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Inicio > Archivos > Vol. 6, Núm. 12 (2018)

 

Ciudadanía digital y acción colectiva en América Latina: una crítica de la mediación y apropiación social

Cidadania digital e ação coletiva na América Latina: uma crítica da mediação e apropriação cultural

Digital Citizenship and Collective Action in Latin America. Rethinking the social mediation and appropriation

 

 

Tommaso Gravante

Doctor en Ciencias de la Comunicación

Becario posdoctoral Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, Universidad Nacional Autónoma de México

Ciudad de México, México

t.gravante@gmail.com

http://orcid.org/0000-0003-1168-931X

 

Francisco Sierra Caballero

Doctor en Ciencias Políticas

Catedrático de Teoría de la Información, Universidad de Sevilla

Sevilla, España

fsierra@use.es

http://orcid.org/0000-0001-7398-7588

 

 

Resumen: Teniendo como punto de partida el análisis de las experiencias latinoamericanas, con el presente artículo se pretende contribuir a la discusión que se está dando tanto en la academia como en los movimientos sociales sobre el mediactivismo, la acción colectiva y las tecnologías digitales, centrándonos en los procesos de apropiación y uso de las tecnologías digitales que los movimientos ciudadanos han desarrollado durante este nuevo ciclo de protestas. Con este objetivo proponemos una reflexión crítica que se centra en la dimensión biográfica y comunitaria de estas experiencias.

 

Palabras clave: acción; colectiva; apropiación; social; empoderamiento.

 

Resumo: Tendo como ponto de partida a análise das experiências latino americanas, o presente artigo pretende contribuir com a discussão que ocorre tanto na academia quanto em movimentos sociais sobre o midiativismo, a ação coletiva e as tecnologías digitais, centrando-se nos procesos de apropriação do uso das tecnologías digitais que os movimentos de cidadãos tem desenvolvido durante esse novo ciclo de protestos. Com esse objetivo pretendemos propor uma reflexão critica que se concentra na dimensão  biográfica e comunitárias destas experiências.

 

Palavras-chave: ação; coletiva; apropriação; cultural; emponderamento. 

 

Abstract: In the last two decades, the social movements in Latin America have experienced new social mediation processes led by new generations of digital citizens willing to challenge the hegemonic place of traditional information media. Regaining from these alternative digital media’s experiences and the critical tradition of participatory communication for social change as it developed in Latin America, in our paper we propose a critical and theoretical framework centred in the biographic and communitarian dimension of the protest.

 

Key words: collective; action; social; appropriation; empowerment.

 

 

 

 

Fecha de recepción: 4 de marzo de 2018.

Fecha de aceptación: 3 de mayo de 2018.

 

 

 

 

Citar este artículo:

 

 

Chicago para las Ciencias Físicas, Naturales y Sociales

Gravante, Tommaso y Francisco Sierra Caballero. 2018. Ciudadanía digital y acción colectiva en América Latina: una crítica de la mediación y apropiación social. Reflexión a partir de experiencias entre algunos pueblos amerindios de Venezuela. Revista nuestrAmérica, 6 (12): 79-100.

 

Chicago para las Humanidades

Gravante, Tommaso y Francisco Sierra Caballero, “Ciudadanía digital y acción colectiva en América Latina: una crítica de la mediación y apropiación social”, Revista nuestrAmérica 6, no. 12 (2018): 79-100.

 

APA

Gravante, T. & Sierra Caballero, F. (2018). Ciudadanía digital y acción colectiva en América Latina: una crítica de la mediación y apropiación social. Revista nuestrAmérica, 6 (12), 79-100.

 

MLA

Gravante, Tommaso y Francisco Sierra Caballero. “Ciudadanía digital y acción colectiva en América Latina: una crítica de la mediación y apropiación social”. Revista nuestrAmérica. 6. 12 (2018): 79-100. Web. [fecha de consulta].

 

Harvard

Gravante, T. & Sierra Caballero, F. (2018) “Ciudadanía digital y acción colectiva en América Latina: una crítica de la mediación y apropiación social”, Revista nuestrAmérica, 6 (12), pp. 79-100. 

 

 

 

 

 

 

Esta obra podrá ser distribuida y utilizada libremente en medios físicos y/o digitales. Su utilización para cualquier tipo de uso comercial queda estrictamente prohibida. CC BY NC SA 4.0: Reconocimiento-No Comercial-Compartir igual-Internacional

 

 

 

1. Introducción

El proceso de apropiación y uso de las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (NTIC) y de los medios digitales en América Latina se inserta en las conflictivas y contradictorias luchas por la democracia en la región ante la falta de canales de visibilidad de un sistema privativo y en ocasiones de virtual monopolio dominante en los medios oficiales analógicos y digitales. El levantamiento de las comunidades indígenas de Chiapas en 1994 fue una de las primeras ocasiones a nivel internacional en que se utilizó la red de Internet como medio de protesta y apoyo a una lucha social, original en su retórica y global en sus expresiones antagonistas. La sublevación zapatista del EZLN representó en México y América Latina una doble ruptura simbólica y mediática al coincidir, por un lado, con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio, y, en segundo lugar, por hacer visible en el espacio mediático la realidad de la población indígena, históricamente excluida del espejo catódico (Sierra 1997 y 1999; Magallanes Blanco 1999 y 2011).

