo profundo de la subjetividad.

Nuestro país también quedó hecho añicos hace ya casi medio siglo, como varios más de Latinoamérica. Pensamos en esas cicatrices durante el recorrido… Nosotros somos otro resultado. Nosotros procedemos más como pequeños Pinochet’s, comentamos a manera casi jocosa… pero luego le damos otra vuelta… Es que ¿Son suficientes los diagnósticos tipo “modernidad líquida”, para explicarnos estas distintas maneras de estar en el mundo? ¿Y que de los modelos que intentan darle otra vuelta a la comprensión de la subjetividad, más allá del psicoanálisis, como el humanismo existencialista yo modelo transpersonal por ejemplo? ¿Tendrán las categorías suficientes para reconocer y tratar la subjetividad y la intersubjetividad en justicia eco-sistémica?

Por supuesto, generalizábamos al conversar. Pero notábamos que íbamos dando con algo. Probablemente, las explicaciones y las respuestas si estén más situadas en nuestra proximidad histórica, política, social, personal, consciente y no consciente. Quizás esas llaves para comprender nuestras conformaciones subjetivas y nuestras relaciones intersubjetivas no estén tan lejos cruzando el océano y hacia el norte. Quizás se trata de detenernos a mirarnos, escucharnos y a construirnos de la mano: La liberación de nuestros pueblos como terapia ética situada – terapia como tratamiento de servicio, lo que Enrique Dussel nominaría como 'avodáh- הָבוֹדֲע (Zielinski 2017), y que recorrerá su obra como analogado para praxis de liberación(Dussel 2011).

Hasta aquí, es probable que nuestra narración esté ahuyentando cualquier consideración de rigurosidad que el lector pueda concebir desde nosotros. Lo que nos interesa es exponer, como una ardiente molotov lanzada a la mente de nuestros lectores, un manojo de con-sideraciones sobre lo que senti-pensamos es un terreno virgen que pretendemos incitar a explorar. Nos referimos a la práctica de la analéctica dusseliana como terapia en Latinoamérica. Situar el quehacer terapéutico en lo que hoy entendemos por “Descolonizar” (López 2007).

Desde los constructos socio históricos que constituyen la lente subjetiva con que comprendemos el mundo en que estamos siendo -ontología, a la manera de Heideggeriana (Scanonne 2009)-, hasta las publicidades que permean nuestra subjetividad de manera no consciente, induciéndose como propaganda de un mundo ya dado (Chomsky y Herman 2013), actitudes de vida son construidas. Así que inmediatamente pensamos en un autor referencial para hablar de conceptos inter-subjetivos, sin dejar de pensar a priori en la posibilidad de la existencia del sujeto singular (Dussel 2011). Nos referimos a Carl Gustav Jung (1970). Al mismo tiempo, nos mantendremos pensando en otro psiquiatra, más abiertamente geopolítico, que usa la idea – críticamente- de máscara analogada etimológicamente a la de persona (prosopón), para pensar sobre los problemas de una inter-subjetividad oprimida, nos referimos a Frantz Fanon (2009). Pensaremos algunos elementos de la obra jungiana como lo hace Enrique Dussel (1999) y relacionaremos la idea de arquetipo con la de sujetos históricos a la manera de Gabriel  Salazar (Pérez Pezoa 2011).

Es ahí donde el relativismo posmoderno se va diluyendo, y lo líquido paradójicamente se va solidificando. Hay mucha tierra, tierra con historia que ha partido manos y bordado surcos en las caras. La ex – sistencia como precisamente la praxis, el no estar sentado y arrojarse al quehacer para la trascendencia (Dussel 1968).

Hay onto-logía constituyente de un sistema de entes y mediaciones, subsumiendo a los sujetos (Dussel 2011) y para pensar una aplicación terapéutica hacia la “psique”, hacia la constitución subjetiva, consideraremos la materialidad del sujeto como punto de partida de la reflexión sobre los misterios del “interior”, de los procesos mentales y afectivos, para descubrirla como la categoría de exterioridad interior del sujeto (Moros Ruano 1995). Por otro lado, está el descubrimiento de la exterioridad del sujeto como pueblo - bloque social de los oprimidos (Dussel 1993a) -, al situar al sujeto en un contexto histórico intersubjetivo (Mignolo 2001).

Es por eso que la filosofía y la ética dusseleana nos dará las categorías adecuadas para aproximarnos a formular una metodología, una ruta para estructurar desde el método analéctico crítico como guía, un hacer terapéutico ana-psique-lógico, ana-onto-lógico, trans-onto-lógico, trans-per-sonal. De esta manera, encontrar solución en la liberación de la trascendentalidad interior en la dimensión consciente y no-consciente subjetiva (hacia la intersubjetiva), para los problemas procedentes del ser, de la ontología opresora. Lo que para Dussel es paso misterioso – no expresable, sino que actualizado como criterio en la praxis - de la consciencia moral a la consciencia ética. (Dussel 1994). En simple, liberar juntos al espíritu de las ataduras del ser dominante. Esa liberación no es solo negación de la negación, sino que afirmación positiva de una trascendentalidad interior real (Dussel [1977] 2011). El des-cubrimiento epifánico de la realidad meta-física, ana-lógica, día-léctica, subjetiva-intersubjetiva.

