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 Desplazamiento forzado en Colombia y su lucha por la memoria: entrevista a Ivonne Suárez

Deslocamento forçado na Colômbia e sua luta pela memoria: entrevista com Ivonne Suárez

Forced displacement in Colombia and its combat for memory: interview with Ivonne Suarez

 

 

Yuber Hernando Rojas Ariza

Magister en Filosofía, Economista y Filósofo/Docente investigador

Universidad Pontificia Bolivariana

Bucaramanga, Colombia

yuber.rojas@upb.edu.co

 

Carolina Serrano Martínez

Psicóloga (c)/Estudiante de último semestre

Universidad Pontificia Bolivariana

Bucaramanga, Colombia

reneserranomartinez39@gmail.com

 

 

Resumen: La Entrevista que a continuación se reproduce fue realizada para la edición No. 10, Revista nuestraAmerica, julio-diciembre 2017 y hace parte del ejercicio investigativo del Semillero de Investigación en Derechos Humanos (SIDHU-UPB). Fecha y lugar de realización: lunes 12 de junio del 2017 en la Universidad Industrial de Santander (UIS.) Edición aprobada por la Entrevistada.

Resumo: A entrevista que se reproduz a continuação para a edição de n 10, da Revista Nuestrémerica, julho-dezembro de 2017, faz parte de um exercício de investigação do Semillero de Investigación en Derechos Humanos (SIDHU-UPB). Data e lugar de realização: segunda-feira, 12 de junho de 2017, na Universidad Industrial de Santander (UIS). Edição aprobada pela entrevistada.

Abstract: The Interview that is reproduced below was made for issue No. 10, Revista Americana, July-December 2017 and is part of the investigative exercise of the Research Seminar on Human Rights (SIDHU-UPB). Date and place of execution: Monday, June 12th, 2017 at the Industrial University of Santander (UIS, Colombia) Edition approved by the interviewee.

 

* Sobre la Entrevistada. La Dra. Prof. Ivonne Suarez Pinzón es profesora titular de la Escuela de Historia, Universidad Industrial de Santander (UIS-Colombia). Actualmente Directora de Certificación y Gestión Documental UIS y Directora del Archivo de Memoria Oral de Víctimas (AMOVI). También es directora de la revista Cambios y Permanencias así como del Grupo de Investigación Historia, Archivística y Redes de Investigación (HARED). Sobre sus estudios: Historiadora (Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia); Especialista en Direction des Archives de France, Département du  Réseau Institutionnel et PStage Technique International D’Archives Année; Magíster y doctorado en Estudios Ibéricos e Iberoamericanos (Université de Franche-Comté, Francia); y Postdoctora en Redes sociales (Universite Toulouse Le Mirail, Francia).

 

 

Fecha de recepción: 13 de junio de 2017.

Fecha de aceptación: 20 de junio de 2017.

 

 

Entrevistadores: ¿Qué interpretación tienes acerca del “desarrollo” de las migraciones?

Entrevistada: Lo primero que considero es que uno de los problemas principales en el mundo es la migración. Se ha convertido en un problema por una supuesta “contradicción” que aparece entre las políticas económicas mundiales y el hecho mismo de las crisis económicas que esas políticas mundiales están produciendo. Eso ha permitido el desarrollo de ideas más conservadoras; como ha ocurrido a través de la historia, cada vez que hay una crisis económica como en este momento, se evidencia una reactivación muy fuerte de la tendencia fascista -aparejada con el nacionalismo o formas de nacionalismo- que pretenden encontrar culpables a las personas foráneas para no reconocer la crisis interna. No es otro asunto que políticas económicas mundiales avivando y haciendo crecer la guerra en todo el mundo.