Desde 1994 a nuestros días, gracias a la difusión masiva de las tecnologías a bajo costo y la amplia experiencia acumulada desde la década de los sesenta en materia de comunicación popular y comunitaria (Beltrán 1993), las experiencias digitales y las redes interactivas han contribuido a facilitar en la región los procesos de empoderamiento de las NTIC y de la cultura digital tanto en la protesta como en todos los aspectos de lo social, y, paulatinamente, de paso, han horadado las bases institucionales del modelo centralizador y jerárquico de mediación de las representaciones sociales de empresas como Televisa (México) y Globo (Brasil), modelos arquetípicos del sistema jerárquico de control de las imágenes y los discursos públicos en la región (Bolaño, Mastrini y Sierra 2012).

A partir del análisis de las experiencias históricas acumuladas en América Latina, el presente artículo trata de aportar una mirada crítica sobre la mediación en torno al papel de los nuevos movimientos sociales y el netactivismo, centrándonos en los procesos de apropiación y uso de las tecnologías digitales que los movimientos ciudadanos vienen desarrollando a lo largo de las dos últimas décadas. Y ello enmarcando la lectura en la experiencia subjetiva de los actores sociales como analizador histórico revelador de los nuevos procesos de cambio social pues se constata en las nuevas teorías de la acción colectiva que la dimensión biográfica y comunitaria de estas experiencias, el proceso de apropiación de las tecnologías digitales viene determinado por el entorno cultural y cotidiano de los protagonistas, de tal modo que el uso creador del proceso de apropiación de las NTIC da lugar a espacios productivos en los cuales se repiensa y se reafirma la identidad individual y colectiva de los nuevos actores políticos en la región (Sierra y Gravante 2017 y 2018; Gravante, 2016).

 

 

 

 

2. Subjetividades emergentes en América Latina

 El fin del milenio, se caracterizó por la emergencia de un movimiento global en contra de las políticas neoliberales y sus efectos sociales, principalmente, el aumento de la desigualdad e injusticia social (Pleyers 2004; McDonald 2006,). Este movimiento altermundialista se construyó alrededor de la idea que la globalización debía viajar paralelamente al desarrollo humano y ser incrustada en  los valores sociales y ambientales de igualdad, justicia y respecto (Juris 2008; Pleyers 2010). El movimiento se caracterizó principalmente por reivindicar otras formas de participación políticas, por una concepción del cambio social que se centrara en la gente y las organizaciones locales más que en las decisiones de los responsables políticos o de las instituciones internacionales (Juris 2008; Pleyers 2010). Este movimiento se caracterizó por ser constituidos principalmente por jóvenes alter-activistas -por la mayoría de clase media urbana- (Juris y Pleyers 2009, 58) que hicieron particular énfasis en la importancia del compromiso personal, la organización de redes horizontales y por supuesto en la apropiación y uso de las TICs (Juris y Pleyers 2009), como fueron los proyectos Indymedia y Euraction Hub Project (Juris 2005).

Sucesivamente las transformaciones de la geopolítica mundial después de los atentados del 11S en 2001 representaron -principalmente para Europa, Canadá y EE.UU.- el declive de este movimiento. Mientras tanto, en América Latina se iniciaba un nuevo proceso de resistencias protagonizado por subjetividades individuales y colectivas (organizaciones de campesinos, comunidades de indígenas, colectivos de sin techo, de desempleados, villeros, chavos bandas, estudiantes, cartoneros, amas de casas, etc.) que desbordaron los análisis clásicos de la acción colectiva y las matrices tradicionales sobre «la política» y «lo social» (Zibechi 2007 y 2008). Estos sujetos sociales totalmente diferentes de los jóvenes alter-activistas, partiendo desde el patchwork de lo cotidiano (De Certeau 2000) y en línea con la tradición latinoamericana en comunicación ciudadana y participativa, dieron lugar a múltiples experiencias de articulación con medios digitales y analógicos en sus protestas.

Las páginas web creadas para romper el cerco mediático de los media mainstream a lo largo de las protestas populares en Argentina en 2001 o en la insurgencia de Oaxaca en 2006; el uso del Facebook y de los otros social media en las protestas estudiantil de los pingüinos en Chile o del movimiento “twitteado” mexicano #YoSoy132, así como del movimiento Occupy de Río y de Sao Paulo en Brasil; el uso de las NTIC por parte de los pueblos indígenas del subcontinente en defensa de sus territorios y de sus recursos naturales, hasta llegar a la reciente constitución de la blogsfera cubana que a través de la red digital está intentando re-producir y construir nuevos procesos de autonomía partiendo de los valores de la Revolución de 1959 pusieron en evidencia la emergencia de una nueva subjetividad política y el protagonismo de nuevos actores regionales como los movimiento indígenas y los movimientos populares urbanos, lo que en coherencia exige un cuestionamiento de las teorías al uso de la acción colectiva y el conflicto social desde el punto de vista de los medios de comunicación y representación de la cultura digital, perfilando, como consecuencia, nuevas matrices epistémicas y un pensamiento propio definiendo un enfoque decolonial desde el Sur (De Sousa Santos 2010a; 2010b; 2014; Yehia 2007) a fin de romper con la racionalidad binaria y externalizada del mediactivismo como un simple proceso de apropiación, resistencia y oportunidad política.