 

Por qué ir más allá del psicoanálisis: dialogar con el modelo transpersonal

Lo que siquiera puede ser dicho, puede ser dicho claramente; y de lo que no se puede hablar hay que callar

(Wittgenstein 1989)

 

Transmodernidad, transpersonal. Suenan similar. Se conciben similares. Planteando la realidad como trans-ontológica está la filosofía de la liberación por un lado (Bautista Segales 2014) y planteando a la psique humana como trans-egoica, se encuentra lo que se da a explicar hoy como la filosofía detrás de la “cuarta fuerza” de las escuelas de psicología (Grof 2008). Ambas perspectivas replantean la concepción del ser humano como “ego”, y se hace posible generar un reconocimiento de semejanzas y distinciones. Sin embargo, nos proponemos destacar en este punto, que más que un diálogo teórico posible, se trata de una praxis a descolonizar con urgencia.

Dialogaremos con el modelo transpersonal, pues en lo discursivo pareciera inherentemente ir más allá de la noción de ontología. En cuanto a los modelos psicoanalíticos y conductistas, ya se han concertado cimientos, se han clarificado sus limitaciones (Ortigues y Ortigues 1989) y se han re-situado sus proposiciones (Dussel 2007). En la búsqueda por una psicología de la liberación latinoamericana más allá de encontrar antítesis de los paradigmas europeos, a modo de reproducción interna de las últimas tendencias, es necesario que seamos capaces de concretar una disciplina situada (Martín-Baró 1998). Lo que ocurre con el paradigma transpersonal, es que a través de su concepción heredada de la filosofía perenne (Wilber 1999), subsume elementos comunes a las cosmovisiones otras a la modernidad (Grosfoguel 2011).

Lejos de la pulcritud metódico racional que Freud se proponía alcanzar en el psicoanálisis (Pezo del Pino 2006), los autores arquitectos del modelo transpersonal se han dado a la tarea de teorizar sobre la psique humana con mapeos que incluyen la experiencia de lo místico, sin descartarlas a priori como psicosis o enfermedad mental, continuando así las líneas teóricas propuestas por la Psicología Analítica de Jung (1970), y reasumidas en parte también por el paradigma humanista (Wilber 2002). La práctica psicoterapéutica transpersonal es diversa y equívoca (Guinsberg 2001), a pesar de sustentarse en un contenido metafísico universal –unívoco- (Huxley 1999) valorará el saber-oír de la determinación cualitativa que se auto-asigne la singularidad en tratamiento - como Res Eventualis, ente con historia (Dussel 1998a)-. Aun cuando ese contenido subjetivo parezca estar más allá de lo que puede hablarse (Wittgenstein 1989). Es lo ético – místico, entendiendo místico en su sentido etimológico, como lo misterioso, indecible, pero precisamente la interpelación que se presenta epifánica como revelación a atender (Dussel 1980). Cabe entonces aplicar aquí nuestro filtro descolonizador, el método analéctico crítico (Herrera y Reyes 2016), que nos sitúe éticamente desde aquel que puede estar siendo alevosamente olvidado, en una disciplina que hoy en día congrega más adeptos y sub-corrientes en nuestras sociedades neoliberales (Guinsberg 2001):

¿No es el ego místico transpersonal, una extensión impensada pero plausible del ego cogito, y por consiguiente, de toda esa familia de egos (Dussel 2011) que han conformado la epistemología europea (Lepe Carrión 2014)? ¿Podría el paradigma de terapia Transpersonal ser una extensión del Ego Cogito, - autonegada en un momento del discurso pero luego desplegada como dispositivo del sí mismo (Deleuze 1986) - potenciada con la consideración de lo místico? Si la visión transpersonal está planteando una superación del ego, un supra ego ¿Llega realmente a conformarse en una concepción que pueda dialogar inicialmente con una metafísica levinasiana que nos habla del Otro, como lo verdaderamente infinito a ser explorado (Levinas 2002) trans-racional?

¿Podríamos en definitiva, llegar a construir una terapia para la subjetividad consciente y no consciente (Dussel 1999) que cuándo avance sobre lo místico, lo haga también sobre lo ético?

¿Podría llegar a existir un campo de la Psicología de la Liberación proyectada por Martín-Baró (1998) que, en conexión con la lectura política dusseliana sobre la alteridad metafísica, considere como elemental en un mapa psíquico la realidad del ser humano como comunitario, trans-ontológico, analógico, y además dialéctico: con in-flujos y re-flujos que representen el contacto con círculos inter-subjetivos de opresión,y en una integración de todos los aspectos de lo que podría consensuarse como vida humana (Dussel 1998b) en la idea de la subjetividad “espiritual”,  “alma”, “psique”?