Curiosamente, los países que están impulsando la guerra obtienen grandes ganancias a partir de la venta del armamento en el mundo. Esto hace que la contradicción se haga mucho más fuerte porque lógicamente aumenta la población que tiene que desplazarse, pero esa población se desplaza no sólo por la guerra sino por las mismas condiciones económicas -porque se necesita buscar empleo-; y en un mundo que se supone tan integral, tan interrelacionado, el absurdo total es pretender limitar las relaciones sociales y las de búsqueda de apoyo. Es claramente un grave problema de derechos humanos que interesa poco a las tendencias fascistas aunque gracias a eso están creciendo políticamente. En concreto, estamos viendo un genocidio mundial de poblaciones, una doble moral en los planteamientos de países defensores de los derechos humanos que persiguen a los migrantes y los mantienen en condiciones de vida infrahumanas. El caso de Francia y de los gobernantes neoliberales -los que más apoyan esta política económica- es diciente.

En segundo lugar, yo no diría el “desarrollo” de las migraciones, porque las migraciones están en crecimiento, pero están en involución de condiciones. Entonces ¿qué sería el “desarrollo” para los migrantes si están retrocediendo sus posibilidades, condiciones y sus derechos? Ese retroceso aumenta las contradicciones políticas que vuelven a llevar al aumento de migraciones. La lógica del neoliberalismo es la ilógica política y económica -y los migrantes se mueven en eso-.

A propósito de América Latina, los procesos de migración están enmarcados en esa misma óptica general. Por ejemplo, las presiones del neoliberalismo sobre propuestas como la venezolana -independientemente de los logros o no del régimen venezolano- generan expectativas. Los políticos en Colombia están diciendo “que se muera el régimen”, “que se caiga”; oímos todas las cosas de Uribe y sus discursos contra el llamado “Castrochavismo”. Apoyan toda la crisis del sistema pero  a su vez están diciendo “llegan acá [a Colombia] prostitutas y miserables”. En general, en los países se está viendo, por ejemplo, en relación con Argentina, que en la medida en que el régimen se vuelve más de derecha se cierran todas las puertas para las migraciones de investigadores, de estudiantes de carrera y de trabajadores; las opciones laborales también se cierran. Es un tema muy relacionado, por un lado con la economía, y por el otro, con la falsa inspiración de los regímenes políticos.

 

Entrevistadores: ¿Y cómo ves a Colombia en este contexto de América Latina y del mundo?

Colombia llegó a ser el país que tenía más población fuera y realmente llegamos a una situación en la cual la meta del colombiano era irse del país. Todo el mundo quería irse de Colombia. En Colombia ha sido además muy común la migración en función del tipo de producción regional. Como no hay estabilidad en el empleo, muchas regiones se han hecho de población migrante. Durante las cosechas de café, por ejemplo, van a una zona a trabajar el café y después se quedan sin empleo, y tienen que ir de un sitio a otro, de una región a otra a conseguirlo. No hay que olvidar la gran migración que tuvieron que realizar los chocoanos: los hombres se quedaban en el Chocó [pacífico colombiano] mientras las mujeres tenían que ir a otras partes como empleadas del servicio doméstico. Solamente tienen –y tuvieron- esa alternativa. El problema es que esa población no tiene una estabilidad: no tiene estabilidad psicológica, no tiene estabilidad social, no tiene si quiera lugar de vivienda, no tiene estabilidad de empleo ni de recursos. Y como no tienen un marcado nivel de educación y no pueden acceder a los puestos que exigen una formación académica, generalmente son personas muy segregadas y muy sobre explotadas. Por consiguiente, podemos decir que esa es la situación de la población colombiana en el contexto de América Latina.

 

Entrevistadores: ¿por qué consideras importante abordar esta problemática del desplazamiento forzado en Colombia?

Entrevistada: Lo primero que tendría que decir es que hemos hablado del desplazamiento fundamentalmente económico-social pero -desde luego- no estoy de acuerdo con la consideración del desplazamiento forzado como migración. Esa fue la tesis –precisamente- del uribismo para negar el reconocimiento del desplazamiento forzado como violación de los derechos humanos en el marco de un conflicto; conflicto armado que no reconocían. Por eso no estoy de acuerdo. Pienso que si bien hay un movimiento poblacional, las motivaciones son muy distintas. No se puede confundir el desplazamiento forzado con el término de migración. Tienen implicaciones muy diferentes. El desplazamiento forzado está íntimamente ligado a una violación profunda de derechos humanos y al despojo en un lugar determinado, a la acción del terror generado por los actores de la guerra, que va a obligar a que la población tenga que emigrar para salvar la vida; por eso es forzado. Entonces es muy distinto. Migrar para formarse educativamente, migrar para encontrar un empleo o mejorar las condiciones de vida, es muy distinto a migrar para salvar la vida y como una respuesta al terror de la guerra.