Desde los años setenta del siglo pasado, las prácticas locales y creativas de comunicación y los testimonios de resistencia suscitados a través de los procesos de comunicación participativa constatan desde entonces la potencia liberadora de los saberes invisibilizados y excluidos históricamente en la comprensión de la comunicación. En este sentido, se hace visible la construcción de pensamiento desde la praxis como posibilidad de reflexión y elaboración de teoría desde la práctica/acción, de acuerdo con Ramiro Beltrán, y la Investigación-Acción Participativa como metodología colectiva de producción de conocimiento desde la participación de los actores, siguiendo las exploraciones de Orlando Fals Borda en Colombia en torno a la experiencia de lo popular y lo cotidiano. De esta manera, en el ámbito de la comunicación, el conocimiento científico es interpelado por la emergencia de otros saberes desde las culturas populares, afroascendientes e indígenas, en función de la construcción socio-analítica de conocimiento colectivo como lógica de apropiación de los saberes locales comunes, resituando la práctica teórica en el terreno de las formas ancestrales y antagonistas de lo procomún, de la tierra y las cosmogonías invisibilizadas por la racionalidad cartesiana como opción epistémica y política frente a la condición de colonialidad en la que ha vivido históricamente América Latina.

 

3. NTIC, hibridación y prácticas creativas de resiliencia

Las teorizaciones en torno a la cultura en América Latina en relación con el mestizaje y la hibridación (García-Canclini 2001), permiten hoy comprender los juegos de sincretismo, resignificación, reconfiguración, deconstrucción y reconstrucción entre lo folclórico, lo culto, lo popular y lo masivo en nuestro subcontinente. Es esta condición latinoamericana la que inspira y orienta las reflexiones sobre otras modernidades desde la mirada de José Joaquín Brunner (1988) hasta la crítica al desarrollo de Arturo Escobar en La invención del Tercer Mundo (1995), identificando las bases de otra matriz cultural atravesada por el carnaval, los sincretismos, la diversidad de las culturas populares, la escenografía, la participación y la cooperación productiva que hoy debe ser repensada desde las cosmogonías indígenas que Bolívar Echeverría identificara como ethos barroco. Desde estas propuestas, analizar las prácticas de apropiación y uso de las NTIC significa salir de una mirada tecno-centrista y enfocarse en los procesos que se dan entre el medio digital y las personas, siempre tomando en cuenta que el proceso de apropiación está vinculado de forma vital con el cuerpo social y cultural en el cual se desarrolla el medio de comunicación, desde el punto de vista de la cultura cotidiana y las experiencias vivenciales de los sujetos involucrados. De esta forma, el proceso de apropiación o la relación de mediación, como la llama Martin-Barbero (1987), está subsumida en la cultura y en las experiencias de las personas. Estas se apropian de los medios para escucharse y reconocerse, un reconocimiento que no es pasivo sino que las transforma. El proceso de apropiación resulta vinculado de forma vital con el cuerpo social y cultural, y es desde esta perspectiva desde la que se legitima el proceso de apropiación (Subercaseaux 1989). Por este motivo, no es osado sostener que la apropiación se da cuando las personas dan sentido de pertenencia a las herramientas, las valoran y aprenden a usarlas para satisfacer sus necesidades e intereses o de los de su grupo social. Pudiendo resumir podemos destacar los siguientes patrones en los medios alternativos de comunicación que han emergido desde la reciente conflictividad social en América Latina:

-          son experiencias mediáticas generalmente de pequeña escala;

-          son experiencias que se caracterizan por el uso alternativo de la tecnología y no por el paradigma de la tecnología “alternativa”;

-          de maneras muy diferentes expresan visiones diferentes a las culturas, las políticas, las prioridades y a las perspectivas hegemónicas. Tanto con su actitud como con su posicionamiento político.

-          encuentran sus motivaciones en la cotidianidad –en las necesidades ordinarias o extraordinarias– vivida por los protagonistas;

-          se caracterizan por prácticas autogestionarias, es decir prácticas de creación, producción y distribución autodidactas, informales y de habilidades colectivas;

-           conllevan una capacidad emancipadora;

-          producen una horizontalidad comunicativa entre emisor y receptor;

-          son productores de narrativas, de necesidades, deseos e identidades individuales y colectivas;

-          producen un cambio cultural en las personas involucradas en la práctica mediática;

-          son portavoces de un cambio social relativo a la visión del mundo de las personas involucradas;

Sobre este tapiz, en los párrafos que siguen a continuación, vamos a detallar qué elementos caracterizan la práctica de la apropiación y uso de los medios digitales.