Si estas últimas respuestas son positivas, ¿Podría ser esta Terapia “ana-psíquica” uno de los primeros quehaceres otros que de alguna manera nos hagan “retornar a casa”, es decir, a una forma de conocimiento y praxis integrativa y holística, como las que eran originarias en nuestros pueblos (Gavilán Pinto 2012)?

 

Comunicación mágica: La estética del mito, la razón y lo afectivo

Las víctimas del sistema político vigente no-pueden-vivir plenamente (por ello son víctimas). Su voluntad-de-vivir ha sido negada por la voluntad-de-poder de los poderosos. Esa voluntad-de-vivir contra todas las adversidades, el dolor y la inminente muerte se transforman en una infinita fuente de creación de lo nuevo (Dussel 2006).


La luz de la comprensión, el logos tiene un horizonte silencioso (Dussel 2011). Una conjunción afectiva, emocional, de experiencias para la supervivencia, registradas en el sistema límbico. Lo racional se fundamenta en el aprendizaje emocional, y por tanto toda educación política debe tener consciencia de que desde las perspectivas de la biología del conocimiento, existen niveles de interacción y aprendizaje fundamentales anteriores a la razón  (Maturana 1988).

En este punto nos acercamos con Dussel a la importancia de la idea del núcleo ético mítico de Paul Ricoeur para la constitución de una postura existencial concreta, para un ethos (Dussel 1975). Pensamos por ejemplo, en el discurso cuyo eje es la seguridad/inseguridad en los medios, y de cómo ese discurso suele silenciar la crítica socio económica (Feinmann 2013). “Si roba, es porque es ladrón, es el mundo dado”. Y no se promueve análisis crítico del modelo neoliberal ni sus consecuencias. Eso queda en el silencio, y eso que no-se-dice constituye una ética ontológica que es lo que para Dussel (2016) es una consciencia moral vigente interna del sistema de mediaciones –ontología- (Dussel 2011).

Esta constitución silenciosa del mito de fondo, sabemos ahora, coincide con el nivel comunicativo afectivo. Se trata de una narración ética (Zapata 2009) que constituye aprendizaje y comportamiento desde el diálogo del medio exterior al interior de la subjetividad, desde lo poiético afectivo hacia lo racional cognoscitivo (Maturana y Varela, 2009). Frente a este panorama, el método analéctico crítico nos remite a la noción de epistemología de la hermenéutica analógica (Beuchot 2000), la importancia de la metáfora, el símbolo, lo ana-grám-ico, el ícono, lo representativo, estético, poético.

Concebiremos nosotros entonces el mito, no como un recipiente simbólico con contenido racional, sino que como un recipiente simbólico-icónico-representativo-racional-consciente, con un contenido afectivo-límbico-emocional-no-consciente: esto es, derechamente míst-ico-mist-erioso, ético, remitente siempre a la relación con la alteridad; de aprendizaje constituyente práctico – de moral vigente o ético crítico- para la vida (Beuchot 2007). El mito como móvil existencial (epifánico, revolucionario) ana-onto-lógico, más allá de una idea de mera psique individual, sino que paradójicamente, de un sujeto siempre intersubjetivo, singular siempre en comunidad (Dussel 2016).

Usaremos entonces para la ocasión una metáfora. Entrando en esta idea de lo analógico, nos parece pertinente clarificar de esta manera hacia dónde vamos:

Es mitad de año, es invierno y hace frío en la pre-cordillera chilena. En una casa de madera, una mujer empieza a poner sobre la mesa las cartas que leerá a sus invitados. Entre las usuales preguntas cotidianas que suele recibir para contestar cual oráculo terapéutico que es considerada, hay una consulta que es más una meta consulta. La joven interesada escucha atenta la respuesta que le da la mujer oráculo: ¿La diferencia entre la magia negra y la magia blanca? Es la intención, el para qué. Puedes usar los mismos recursos para fortalecer a dos personas que se aman en su relación, o puedes interrumpir eso aún contra su relación voluntaria… [fin de la metáfora].

¿Qué idea estamos manifestando estéticamente en este pequeño relato? Básicamente, reiterando la importancia de las posibilidades éticas que puede tener la crítica de la razón mítica (Hinkelammert 2007). Si los problemas surgen de modo fenomenológico en un horizonte de comprensión dado, esto es, lo ontológico, entonces tenemos que encontrar la manera epistemológica dis-tinta para ir más allá de la ontología. No se trata solo de encontrar maneras de di-ferencia ontológica interna, es decir, a veces no basta solo con razonar en el mismo nivel ontológico; sino que se trata de encontrar maneras dis-tintas de ser, de sentir y razonar, para de esta manera, re-mover de su centro de meras di-ferencias dialécticas al horizonte de comprensión completo; provocar la des-centración del logos, es llevarlo a lo místico – ético en la presencia revelada de la realidad del otro (Dussel 2011). Al terreno no-lógico-ontológico de los saberes otros (de Sousa Santos 2010)

Ante este horizonte de comprensión dado, que se fetichiza como el horizonte de ser anterior a todo, lo que queda como quehacer liberador es Desfetichizar sus cimientos pre-tendidamente-ontológicos mismos (Hinkelammert 2007). Desfetichizar el su-puesto ser, el sí-mismo ontológico dominador, y demostrarlo como un horizonte último ilusorio de imaginario aprendido. Para esto es necesario, ir más allá del ser, a través de la peculiar comunicación “mágica” racional y afectiva, consciente y no-consciente del lenguaje analógico – lo estético, el mito -, para conmover así los cimientos de la ontología fetichizada (Dussel 1993b).