 

Entrevistadores: En ese sentido, ¿cuáles consideras que son las causas del desplazamiento forzado?

Entrevistada: Preguntarse por las causas del desplazamiento forzado es preguntarse por las causas del conflicto. La primera y más importante causa del conflicto es la negación de las élites a permitir una expresión política a los sectores de izquierda en el país: un plan de genocidio contra toda la izquierda colombiana. Eso –lógicamente- ha llevado a que haya una radicalización de algunos sectores de izquierda, a la formación de las guerrillas. Hay algunas personas que sostienen que los paramilitares nacen porque existen las FARC. Es una aseveración totalmente falsa porque los paramilitares existen desde el siglo XIX, en los ejércitos privados de los hacendados y, después [hoy en día], cuando se re-organizan, lo hacen gracias a una política de Estado impulsada desde los Estados Unidos con el “Plan Colombia”. La política que plantea involucrar a los civiles en la guerra del genocidio de la izquierda colombiana. Esa propuesta de genocidio es la que va a causar otros asuntos. Podemos suponer que el efecto es la causa, de manera que ese abandono social, económico y cultural, esa falta de un Estado que cumpla con sus responsabilidades -el Estado es el principal responsable de la guerra en Colombia, por omisión- se combina con cómo el Estado se hace responsable de la guerra también por acción: la presencia de los paramilitares en las regiones es una muestra.

No hemos tocado el problema del narcotráfico ¿cierto? El problema del narcotráfico que impulsa la acción de políticos y de paramilitares termina involucrando también a los sectores de guerrilla. Por eso todos los actores son culpables de desplazamiento forzado en Colombia independientemente que los mayores culpables del desplazamiento forzado en Colombia sean los paramilitares.  Ahora, estos paramilitares, no sólo están sustentados en el poder militar del Estado, sino que además están apoyados por los sectores económicos de las regiones. Los sectores tienen una tendencia a la extensión de las propiedades, de los cultivos, de una apropiación de las tierras. Ese despojo de la tierra es uno de los factores que se vuelve preponderante en relación con el desplazamiento forzado. El desplazamiento se convirtió en una táctica para quedarse con las tierras de los campesinos.

 

Entrevistadores: es un negocio…

Entrevistada: ¡Claro!, es un negocio: para eso se tenía a los notarios. Poder comprar a precios irrisorios es el objetivo. Un ejemplo: si su finca valía un millón yo le daba 20 mil, y si no le gustaba, entonces usted se iba y yo ya no le daba los  20 mil. Pero  la tierra si quedaba allí. Luego,  ellos [los paramilitares] entran en posesión y los notarios les hacen el juego de certificarles la propiedad. Cuando se aceptaban los 20 mil, de todas maneras le tocaba irse, pero le tocaba irse después de firmar los documentos; las ventas a precios irrisorios o incluso nada.  Ese ha sido un factor muy importante, que no es la causa inicial de todo el conflicto pero que sí es el resultado de la misma degradación del conflicto y que se va haciendo más intenso en la medida que el conflicto se degrada cada vez más.

 

Entrevistadores: ¿podríamos hablar que esto hace parte de las consecuencias a corto, mediano o largo plazo?, además del narcotráfico, ¿cuáles serían esas consecuencias?