 

3.1. Creatividad y sentido social

Por lo descrito anteriormente, se entenderá que el proceso de apropiación de las NTIC no se agota con las tareas de la reproducción, con el CTRL+C y CTRL+V de los contenidos, la lectura de un manual o la descarga de una guía en Internet. Por el contrario, la apropiación de las TIC representa y posibilita también un mínimo de libertad, de iniciativa y otra producción de sentidos. El acto de apropiarse es un acto creativo e intencional de “el que se apropia”, una suerte de autonomía de la acción. No es una concesión de terceros ni impuesta por terceros, ni es concesión previa de lo apropiado (Neuman 2008), es un proceso en el que los individuos se implican en un proceso de autoformación y auto-comprensión (Freire 1970 y 1980). La capacidad de hacer nuestro implica no sólo la tarea de ensamblar “sino la más arriesgada y fecunda de rediseñar los modelos para que quepa nuestra heterogénea realidad” (Martín-Barbero 2002, 17). De esta manera, la herramienta tecnológica se transforma en un objeto relacional y de re-significación de las prácticas diarias de los sujetos involucrados en la experiencia mediática (Rueda Ramos 2009), generando en el proceso de apropiación y re-codificación de las tecnologías tanto usos diversos como otros nuevos no planteados inicialmente. Además, la práctica mediática es utilizada por parte de los individuos como vehículo para reflejarse a sí mismos y a los otros, y sobre el mundo al cual pertenecen.

Analizando en profundidad el uso de las NTIC respecto a las figuras del lector o del oyente o del telespectador, se destaca la dimensión activa de las personas, la cual se manifiesta en una actividad social, cultural, económica y política de pleno derecho (Cardon 2006). Con la difusión de las NTIC, la innovación tecnológica se ha descentralizado desde los centros de investigación públicos y privados. De hecho, la dimensión activa desarrollada por los usuarios se ha manifestado en una innovación por el uso (Von Hippel 2005) a partir de nuevas prácticas cotidianas. Efectivamente, si miramos atrás en la breve historia de Internet y de las tecnologías digitales, estas han llevado a ciertas rupturas significativas en el proceso de innovación tecnológica, las cuales han surgido desde las exigencias y propuestas de los usuarios (Gubitosa 2007; Torvalds y Diamond 2002; VV.AA. 1999; Lyon y Hafner 1996). Algunos ejemplos son el software libre, los virus, el file sharing, las diferentes wiki, el mismo sistema wi-fi, etc.

A partir de nuevos usos de las tecnologías, las habilidades que las personas desarrollan manifiestan una topología que, como sugiere Martín- Barbero, presenta tres estratos: el arcaico, el residual y el emergente (1987, 90). Lo que sobrevive del pasado en cuanto pasado –el arcaico- se proyecta sobre lo residual, sobre la trama en la que hay elementos incorporados por la cultura dominante y elementos que se resisten a esta. En este enmarañamiento se articula secretamente lo emergente, el proceso de innovación “en las prácticas y los significados” (1987, 90). En otras palabras, en el uso de la tecnología existe un proceso de adaptación, substitución y/o rechazo, y sin embargo, de hibridez entre las nuevas tecnologías de información y las viejas tecnologías, entre prácticas residuales y prácticas emergentes (García Canclini 2001). La práctica comunicativa dependerá no solamente de los usos, sino también, y fundamentalmente, de las formas sociales inscritas en el habitus de las personas. Este modelo de apropiación es un hacer que implica adaptación, transformación y recepción activa en base a un código distinto y propio de las personas en que está presente tanto el goce como la resistencia. Ejemplo de ello son las luchas de resistencia en defensa de los territorios y los recursos naturales por parte de comunidades campesinas y pueblos indígenas que han emergido como respuesta a las nuevas políticas extractivitas en América Latina y que se caracterizan por el uso creativo de las nuevas tecnologías. Experiencias con los medios digitales utilizados por el pueblo mapuche en Chile, los pueblos indígenas de la Selva Peruana, o las comunidades del Chaco Boliviano, entre otros, demuestran que en el uso de la tecnología existe un proceso de adaptación, substitución y/o rechazo, al tiempo que una lógica de hibridación entre las tecnologías digitales y las analógicas, entre las prácticas residuales comunitarias y rurales y las prácticas urbanas emergentes, entre las cosmovisiones indígenas y el imaginario de la nueva generación de nativos digitales. De esta forma el concepto de apropiación se transforma en una categoría en movimiento, desborda los límites de la reproducibilidad y de la heteronomía, es un acto en el que se rompe la lógica dicotómica entre lo original e imitado donde surgen nuevos productos resultado de la innovación de prácticas, de significados y a veces de herramientas.