Por supuesto, esta comunicación “mágica” puede funcionar en ambos sentidos: de manera dominadora, reforzando la fetichización de la ontología, por ejemplo, como la in-fluencia que percibimos a diario a través de la publicidad como propaganda (Chomsky y Herman 2013) (Feinmann 2013), o como poiesis estética de liberación, que en suma resulta en praxis de servicio dirigida al Otro –‘avodáh (Dussel 2011) (Zielinsky 2017): Arte desalienante, arte que abraza, empatiza, contiene y reconecta con las subjetividades otras. Comunicación consciente y no-consciente balsámica para la sanidad intersubjetiva, atenta a la interpelación del sufrimiento del que es oprimido en la dominación ontológica, tratante del su-fri-miento-del-dolor-onto-lógico (esto es, cargar en subsunción el modo homogeneizante y coartador de la razón del ser que es dominante), y creador analéctico de nuevas alter-nativas de vida más allá del ser, ubicándose junto al negado, al oprimido, a la víctima excluída de la luz del logos del ser, víctima manifestante de interpelación a la cual el ser no atiende. Desde la dimensión comunicativa de lo estético-poiético liberador (Dussel 2011) tejemos mito, relato, poesía, analogía y creación místico-ética para rescatar la realidad negada que queda en la exterioridad del ser ontológico, y es junto a esta víctima tomamos posición práctica (Dussel 2016), pues es ella quien representa el verdadero potencial de creación de lo nuevo, la real epifanía, apocalipsis-revelación creativa. Nosotros interpretaremos este servicio hacia el otro, literalmente como tratamiento de liberación de la subjetividad, terapia de la liberación.

Estamos hablando de que más allá de las nociones de libertad y neutralidad terapéutica en los modelos transpersonales y humanistas existenciales (Pastén Peña 2015), está la realidad de la materialidad humana como horizonte ético para la producción y reproducción de la vida humana (Dussel 2016). Es decir, en vez de posicionar la terapia en una postura fenomenológica, que identifique los problemas en la subjetividad interior, la terapia de liberación genuina, es de enfoque educativo analógico (Beuchot 2007), identificando con claridad la relación directa de las problemáticas no a un nivel de enfoque disciplinar psíquico, sino que de manera multidimensional. Construcción de ciencia como saber multidimensional, expuesto como necesidad en las perspectivas descolonizadoras (Costanzo 2016)

Entonces, hemos empezado a plantear las preguntas que nos parece que habría que contestar para generar respuestas y soluciones prácticas y situadas para nuestros pueblos y sus singularidades oprimidas. Descolonizar el quehacer terapéutico – para que deje de ser una mera función como mediación del sistema, y pase a ser un tratamiento servicial realmente, ‘avodáh dusseliano-, significaría la generación de nuevos modelos teóricos capaces de darle importancia entonces a el imaginario colectivo y los mitos fundacionales, los conscientes, cotidianos, y a los silenciosos, más cotidianos aún (Dussel 1999), como realidades existenciales afectivas y supra-afectivas (Dussel 2016). Comun-icación trans-ontológica, como exploratoria y comunicativa con ese Cosmos que existe fuera del Mundo (Dussel 1995) y por eso y sobre todo, con esa misteriosa exterioridad que es la realidad de la alteridad, la existencia del otro. Exterioridad, trascendentalidad interior del sujeto a todo sistema, a la que de manera intersubjetiva, solo podríamos acceder mediante la fe, como desarrolla a través del apartado 2.4 el maestro Enrique Dussel en su Filosofía de la liberación (Dussel 2011); como Analogía Fidei(Herrera y Reyes 2016).

 

El motivo de una ana-psico-terapia: El Saber oír: lo místico y lo ético

¿si lo más allá del mundo, lo así llamado místico o ético, pudiera él desde su exterioridad expresarse, revelarse? ¿No sería con justicia la única adecuada actitud desde mi mundo callarme acerca de lo que, no sólo no puedo sino que no debo atreverme a hablar: lo que el Otro es como historia dis-tinta y que sólo se revela desde su libertad incondicionada por el horizonte de mi mundo?

(Dussel 1980)

 

Nos encontramos ya con la necesidad de responder la pregunta del que-hacer en terapia analéctica de la liberación. Responder hacia dónde ir, cuál es lo ana del logos ya existente. Esto permitiría construir una teoría-práctica considerando la importancia y necesidad de considerar la subjetividad singular como realidad material y trascendental ineludible e inseparable (Dussel 1969); la realidad intersubjetiva como constituyente (Dussel 1999) en la convivencia (Hinkelammert 2007) de la subjetividad; abordando a su vez y por ende, la importancia del mito, la importancia del relato, de la narrativa en un sentido general como poiesis del ícono (Dussel 2011) y de la carga histórica en la construcción y aplicación lógica de una sociedad (Hinkelammert 2007). Una ana-psique-terapia que no solo permite la interacción entre personas desde sus propios esquemas de acción y construcción dada de personalidad (Fannon 2009) –ontología individual-, sino que a su vez, con-struyen y con-tribuyen desde una ética con-sciente con psiques-otras”, tanto a la creación en comunidad, como a la creación de nuevas concepciones, o también a la reproducción de esquemas ya existentes.