Entrevistada: Estamos viendo una entrega total de los recursos al capital privado y al capital internacional. Eso es una consecuencia inmediata. Pero, aparte de eso hay un daño ecológico gigantesco, porque grandes extensiones selváticas-gracias a la expansión de paramilitares aliados con los agroindustriales y mineros- han implementado el monocultivo con todos los productos químicos posibles. El daño ecológico es muy grande, ni hablar del daño ecológico que genera la minería, que eso es casi que obvio. Creo que lo entendemos muy bien, por los productos que utilizan y por la infertilidad en la cual dejan la tierra después de haber removido y destrozado la naturaleza.

Pero yo pienso que el daño fundamental es el daño humano a corto, mediano y largo plazo.

Por una parte, porque varias generaciones se han perdido éticamente en el proceso de la guerra. De manera que los paramilitares y los militares que se formaron en medio de la guerra se fueron cada vez degradando más en las técnicas de la guerra. Finalmente son personas –no se puede decir que no hay personas recuperables-, pero son personas que a corto y mediano plazo están causando graves problemas sociales.

A largo plazo van a implicar muchas dificultades psicosociales.También para la generación de mecanismos de recuperación e integración a la vida de la democracia liberal o neoliberal que tenemos. Después de haber  aprendido a picar y a comerse los pedazos de cuerpos con salsa de tomate, o cuando se ha metido a los seres vivos a hornos de cremación o cuando los ha desmembrado y tirado a los ríos para que se los coman los peces o cuando ha aprendido a cortar a una persona para que se la coman los marranos y a violar a las mujeres mientras están viendo a sus esposos morir en esas situaciones, sin duda, todo esto son aberraciones muy difíciles de superar.Y son muy difíciles de superar tanto para estas personas que las hicieron -que muy difícilmente son recuperables para la sociedad- como desde luego, fundamentalmente, para las víctimas que tuvieron que sufrir eso.

Paramilitares y militares se acostumbraron a ganar sumas, salarios, ingresos, que no van a ganar en otras condiciones. De manera que ellos no quieren aceptar el someterse a unas condiciones de legalidad que les impliquen la pérdida de ingresos. No sé por qué nadie lo comenta, pero lo cierto es que desde cuando salieron los paramilitares que estaban en la cárcel por la Ley de justicia y paz que firmaron con Uribe, aumentó el índice de criminalidad. La pregunta es ¿Por qué? Pues porque ellos están en las calles con una actitud terriblemente violenta; si no han sido formados, si no echados simplemente a la calle –y les dicen: “ya pasaron 3 años, ahora se van a la calle”-, entonces no han tenido ninguna recuperación psicológica y ninguna formación para el empleo y en cambio sí están en la calle otra vez para buscar los mecanismos que permitan mejorar sus ingresos.

Por otra parte, si hablamos de la población víctima, allí sí entramos en una situación que va a afectar al país por mucho tiempo. Llevamos un poco más de 9 millones de víctimas y si tenemos unos 45 millones de personas en el país, entonces imaginen ustedes cuántas víctimas tiene cada quien a su alrededor. Por tanto, la situación de las víctimas -la crisis humana de las víctimas- es la crisis humana de toda la sociedad, no sólo por la solidaridad que nos implica oponernos a la violación de los derechos humanos, sino simplemente porque son casi todas las familias del país.

Ahora bien, pero eso no quiere decir que todas las víctimas estén integradas a sus familias. Las víctimas están desplazadas en lugares de tercer orden, segregadas y en condiciones de miseria, y lo más grave, las políticas del Estado se han orientado simplemente a atender la reparación material. Pero la reparación fundamental, la que va a quedar y causa el daño psicológico y la ruptura de redes sociales; de esa no se ha hecho nada en el país, absolutamente nada. Por algo las víctimas dicen, muchas madres dicen “mi hijo no tenía precio” porque se les ha querido callar entregándoles un dinero y lo que realmente ellas esperan es conocer la verdad; que haya verdad y justicia, de lo contrario, no puede haber reparación.