 

3.2. Entornos cotidianos y territorio expresivo

En el modelo de apropiación delineado, se desarrollan determinadas relaciones y vínculos entre el medio y sus usuarios en los cuales se integran aspectos de identificación, de interacción, de proyección, de personalización, de territorialidad y privacidad. En un primer momento, las personas actúan sobre el espacio mediático para modificarlo, adaptarlo y dotarlo de significación. Por ello, entrando en el espacio físico de cualquier medio alternativo (una cabina de radio, las instalaciones de ordenadores, etc.) nos damos cuenta de cómo “lo popular se expresa en la ambientación” (Martín-Barbero 1987, 257); es decir, que el espacio alrededor del medio técnico vive un proceso de identificación por parte de los usuarios: desde pegatinas gritando al software libre, pasando por una foto del Che Guevara o la última foto de los hijos o de la novia, hasta llegar a un imán del pingüino de Linux, etc. Una identificación que se refleja también en el espacio binario virtual: el logo diseñado de una página web, un especifico jingle que caracteriza una radio, los avatares personalizados en un foro, etc. Todos estos símbolos sirven al mismo tiempo como señales de apropiación, ya que de esta forma se acota o delimita un espacio, y son indicadores de la personalidad de las personas que toman el medio.

En otras palabras, cuando las personas se apropian de un medio de comunicación no solamente desarrollan con este una relación utilitaria que puede tener como objetivo, por ejemplo, romper el cerco mediático de los media mainstream; al mismo tiempo establecen también una relación con el lugar en el cual la comunicación toma sentido, intentando dejar en él sus propias vivencias, su propia impronta (Pol Urrútia 1996; 2002). La identificación simbólica se vincula con procesos afectivos, cognitivos e interactivos a través de la acción sobre el espacio “ocupado”, las personas, los grupos y las colectividades transforman el espacio, dejando en él su ‘huella’ es decir, señales y marcas cargadas simbólicamente, como es el caso ilustrativo de las webs del pueblo Mapuche en lucha por sus territorios donde hay construcción simbólica desde el texto, las banderas, la imagen del poder del conocimiento religioso – la machi y del poder político – el lonco (Godoy 2003). Mediante estos procesos de interacción, las personas dotan de este modo al espacio mediático de un significado individual y/o colectivo. Además, con la realización del medio digital, uno de los primeros elementos del proceso dialéctico por el cual se vinculan las personas y el medio de comunicación es la elección del nombre, es decir, del dominio para las páginas webs, los blogs, etc. En la elección del nombre se reflejan los deseos y las motivaciones que llevaron a estas personas a implicarse en la lucha. Así por ejemplo es el caso del portal web Revolucionemos Oaxaca en las protestas del 2006, de la tv en streaming Rompeviento, de la web Tarifa Zero del Movimento Passe Livre (Free Fare Movement) en Brasil, etc. Así, en los últimos años, con la difusión en América Latina de los social networks, también los hashtags se transforman en espacios de significados propios: #NãoVaiTerCopa, #YoSoy132, #BRevolução, #comunidadmapuche, #VemPRaRua, etc.

El resultado de la relación que se crea con el medio digital permite a los protagonistas rediseñar la realidad que están viviendo y reinventar una zona mediática relativamente autónoma (Bey, 1985) organizada con sus prácticas horizontales y antiautoritarias que de forma temporal elude las estructuras hegemónicas de organización y/o control social, atribuyendo al medio de comunicación características propias de su nueva identidad comunitaria. Un ejemplo es el caso de los nodos digitales desarrollados por el movimiento mexicano #YoSoy132 (Treré 2013; Gómez y Treré 2014), que pusieron en valor los rasgos de una nueva subjetividad, de una nueva ciudadanía dispuesta al diálogo y al debate, a la deliberación y decisión colectiva, con mayor capacidad de autonomía y empoderamiento. La creación de estas “geografías” a través de las NTIC implica también la creación de un sentido de pertenencia unido a la construcción de una comunidad y de su imaginario colectivo (Escobar 2008 y 2010). La creación de estos nuevos espacios públicos mediáticos también implica la producción de ciberculturas que crean resistencia, transformación o presentan alternativas a las culturas y políticas dominantes, ya sean virtuales o reales (Escobar 1999).

 

3.3. Desestabilizando el estatus-quo: tácticas de apropiación cotidiana

Las experiencias alternativas en comunicación y participación ciudadana en América Latina han puesto en evidencia que a la producción centralizada y expansionista de las clases dominantes corresponde “otra” producción por parte de la gente común y corriente en la que se combinan tanto los productos impuestos como la producción propia, así como se generan otros usos y significados. Pues estas prácticas son modos y formas de hacer frente a la destrucción de su economía moral para impugnar la hegemonía de la clase dominante (Thompson 1971; 1989; 1991). Además, como hemos visto anteriormente, la resistencia y subversión de las personas comunes y corrientes no pasa por el rechazo o el cambio manifiesto de los productos impuestos simplemente porque estas personas no pueden huir de estos productos impuestos (De Certeau 2000, XLIII), sino que dicha resistencia y subversión se manifiesta en el cómo estos productos son utilizados con funciones y fines diferentes a los propuestos por el sistema (García Canclini 2001). Mediante un juego sutil de tácticas que se oponen a las estrategias de los dominantes, los usuarios manifiestan una forma de resistencia moral y política en la que “los sistemas de representaciones o los procedimientos de fabricación ya no aparecerían como cuadros normativos, sino como herramientas manipuladas por los usuarios” (De Certeau 2000, 26).