Se tornará necesaria la reconstrucción histórica situada, que nos daría un sujeto de estudio participativo y con consciencia de colectividad. Sujeto empoderado (liberado) en la terapia, capaz de decidir en el uso ético y libre de una supra-afectividad (Dussel 2016) sana, entendiendo esa sanidad siempre en un amplio sentido cultural colectivo (Cyrulnik 2007). Forma de hacer comunidad humana comprometida, pero desde la dis-tinción(Dussel 2011): desde los cimientos de la interacción y singularidades cooperativas de la comunidad en el buen trato (Barudy y Dantagnan 2009).

Consideramos en este sentido, la fragua de terminologías que nos acerquen a una concepción del sujeto como singular libre (Dussel 2011), como constitución comunitaria (Maturana y Varela 2009), y no como mero individuo, que incluso llega a ser mero cliente en las terapias existentes (Guinsberg 2001), a su vez funcionales en diversas maneras al actual sistema capitalista, corrosivo del tejido intersubjetivo en el individualismo (Castro-Gómez 2007).

Es necesaria la creación de estética poiética de liberación (Dussel 2011), por eso planteamos esta aplicación didáctica del método analéctico crítico. Hay que hacer poesía, relato, canción, mito de liberación, que funcione como magia blanca desalienante. Porque la magia negra está todo el tiempo alrededor como la consciencia moral silenciosa, la razón de ser del mundo, fetichizada, pero completamente desacralizable (Hinkelammert 2007)

El experienciar la realidad como analéctica, es estar abierto a la epifanía de la revelación del otro. Es el saber-oír lo ético y lo místico que está más allá (Dussel 2012).

Se trata entonces de que para que Moisés llegue al desierto a oír la divina voz misteriosa desde la zarza ardiente, primero tuvo que escuchar al esclavo maltratado en Egipto, y lanzarse a defenderlo. Luego, esa voz transpersonal, trans-egoica de la zarza, lo enviará de vuelta al imperio a hacerse cargo de liberar a los esclavos –el Éxodo- (Schökel 2012). Lo divino y los oprimidos transmiten su interpelación en la misma frecuencia en este mito. Lo místico y lo ético explorados de manera conjunta en pos de la justicia y la vida de la comunidad (Dussel 2006). Un reencantamiento sensible holístico con la realidad.

 

Núcleo ético mítico: El objetivo subjetivo de la terapia: Justicia y Küme

Reconocer al Otro es pues alcanzarlo través del mundo de las cosas poseídas, pero, simultáneamente, instaurar, por el don, la comunidad y la universalidad. El lenguaje es universal porque es el pasar de la individualidad a lo general, porque ofrece mis cosas al Otro. Hablar es volver al mundo común, crear lazos comunes.

(Levinas 2002)

 

Acuñaremos entonces, para iniciar como hipótesis de trabajo práctico, la noción de “estética de la voz en el desierto”, para describir un tipo de poiesis dirigido ética y conscientemente hacia el otro, con la finalidad de revelar la importancia del vínculo en los procesos de sanación de la subjetividad, y al mismo tiempo, derruyendo la idea de que este estar sano se tiene que limitar a la singularidad subjetiva. La cultura y el medio necesitan con urgencia verse afectados para fomentar la capacidad de resiliencia -resistencia para vivir – (Cyrulnik 2007).

Si la concepción de justicia para Dussel (2016) responde a una ética fundamentada en la producción y reproducción de la vida humana, entonces podemos descubrir estas analogías de criterios en diversas realidades antropológicas en las que nos situemos. Por razones de locación y con intencionalidad política, nosotros ubicaremos la semejanza analógica con la noción de salud y bien holística de küme mapuche, como buen vivir eco-sistémico (Hasen Narváez 2012).

“Küme”, y su noción antónima “Weza” vendrían a servir de guía para un modelo que se enfoque en tratar lo subjetivo-como-siempre-ana-subjetivo, en consideración constante de su eco-inter-subjetivo, y aun considerando el eco en el sentido de eco-logía (el de eco-nomía se subentiende, se abarca ya en la consideración intersubjetiva, desde la analéctica crítica dusseliana). De esta manera, podríamos identificar relaciones de dominación y opresión, y toxicidad ontológica, siempre desde una perspectiva de bien y vida comunitaria.