Sin embargo, lo que ha primado con la Ley dejusticia y paz, es una total injusticia. Las víctimas son maltratadas cuando llegan a los escenarios de “justicia”: terminan re-victimizadas. Los paramilitares descubrieron que la fórmula para no tener que decir dónde están los familiares de las víctimas es simplemente decirles que “lo boté al río”, y como necesitan hacerles culpables de alguna cosa, para poder ir sólo 3 años a la cárcel, entonces dicen: -“Ah sí, ese caso… ¡sí, sí!, yo soy culpable”. Frente a lo cual la necesidad de saber la verdad por parte de las víctimas continúa: “¿Y dónde está mi hijo? Dígame por favor ¿por qué lo mató…?” La respuesta de los victimarios: “No, yo… Recibí una orden y lo tiré al río.”

De manera que ese es el “desplazamiento” de responsabilidades para no asumir ninguna responsabilidad. Desde luego que no hay ninguna reparación a las víctimas por parte de los actores en guerra. El único recurso que les ha quedado a algunas víctimas ha sido reivindicar la memoria, reivindicar la memoria como la única posibilidad de fijar su versión para la construcción en el futuro de una verdad.

Voy a mencionar un ejemplo: llevamos años en Bucaramanga luchando porque se haga el museo de la memoria, algo que debería asumirse desde la administración municipal. Propuse un proyecto para que se hiciera un museo de la memoria en Café Madrid. La respuesta: no invierten para nada en ese tipo de cosas. Y hay una utilización terrible porque las víctimas tienen una forma de organización gestada a partir de la misma Ley de Víctimas [Ley 1448 de 2011]. Las mesas de participación, en donde se supone que van personas elegidas por las víctimas, son terriblemente manipuladas por las administraciones hasta el punto en que convierten a las víctimas en mendigas ante el Estado: le quitan todo tipo de dignidad a las víctimas a través de eventos manipulados por los gobiernos locales. De igual forma, hay muchas organizaciones que están tratando de sacar ventaja y se volvió también una moda que los investigadores exijan recursos al Estado para poder figurar haciendo investigaciones sobre las víctimas.

Así que a corto, mediano y largo plazo, las víctimas siguen y seguirán en esta sociedad estando igualmente afectadas independientemente de los acuerdos de La Habana. Independientemente de si la corte no nos quita el derecho de saber la verdad. ¿Por qué?, porque la presión de la extrema derecha en el país es demasiado fuerte. La gran extrema derecha apoyada por paramilitares y militares tiene gran poder económico. Esa presión impide que, por lo menos, los acuerdos que se consiguieron para alcanzar un mínimo nivel de verdad, puedan ser posibles.

Pensemos que todavía en Europa, después de la segunda guerra mundial, se están tratando de recoger testimonios y de hacer memoria para lograr encontrar una verdad sobre lo que pasó. En Argentina pasa lo mismo. En Argentina y en Chile todavía están los equipos de investigadores tratando de recoger la memoria de las víctimas para tratar de abrir caminos hacia la verdad. Y eso pasa en casi todos los países latinoamericanos que han sufrido los procesos de dictadura. De manera que eso deja una marca y una obligación: a mediano y a largo plazo, tenemos que entender que los programas de memoria no son para que se acaben ahora. Eso nos tiene que marcar una línea de acompañamiento a las víctimas para poder recoger sus voces.

No puede volver a pasar lo que sucedió bajo el gobierno de Uribe, cuando se firmó la Ley de justicia y paz [en el 2005]. En ese momento se buscó que la memoria tenía que construirse a partir de todas las declaraciones que darían los paramilitares. Así se trabajó la memoria: la primera versión de lo que ahora es el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) se generó a partir de las declaraciones de los victimarios. Pero poco a poco las mismas organizaciones de víctimas fueron luchando y las mismas organizaciones de derechos humanos fueron luchando por una concepción diferente en la ley y lograron que en la Ley de víctimas se creara el CNMH. Empieza a ser una versión oficializada a través del envío de muchísimas versiones; es decir, inundar al país de versiones en un país donde nadie tenía con qué hacer investigación ni con qué producir los libros fue la estrategia oficial. Eso hace que, así ellos digan que no es una historia oficial, de hecho estén oficializando sus versiones. Y ni hablar ahora que, por decreto presidencial, el ministro de la Guerra [ministro de Defensa] entra a formar parte del comité de dirección de orientación del CNMH. La tarea es muy difícil y va a requerir muchísimos años.