En esta particular dialéctica, el contexto de producción es el mismo que el contexto de recepción y la horizontalidad de la comunicación entre emisor-receptor da lugar a que la audiencia esté solamente a un paso de poderse transformar en un creador del medio. En suma, las prácticas de apropiación siguen una lógica táctica y no estratégica; se desarrollan en red y se deslizan desde la estructura vertical, es decir que son prácticas que se encuentran determinadas por la ausencia de poder, como la estrategia se encuentra organizada por el principio de poder (De Certeau 2000). Las tácticas de apropiación de las NITC operadas por estos nuevos sujetos emergentes rehúyen por los mismos también el poder del conocimiento; las personas que se apropian de la herramienta tecnológica no necesitan apropiarse de todos los códigos de la herramienta tecnológica, sino que se apropian de lo que es necesario en ese momento, en esa circunstancia concreta. El poder del conocimiento o la dominación que se insinúa en la ausencia de conocimiento es reemplazada por el conocimiento compartido entre las personas involucradas. Por ejemplo, la falta de recursos técnicos, en las experiencias urbanas de Argentina, se superó recurriendo a la práctica del trueque, es decir intercambiando y montando piezas de viejos ordenadores para construir “nuevos” pc. En el movimiento de Oaxaca, en Chile o Brasil funcionó también la financiación masiva, también conocida como crowdfunding. En otras experiencias, la inaccesibilidad a la red de Internet por parte de las comunidades indígenas zapotecas de México en defensa de sus territorios se superó gracias a la realización de una red de Internet inalámbrica de banda ancha utilizando un canal de TV en UHF. Es decir, las dificultades encontradas a lo largo de la experiencia mediática se superaron principalmente gracias a los vínculos de solidaridad que se desarrollaron a lo largo de la protesta y a las prácticas autodidactas e informales. La práctica del Do It Yourself (DIY) -hazlo tú mismo- no abarca solamente la dimensión individual, más bien es una práctica puesta en común que, en el fondo, constituye un proceso educacional experimentado y vivido por todos los protagonistas. En estas experiencias el “tú” del DIY se trasforma en un “nosotros”, es decir, en la práctica de apropiación se involucran habilidades colectivas y el mencionado DIY se transforma en hagámoslo nosotros mismos. La consecuencia es que la práctica mediática, el uso y el significado de los medios digitales en América Latina es el resultado de un conjunto entre los componentes comunitarios -la organización, las reglas y los principios que se refieren al espacio físico y material, etc.- y los elementos de la comunalidad (Díaz Gómez 2004) -como la existencia espiritual, el código ético e ideológico, la conducta política, social, jurídica, cultural, económica y civil.

 

3.4. Off-line versus On-line

Otro y último elemento que queremos destacar de estas experiencias sociales que se apropian de los medios digitales en América Latina es que estas prácticas mediáticas son el reflejo de la acción colectiva llevada a cabo en sus contextos de conflicto o protesta social y que, como visto, se manifiesta generalmente en la realización de un medio alternativo de comunicación digital -individual o colectivo- como blogs, portales web, radio en streaming, píldoras de podcast, etc. (Trere y Magallanes-Blanco 2015).

En otros términos, los proyectos que emergen de la práctica de netactivismo son proyectos off-line (Pasquinelli 2002, 12), es decir, son una expresión en la Red de prácticas que se están llevando a cabo en la “calle”, como fueron las experiencias mexicanas de los distintos nodos del movimiento #YoSoy132 en contra del autoritarismo del gobierno mexicano (Trere, 2015; García y Trere, 2014) y el uso de las redes sociales por parte del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad en contra de la violencia y el crimen organizado (Trere y Cargnelutti 2014), o el papel de los medios digitales en las Jornadas de Junho en Brasil, (Santos 2018).

Además, si movemos nuestro enfoque en los sujetos sociales que componen  un movimiento social o nos movemos a la amplia y difusa geografía de los micros conflictos sociales que se dan lugar en situaciones locales podemos observar que las personas involucradas inicialmente, por lo general, son usuarios de base. Es decir, los vecinos que protestan en contra de un desarrollo inmobiliario urbano (Gómez Meneses, 2013), los padres de hijos desaparecidos (Mondolessi 2016), los pueblos indígenas que defienden sus territorios (Valencia, Restrepo y Cardona 2017; Cadavid Bringe, Herrera Huérfano, Fayad Sanz y Vega Casanova 2017), etc. tienen muchas veces solamente un conocimiento básico de las NTIC: saben utilizar un editor de texto, el correo electrónico y tienen un conocimiento mínimo de las herramientas y aplicaciones presentes en Internet.

Pero, sus capacidades técnicas crecen junto a las exigencias del medio de comunicación. Es decir, las personas no se apropian de la totalidad de los códigos y de las prácticas del ciberespacio, ya que la apropiación y el uso de las herramientas digitales dependerá de las necesidades reales que tengan la personas o los colectivos sociales de referencia, como pasó por ejemplo por las mujeres que a lo largo de la insurgencia de Oaxaca decidieron apropiarse de un medio de comunicación digital, y se transformaron de usuaria de base de las TICs a comunicadoras expertas en plataformas digitales (Sierra, Poma, y Gravante 2016).