La terapia dirigiría su estética-sensibilizadora-a-la-voz, su magia blanca desalienante -en lenguaje mítico analógico-, hacia lo que denominaremos como zona-de-con-tacto. Con zona de con-tacto nos vamos a referir a ese momento receptivo, no consciente o no plenamente consciente de la subjetividad humana, que en el plano biológico registra la actividad límbica, es decir, la memoria afectiva - entendiendo la afectividad humana como supra-afectividad (Dussel 2016) a raíz de sus funciones corticales superiores (Maturana 1988)

La zona de con-tacto en constante trato con la intersubjetividad, guarda historia per-sonal siempre forjada a nivel consciente y no consciente en los procesos de interacción co-lectivo. Por lo tanto, lo que tenemos aquí, es una noción analógica crítica de inconsciente colectivo y sus huéspedes arquetípicos (Jung 1970).

La terapia como “estética de la voz en el desierto” induciría un con-tacto decible en el sentido poiético icónico - y no decible – místico ético, en el sentido que hemos ido recabando, para des-subsumir del onto-logos, desalienar la subjetividad, evocando la exterioridad negada, la voluntad-de-vida negada por la voluntad-de-poder de los poderosos (Dussel 2006). Si el ser es y el no ser no es, decía Parménides, encontraremos la solución a las posibles problemáticas tratadas en terapia, por medio de re-significar analécticamente esta idea: el ser es, y el no ser también es (Dussel 2011), para alcanzar el küme eco-sistémico.

En este sentido, se habrá hecho ya claro que estamos tratando el concepto de “ser” en un nivel poli-semántico analéctico: la pato-logia no se remite solamente constituir un problema interno subjetivo, cuando es el “ser” ontológico el que necesita tornarse justo, repararse, balancearse en la armonía eco-sistémica küme. Antes de pensar en la patología de la subjetividad como una fragmentación del ser que se expresa (Grof 2008) en esa subjetividad singular, lo que debemos preguntarnos es si acaso no es el “ser” el que está enfermo, en “weza” y no en küme. Entonces llegamos al momento mismo de la analéctica, porque aquí distinguiremos un ser que es otro que el “ser” ontológico, como horizonte último negado en la ilusión mentirosa del ser dominador ontológico dado: apelamos a un horizonte ético-místico-misterioso no decible, que es una especie de ontología-para-el-otro-en-justicia-küme, es decir, no alienada-otrificada-subsumida, sino que con con-sciencia holística: En el silencio de la praxis de liberación existe un vínculo hacia otro horizonte de ser, que es de distinto horizonte semántico al “ser” que hemos estado cuestionando como dominador. Se trata de un ser-para-el-otro, ser en la zona del no-ser, cuyos sujetos existentes manifiestan al ser en una praxis ética plenamente transpersonal y küme, en justicia para la producción y reproducción de toda la vida humana, incluyendo la de los excluidos del “ser” dominador (Dussel 2016). Es por esto que afirmamos que la experiencia mística subjetiva en sí misma, es capaz de replicar un horizonte de ser ontológico, si es que no viene de la mano de una ética liberadora que la torne una práctica situada, pues solo desde esta actitud ética en-justicia-küme, que toma posición junto a los oprimidos-excluidos-víctimas, podremos ampliar la consideración de todo lo que realmente es –Seguimos pensando lo real en el sentido de Dussel (2011)-. La vida humana en su totalidad como el real horizonte último del ser, el real horizonte pre-ontológico (Dussel 1998), la única sacralización que no es fetichización, y por ende, la reivindicación necesaria, urgente y sacra de la víctima.

Este ser ético no decible es lo que una “estética de la voz en el desierto” debería manifestar en la terapia. Así tendremos un quehacer de servicio que dejaría de ser una manera de replicar los sistemas dominadores imperantes.

Se haría cargo del problema de aquella singularidad cuya necesidad de dominación se presente manifiesta, asumiéndola como una corrupción de la pulsión de alteridad (Levinas 2002), una corrupción de la búsqueda de la aproximación a la proximidad (Dussel 1996). Es decir, un intento de aproximación al otro pero aprendido no para-la-vida, sino que en “weza”, no en-justicia-küme, y por lo tanto que acaba alienando o alienándose en una dialéctica no ana-dialéctica (sin capacidad de ir más allá de las diferencias internas del ser a reconocer las distinciones en el no-ser que también son en realidad). Es decir, una voluntad-de-poder para sostener la voluntad-de-vida, pero comprendiendo ontológicamente ese poder como dominación (Dussel 2016). Allí en el opresor, encontraríamos una tendencia de patología en la subjetividad. La segunda, la encontraremos en torno al oprimido y en lo que significa su no reconocimiento como tal.

Es que al mismo tiempo, la terapia de liberación se hace cargo de la víctima, sin neutralidad ética, considerándola en la apreciación dialéctica como un sujeto negativizado, que guarda analécticamente trascendentalidad interior suficiente para alcanzar su propia afirmación positiva, y con ello, su liberación (Dussel 2011). Es decir, no es solo la asunción de una responsabilidad individual subjetiva para alcanzar küme, sino que la puesta en marcha de una re-con-sideración intersubjetiva de su sanidad: co-responsabilidad de la comunidad humana en la producción de bienestar küme para la subjetividad de una singularidad humana que esté siendo oprimida.