Ahora, que la sociedad logre integrar a estas personas es otro problema también muy difícil.¿Por qué?, porque nuestra sociedad es clasista, es racista, es elitista, es machista y segregacionista. Pensemos en un aspecto: ¿Por qué la mayoría de la población que ha sufrido desplazamiento forzado son mujeres? En la guerra mataron a los miembros varones de la familia y ellas salieron huyendo, generalmente con los hijos, para tratar de salvar sus vidas. Es decir, la forma de salvar su dolor, fue salir a aguantar hambre y miserias sin saber para dónde iban cargando a sus hijos. Planteemos una pregunta: ¿cómo va a ser la integración de esas mujeres? Si las que estamos en las universidades o estamos en los bancos o estamos en otras condiciones, estamos tratando que nos respeten nuestros derechos, que haya políticas de género, que nos permitan realmente una valoración y un respeto y un derecho a la igualdad y no lo conseguimos, ¿Qué se puede esperar para estas mujeres que llegan en esta situación? Pobres, miserables, viviendo en zonas de invasión, en tugurios de las ciudades, o por ejemplo, como aquí en Bucaramanga -embutidas en Café Madrid-, hacinadas en unas bodegas, en donde ni siquiera tenían servicios públicos y tenían que llegar a pagarles a los paramilitares por el derecho a tener un lugar de la bodega en el piso…

Pensemos en otro aspecto. También nuestra sociedad es segregacionista. No hemos podido aceptar la diversidad cultural, no hemos podido aceptar que estamos viviendo los regionalismos exacerbados por la política fascista ultra conservadora. De manera que llegan a la ciudad receptora personas que vienen de muchas otras regiones y son discriminadas por ser “costeños”, paisas”, “santandereanos”, etc. Existe una violencia cultural en ese regionalismo. Realmente son aberraciones que se toman como valores a cuidar; como si fuera tradición cultural. En ese contexto, se van a tener grandes dificultades en el ejercicio de integrar a la población de regiones en contexto de guerra. Integrarlas en dignidad va a ser muy difícil económica, social, cultural y psicológicamente. De eso no se habló en los acuerdos de La Habana: la necesidad de producir el cambio cultural y educativo. Y sabemos por las enseñanzas de Braudel que esos cambios se producen en largos períodos históricos. La economía y la política se mueven con gran rapidez en periodos cortos de tiempo pero la cultura no. Así que los retos están en el largo plazo. En la cultura es que se debe aprender a convivir con el otro. Hay que cambiar el problema de la integración que supone lo siguiente: “usted debe ser como yo y entonces yo lo acepto”. Ese aspecto cultural hace que se genere más violencia. Los migrantes del mundo viven esa situación de conflicto: explotación y segregación. De manera que los retos están en los cambios culturales. 

 

Entrevistadores: Volvamos a la cuestión del desplazamiento forzado. La memoria se ha “oficializado” ¿Cuál sería entonces el rol de AMOVI dentro de ese contexto?

Entrevistada: Bueno, yo pienso que fácilmente en medio de este combate de memorias -la memoria puede ser manipulable y lo que se hace desde el Estado es manipularla a favor de ciertos intereses-…Muchas personas y muchas organizaciones de derechos humanos y de organizaciones de víctimas en el país se han empeñado en tomar una posición para que la única versión no sea la del Estado. ¿Cuál es la diferencia entre estas organizaciones y AMOVI en ese sentido? AMOVI tiene una propuesta desde la academia y eso le da una cierta fortaleza. En estos días, Camilo Domínguez nos decía en una visita a Bucaramanga -les decía a las víctimas- que sólo confiaran en la academia para sus ejercicios de memoria, porque las otras instituciones dependen de los políticos. El Centro de Memoria de Bogotá es un ejemplo. Cuando la tenía un político  funcionó pero llegó otro y acabó con el proceso. Por eso él decía: “lo único que le queda a las víctimas para confiar es la academia”. Ahora, la academia entonces tiene demasiadas tareas en ese sentido porque estamos hablando de un país terriblemente victimizado y con aproximadamente 9 millones de víctimas – de las cuales 8 millones 200 mil víctimas han sido reconocidas por el Estado-. Pero, ¿cómo repararlas?