Además, este proceso se caracterizan por reflejar las experiencias cotidianas de los protagonistas, buscar y proponer nuevos modelos de comunicación, hibridar viejo y nuevo medio, romper la diferencia entre emisor-receptor, fomentar nuevas formas de participación sociales y políticas en la realidad social en que se desarrolla el medio (Gravante 2016; Sierra y Gravante 2017; 2018; Trere y Magallanes-Blanco 2015). Hasta al punto de desarrollar una propia perspectiva de comunicación, así como reflexiona Franco Coelho (2016) con respecto a las experiencias en comunicación de los pueblos indígenas.

Por el contrario, los proyectos que surgen de la práctica del hacktivismo son proyectos net-based, construidos en la Red y pensados por la Red, son experiencias on-line en que los técnicos, los programadores y los sysadmin tienen un rol central; si por un lado son proyecto que, con un alto contenido de innovación tecnológica, por otro lado establecen una hegemonía especifica de la técnica. El hacktivismo es una práctica inscrita en la ideología de la máquina, es una práctica tecnology-driven, “típica de quien viene del ambiente techie” (Pasquinelli 2002, 13), como por ejemplo los diferentes grupos de hacker que se auto-nombran Anonymous.

En el hacktivismo encontramos a menudo una incondicional confianza en que la tecnología portaría automáticamente consigo una liberación social; mientras, la Red es elevada a perfecto instrumento de democracia, olvidando la brecha digital que coloca a buena parte de la sociedad fuera del alcance de estos medios o de una permanente y valida conexión a Internet.

Como resulta evidente, en la práctica de hacktivismo las personas se apropian de la totalidad de los códigos del ciberespacio y de las prácticas de la Red. Estas ciber-experiencias tienen una fuerte influencia por parte de la filosofía y de la dimensión apolítica estadounidense de las primeras comunidades de hackers, como es la experiencia del proyecto de Wikileaks, aunque gracias al particularismo de sus comunidades se tornan en proyectos interesantes pero que habitualmente son incapaces de articularse con otras realidades sociales. Las prácticas de hacktivismo se caracterizan por:

-          tener como espacio de actuación el ciberespacio en toda su complejidad;

-          usar exclusivamente el software libre y tecnología “liberada” de patentes, y hacer agitprop para su difusión y uso;

-          hacer acciones de protesta en la Red (Van de Donk, Loader, Nihon y Rucht 2004), como sentadas virtuales y ataques DoS, entre otros;

-          estar estrechamente relacionados con las prácticas artística a través de Internet: Net Art, Cyber Culture, etc.;

-          fomentar a través de Internet nuevas formas de participación social y política en el mundo virtual, como el proyecto en contra de la frontera USA/México, The Transborder Immigrant Tool; la propuesta de democracia directa Democracia 4.0; o el proyecto de moneda electrónica Bitcoin.

Como se puede comprender, los confines entre estas dos prácticas son mucho más difusos de lo que se pueda pensar. Hay flujos de recursos, de experiencias y conocimiento entre las dos prácticas, muchas veces se yuxtaponen y en otras cuantas se crean proyectos híbridos. Como es el caso del proyecto itinerante de la Semana de la Soberanía Audiovisual, el Hacker Meeting en México, el proyecto de cinema latinoamericano independiente Bombozila proyectos que también se realizan juntos con profesionales de medios de comunicación y cinema. Aunque, hay que destacar que son proyecto que no surgen desde un conflicto social en particular como los casos vistos anteriormente, más bien, emergen como respuesta de un malestar socio-cultural o emergen en la convergencia con los ciclos de protestas sociales. Pues, es más común ver la integración de comunidades de hackers en movimientos sociales, como es el caso de movimiento #CompartirNoEsDelito que se dio en Colombia (Chenou, y  Castiblanco Carrasco 2018).

Pero a pesar de las diferencias y similitudes, ambas prácticas representan un modelo y metáfora del hacer sociedad, son prácticas en que se manifiestan necesidades, deseos y en que se re-produce un propio imaginario del mundo y de la sociedad, capaces de reconfigurar los capitales sociales. Aspecto que analizaremos en el apartado siguiente.

 