Consideramos fundamental y enriquecedor enraizar la visión de la terapia como una construcción que solo analécticamente podría abordar las consecuencias sociales, históricas y políticas de los cimientos de opresión que se construyen y difunden como los grandes relatos oficiales en nuestra Latinoamérica y entre los pueblos oprimidos del mundo (Dussel 2006), que de manera no consciente, se reproducen engañosamente, como arquetipos para la vida.

Pensamos por ejemplo un arquetipo de tipo dominador, como triunfador histórico, impune, el dictador impune de nuestros pueblo. Ese arquetipo se replica en nuestras subjetividades - a través de las experiencias y mensajes estético-afectivos permeantes en la zona-de-con-tacto - y nos aliena de nuestra humanidad, consonando muy bien con el neoliberalismo que nos hace despedazarnos sin vernos rostro a rostro. Son mitos que se despliegan desde ungen histórico, ramificándose subjetivamente, transformando la construcción de Latinoamérica oprimida en una construcción carente de relato colectivo propio, haciéndose parte de una ontología de opresor fetichizado y colaborando de vuelta, - en un proceso constante de in-flujo y re-flujo - en la reproducción simbólica de las categorías humanas de interacción generadas a partir de esos arquetipos.

Obviar la historia y la importancia de la construcción comunitaria subjetiva y de interacción en terapia, es ignorar mitos y verdades silenciosos e invisibles completamente relevantes. Es obviar la realidad más real de todas, la otredad (Dussel 2011), es obviar nuestros cimientos, obviar las consecuencias de la opresión desde lo que se nos enseña en escuelas y nos vamos replicando los unos a los otros desde nuestra interioridad afectada (Fannon 2009).Obviar la erótica patriarcal que se constituye como mito insuperable y nos transmite como natural la conformación filicida edípica de la familia y no permitirnos comprender la erótica como interacción justa (Dussel 2007). Es responsabilizar a nuestras madres y padres de como criar a sus hijos que son nuestros hijos sin hacernos parte de esta construcción (Barudy y Dantagnan 2009). Es también alienarnos frente a como nuestros Estados y las políticas gubernamentales influidas por el poder financiero y visión occidental nos impide reconocer el dolor que yace en los cimientos de la mentira capitalista neoliberal, que no olvidemos, llegó a abolir el despertar de una Latinoamérica solidaria, empática y con compromiso de colectivo, de alteridad.

Recordar cuan callados hemos estado luego de la ola de dictaduras que han ocurrido sucesivamente en nuestra Latinoamérica es recordar que el bienestar subjetivo actual en una sociedad desigual es un bienestar subjetivo construido sobre parámetros capitalistas de exclusión e individualismo, avanzar unos pocos y no avanzar todos: es lo que hacemos al no velar por un modelo terapéutico crítico: sesgar desde la ideología ontológica, excluir y oprimir (Dussel 2011). Es situarnos desde el generar una terapia de bienestar individual que considera lo místico sin lo ético, obviando cuanto han destruido en las poblaciones (comunidades pobres) a los oprimidos que perdieron el relato mítico y el encanto de la vida humana en comunidad.

 

El quehacer y estar siendo del terapeuta: Esteta, héroe servidor de la liberación

Nos equivocamos de enfermedad. No es tanto en el herido en quien hay que influir con el fin de que sufra menos, es sobre todo en la cultura. Todos estos testimonios llevan a proponer: para que el herido deje de sufrir, para que el amputado vuelva a caminar y que su entorno no siga sintiendo la angustia venida del más allá, es en la cultura donde hay que influir

(Cirulnik 2007)

 

Será diciembre. Llegará el calor estival nuevamente ¿Seguirá estando la anciana machi Francisca Linconao siendo perseguida por la justicia del sistema moral vigente? ¿Estará en prisión, o podrá estar otra vez junto a la comunidad a la que sirve en küme?... Esta última anécdota, no es una anécdota, remite a una real realidad otra (Familia comunidad Machi Francisca Linconao 2016). (Hasen y Cortez 2012)

La sanidad y la ética profesional se redefinirían no en el “estar centrados”, pues en un sistema de injusticia sistémica el “ser centrado” es la conformidad con el centro ontológico dominador (Dussel 2011), sino que precisamente se trataría de tomar partido por el oprimido (Dussel 2016).

El terapeuta no sería sólo un acompañante capaz de guiar sin incidencia crítica, al empresario inescrupuloso por ejemplo. Tampoco guiaría a la mujer tornada en víctima de violencia en un camino de mera aceptación de su triste devenir existencial o a la salida de dicha dinámica sin tomar en cuenta todos aquellos elementos que influyen en que exista esa dinámica. Esto ocurre sin conflicto teórico en los modelos terapéuticos ontológicos, reproductores de los vicios internos del sistema de mediaciones. Esto ocurrirá en cualquier novedosa forma de hacer terapia, porque de novedosa no tendrán nada, sino son capaces de situarse ana-dia-léctica-mente, y de manera crítica, identificarse con el oprimido, con la víctima, con el excluido.