De manera que esto me lleva a la última parte de la pregunta. No sólo la posibilidad de réplica, si no la necesidad de réplica. Yo estoy absolutamente convencida que otras universidades públicas tendrían que plantearse la posibilidad de emprender caminos similares -no tienen que ser idénticos, pero sí similares- contando con las condiciones de la región para que puedan apoyar este proceso, porque de lo contrario este proceso va a quedar con una verdad de los victimarios. Ahora bien, AMOVI es algo muy particular porque nació de las víctimas -yo siempre reivindico esto-: las víctimas que confiaron en nosotros para darnos su voz. El principio de AMOVI es que la historia debe construirse a partir de las voces de los sub-alternos, de las voces de las víctimas que tienen la versión de cómo ellas sintieron y vivieron; cómo han logrado llegar a la situación actual en el momento de cada entrevista. Por eso trabajamos con esas trayectorias de vida. Ahora, la primera vez que las víctimas confiaron en nosotros para darnos estas entrevistas lo logramos gracias a un trabajo con las comunidades, que confiaron en nosotros y nos permitieron hacer construcción de trayectorias de vida de víctimas asentadas en el café Madrid de Bucaramanga.

Para hacer la investigación, nosotros llegamos con un consentimiento informado que nos avala –y nos avaló- el Comité de Ética de la Universidad, en donde les decimos que nosotros nos vamos a asegurar que su relato esté protegido y que se podrá conocer lo sucedido, pero nunca elementos que permitan la identificación de la víctima. Así que en medio de todo esto me tuve que plantear una cuestión: “¿cómo puedo hacer para que le podamos cumplir esto a las víctimas?” Quizás hemos ofrecido una cosa que no sabemos cómo la vamos a cumplir, y me dije “la única forma es generar un archivo que maneje técnicamente las voces de las víctimas y las expresiones del movimiento social y político”. Es así entonces cuando propusimos el proyecto a Colciencias para un período de tres años: un compromiso de poner en marcha un archivo oral de víctimas. Eso implicó que la universidad se comprometiera a generar una institución dentro de una institución. Cada archivo es una institución, un área institucional que asumiera esas tareas y desde ese momento empezamos a trabajar por la memoria: partiendo de la importancia de la voz de las víctimas.

En este momento AMOVI tiene una particularidad, y es que como trabaja con la violación de delitos de derechos humanos y de derecho internacional humanitario en el marco del conflicto, y las afectaciones socio-políticas, y el movimiento social y político que todo el conflicto ha implicado, no se detiene exclusivamente en las colecciones o en los soportes digitales. El archivo se llama oral para destacar el que se privilegia la oralidad, la expresión, la palabra de las víctimas. Pero el proyecto desde el cual se concibió, dejó claro que podría tener documentación en todo tipo de soportes. Hemos ido formando un acopio de archivos, todos relacionados con los derechos humanos.

Las universidades en el país, durante mucho tiempo ayudaron a copiar los fondos judiciales de los juzgados y del sistema de justicia, que eran botados y abandonados. Las universidades hicieron una importante labor de salvamento de esa documentación. Eso fue en varias ciudades del país y fue el origen del Archivo Histórico Regional de la Universidad. Fue un momento histórico importante y ahora el momento histórico está en medio de la tragedia de guerra que nos impone otras responsabilidades: la salvaguarda de un conjunto de documentos relacionados con las víctimas. De allí la importancia del contrato de custodia. El Estado tiene la obligación de custodiar archivos en peligro incluyendo los existentes en las universidades. Por tanto, los combates por la Memoria se dan en medio de todo esto. Por eso, frente a una eventual Comisión de la Verdad, los archivos son claves para esclarecer las responsabilidades judiciales y extrajudiciales de los victimarios. Eso genera un gran temor por la documentación conservada en los archivos. Y por esa misma razón los archivos están en riesgo constante. Una entidad como la Universidad no puede resguardar todos los archivos del país, pero puede reproducir experiencias similares a la de AMOVI con el fin de preservar la memoria de las víctimas.