Vemos entonces que el terapeuta como esteta mítico, avanza su vida como héroe de la liberación (Dussel 2011), obediente – en el sentido de que sabe escuchar - y al servicio del pueblo (Dussel 2006). Pensamos ahora en el psicólogo asesinado en El Salvador, Ignacio Martín-Baró, muriendo por su compromiso con la justicia social; o en la figura chamánica de la machi Francisca Linconao, que en prisión, sigue siendo una estrella guía de lo que su pueblo Mapuche debe vivir como küme.

 

Aplicaciones situadas de la terapia

La vida de la que hablamos es la vida humana. Por humana entenderemos la vida del ser humano en su nivel físico-biológico, histórico-cultural, ético-estético, y aun místico-espiritual, siempre en un ámbito comunitario (véase Tesis 10). Nada más lejos de un biologismo simplista o materialista cosmológico. El signo egipcio An; (Ankh), que portaba Osiris en su mano siempre, significa la «vida». La vida humana de la que hablamos no es un concepto, una idea, un horizonte ontológico abstracto o concreto. No es tampoco un «modo de ser». La vida humana es un «modo de realidad»; es la vida concreta de cada ser humano desde donde se encara la realidad constituyéndola desde un horizonte ontológico (la vida humana es el punto de partida preontológico de la ontología) donde lo real se actualiza como verdad práctica.

(Dussel 1998)


La terapia en suma, sería la ética de la liberación misma como terapia. Como ya mencionamos con respecto a la actitud de servicio del terapeuta de la liberación, para la singularidad humana tratada en terapia, se tratará también de un viaje; de un ir desde el estar centrado-en-el-ego en la ontología del si mismo, en el relato engañoso de lo mismo y el eterno retorno de lo mismo (Dussel 2011), para pasar a estar inclinado al otro. Ese estar inclinado al otro es, en el rostro-a-rostro, desarrollar la capacidad ética del saber-oír (Dussel 2016), quedando expuesto a la revelación epifánica, misteriosa, nueva, apocalíptica (reveladora) de la mis-teriosa-mís-tica realidad del otro. Una terapia que interpele a estar des-centrado del si-mismo, puede parecer un despropósito. Pero, no es sino en el vínculo, donde encontramos la real constitución subjetiva humana propia (Maturana y Varela 2009); Es en el sano, en el justo, en el küme vínculo inter-subjetivo, donde encontramos la real fortaleza y resistencia existencial propia (Cyrulnik 2007). Estar des-centrado no es inestabilidad: En un cálido abrazo, uno se encuentra inclinado hacia el otro.

Más allá de las técnicas de aplicación que se podrían desarrollar o re-situar desde otros modelos. Sería un proceso de creación en que los buscadores –singulares libres en proceso de descubrimiento de su exterioridad subjetiva e intersubjetiva- manifiesten una trascendentalidad extra funcional al sistema, a medida que desarrollan empatía y pulsión de alteridad metafísica; Haciéndose parte de la historia, subjetiva y colectiva; trascendiendo el miedo que estas estructuras arquetípicas de figuras opresoras “exitosas” han calado en nuestros pueblos; destruyendo las máscaras blancas que cubren nuestra piel negra, como si de una terapia dialogada entre Jung y Fanon se tratase. Un auto-des-cubrimiento y un des-cubrimiento-con-junto de la realidad trascendente del otro. Liberación equivalente a creación, a arte, a sensibilidad analógica, a realidad poética resignificadora y transformadora a un nivel práctico, político, erótico y pedagógico de nuestro mundo. Liberación y conformación de mundo situado y siempre consciente de ser trans-egoico, trans-ontológico, trans-personal, trans-moderno; Evitando la tendencia a permitirse ser cosificado (instrumentalizado como mediación de una ontología dominadora), y en segunda instancia, a cosificar (negar antológicamente la presencia y realidad interpelante de la dis-tinción del otro); A ser oprimido y a oprimir.

Investigaremos en pos de una terapia de justicia, de küme. Una terapia que lleve a la subjetividad a la armonía de su propio contenido consciente con su contenido otro - su contenido no consciente-. Y analógicamente, que sea una terapia que lleve al mismo tiempo y como retroalimentación constante, a la armonía, al küme y a la justicia ética y liberadora entre la subjetividad singular y sus otredades en la intersubjetividad. Que integre sin problemas las pulsiones afectivas del sistema límbico, las construcciones racionales del neo-córtex, y la apertura a la exploración necesaria de lo que sea que surja epifánicamente en la realidad integrada de ambas; sin miedo a lo colectivo, místico, misterioso espiritual incluso; la verdadera resistencia del espíritu humano, su voluntad-de-vida, su espíritu en sí, su positividad en sí, su trascendentalidad, su exterioridad no computable, ni cuantificable ni predecible por parte de la matriz ontológica de dominación. Trascendentalidad oculta y secreto de libertad de los pueblos, para descubrir nuestra real matriz: los verdaderos cimientos de nuestra Latinoamérica, nuestra madre arquetípica, nuestro Mapu, nuestra Pachamama.

 

 

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