 

Entrevistadores: ¿Cómo imaginas a AMOVI de aquí a 10 años? ¿Se podría reproducir la experiencia de AMOVI en otras regiones como el sur de Colombia o como en el pacífico?

Entrevistada: No lo hemos pensado como un AMOVI, pero sí que otros archivos de derechos humanos nazcan en otras regiones. De hecho, en esta semana vinieron de la Universidad del Valle a conocer la experiencia porque están muy interesados de ver cómo ellos también podrían quizá pensar en alguna experiencia un tanto similar. Algunas otras corporaciones u ONG han tratado también de recoger documentación desde las víctimas, desde organizaciones más pequeñas con archivos que están en muy mal estado. Ahora bien, ahí surge otro problema y es que una organización de víctimas no quiere quedarse sin su archivo. La campaña que nos viene ahora, que es muy importante hacer, y para la cual deberíamos tener más recursos -pero eso sí no veo cómo los vamos a tener- es la formación de todas estas organizaciones y estas comunidades para que entiendan que se pueden quedar con su memoria en los soportes en las que las tienen pero, para garantizar su existencia, se debe hacer una organización y una reproducción. AMOVI puede adelantar la salvaguarda de esas copias, de esos archivos para que ellos no se sientan despojados de su memoria. Si AMOVI se plantea como una central de acopio - nosotros estamos haciendo copias para tener una salvaguarda en el CINEP, y el CINEP a su vez está haciendo copia para tener una salvaguarda por fuera del país- tendríamos que poseer muchos más recursos para poder llegar a todas estas organizaciones, para poderles decir -de hecho ya lo estamos haciendo- “estamos guardando -por ejemplo- el archivo de la Campaña de Minas, estamos salvaguardando el archivo de la Corporación Regional para la Defensa de los Derechos Humanos, etc.” Ellos tienen sus archivos, pero nosotros les ofrecemos la salvaguarda por la vía de haber organizado esos archivos y conservar una copia que se rige por las políticas de consulta y manejo que ellos quieran definir.

Cuando a mí me donan un archivo, yo decido las políticas por las cuales va a regir, pero cuando me lo dan en salvaguarda, tengo que respetar las decisiones de los propietarios. Debo asegurar que esa información no se va a perder. Sobre todo, habría necesidad de estar ampliando este ejercicio de una manera muy importante. Otra cosa que yo pienso que es importante de AMOVI, es la opción que sea la academia la que salvaguarde eso y no el Estado. De nuevo el combate por la memoria.

Por otra parte, desde AMOVI también buscamos generar conceptos teóricos. Generamos un concepto que empieza ya a ser reconocido, incluso por organizaciones políticas en sus trabajos sobre la memoria, que es de la memoria histórica razonada. Básicamente es el desarrollo de tesis de otros grandes pensadores, pero que logró plasmarse como tal y que empieza a recordar que la memoria no es una cosa de simplemente recordar el pasado, sino para qué recordamos el pasado. Es la posibilidad de rememoración y de mantener viva esa memoria de manera que pueda servirnos siempre y cuando comprendamos lo que pasó, la podamos emplear en planear el futuro. Se trata que podamos llorar nuestras víctimas en medio de un análisis de por qué pasó y que gracias a esa comprensión logremos tener una conciencia política y una decisión de acción para cambiar la realidad. Ahí es donde podemos apostarle a eso que llamamos construcción de la paz: una memoria para la acción, para la organización y para promover el cambio.

 

Entrevistadores: ¡Y esperamos que así sea! Muchas gracias por tus valiosos aportes para comprender la diferencia entre Migraciones y Desplazamiento Forzado en Colombia a partir de la experiencia de AMOVI.

 

Entrevistada: Muchas gracias a ustedes



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