4. Reconfigurando los capitales sociales

Las reflexiones anteriores nos llevan a comprender que el proceso de apropiación de las NITC es un proceso dialéctico por el cual se vinculan las personas y los medios, dentro de un contexto sociocultural, desde los niveles individual, grupal y comunitario. Este proceso de transformación lleva a los protagonistas a reelaborar y redefinir valores, creencias e identidades tomando conciencia de aspectos de la realidad que hasta aquel momento no habían considerado, al grado de cambiar su percepción de la realidad y actuar en consecuencia. Así, observamos que, en las experiencias latinoamericanas, resulta que a través de las NTIC la ciudadanía proyecta su imaginario social, dando lugar a una propia reelaboración del concepto de práctica política. Por ejemplo, el análisis de las protestas estudiantiles de los pingüinos en Chile, del #YoSoy132 en México, han evidenciado cómo el medio ciudadano más que ser un canal de protesta tiene la capacidad de desarrollar propuestas positivas sobre las posibilidades que se pueden dar dentro de una sociedad, siempre y cuando estas propuestas surjan desde la gente y no desde los grupos dominantes. Mientras, los medios ciudadanos desarrollados en los territorios en guerra de Belén de los Andaquíes en Colombia (Rodríguez 2008) ilustran cómo la comunicación participativa se desarrolla a partir de la ruptura de las narraciones y de las visiones dominantes, y estas últimas son sustituidas por imágenes que simbolizan la práctica cotidiana de las personas, de todo un mundo reprimido y con necesidad de darse a conocer. Así que, en las experiencias latinoamericanas, la comunicación alternativa “no ha sido un medio para el desarrollo, sino un fin en sí: la conquista de la palabra, el mecanismo de participación en la sociedad” (Gumucio Dragon 2011, 32). Mientras, la difusión y el uso popular de la tecnología digital permiten consolidar otras versiones (y visiones) de la realidad y hacerlas públicas, en las palabras de Clemencia Rodríguez, las NTIC son tecnologías “diseñadas para nombrar el mundo, son las tecnologías que nos dejan decir al mundo nuestros propios términos... Porque son tecnologías diseñadas para convertirnos en artesanos de producto simbólicos” (2011, 48).

En definitiva, gracias a la amplia experiencia acumulada desde la década de los sesenta del pasado siglo en materia de comunicación participativa y desarrollo local (Beltrán, 1993), los procesos de empoderamiento en la cultura digital ha llevado a los protagonistas no solamente a pensar en la importancia de disponer de un medio autónomo de comunicación, sino también en reubicar la problemática del poder y de la toma de decisiones, tal y como por ejemplo plantean los movimientos indígenas. De hecho, en el marco de las luchas de los pueblos originarios, se vienen liderando nuevas formas de innovación jurídica y social que han alcanzado reconocimiento político internacional, consolidando así su capacidad de influencia y las propuestas defendidas de nuevos modelos de referencia del buen vivir cuya manifestación más evidente es la organización transnacional del movimiento indígena latinoamericano, amén de los reconocimientos constitucionales, y la propia potencia y capacidad de sus organizaciones de interlocución, que han conseguido romper el cerco mediático y hacerse visibles no sólo en Internet -caso del EZLN o del movimiento mapuche- sino sobre todo articular desde una perspectiva regional sus reivindicaciones históricas tal y como demuestra la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas de Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia que se constituyó en el 2006, con plataformas de lucha por el derecho a la lengua, al territorio, a la defensa de la naturaleza, a la biodiversidad y a la autonomía, cuya eficacia ha renovado “el debate civilizatorio” y el cuestionamiento de la herencia imperial de los procesos de globalización occidental.

 

5. Conclusiones

Tratar de repensar la construcción del campo comunicacional desde el punto de vista de la ruptura que, en cierto modo, introduce la tecnología y el desafío epistemológico del necesario diálogo interdisciplinario en un escenario abiertamente de crisis, de debilidad del pensamiento crítico y, sin embargo, no obstante, de emergencia de un ser y pensar Otro visible como actor político en los nuevos movimientos sociales de la región, se antoja, en nuestro tiempo, un problema hartamente complejo, difícil de acometer en un momento de transición y crisis de paradigmas. Conscientes de la necesidad de asunción de la ambivalencia y el potencial de las derivas y lógicas sociales que la cultura moderna negó por omisión hoy sin embargo se vislumbran a corto y medio plazo en el horizonte cognitivo de América Latina, la emergencia de una nueva conciencia posible que permitiría definir una nueva lógica y pensamiento del Sur actualizando para trascender la experiencia de Escuela Latinoamericana de Comunicación.

A partir de nuevos procesos y luchas que han germinado en el subcontinente dando lugar a nuevas ideas, no suficientemente sistematizadas en nuestro campo científico, podríamos afirmar que asistimos a la emergencia de nuevos locus o experiencias de pensamiento e intervención social que, en parte, pueden aportar líneas de desarrollo para la constitución de un nuevo pensamiento comunicológico en la región al tiempo que una nueva lógica de teorización de la cultura digital y la acción colectiva.

En el actual contexto histórico, la innovación político-social de luchas como la del movimiento indígena latinoamericano proyecta la emergencia de prácticas de comunicación propias y cotidianas como las asambleas y las mingas de pensamiento y de la palabra a través de la apropiación tecnológica que configuran lo que Arjun Appadurai denomina la dimensión del “trabajo de la imaginación” en la era de la globalización, la imaginación como “un crisol para el trabajo cotidiano de la supervivencia y la reproducción… La imaginación como un hecho popular, social y colectivo… La facultad a través de la cual surgen los modelos colectivos de disensión y de nuevas ideas para la vida colectiva” (Appadurai 1997, 4). En este sentido, un compromiso estratégico en comunicación y cultura autóctona sobre la apropiación de las nuevas tecnologías es la recuperación de la memoria colectiva, de las luchas y frentes culturales perdidos o conquistados, la actualización en fin de la historia común, reivindicando la emergencia de las culturas negadas en la modernización latinoamericana. Especialmente en lo que se refiere al debate de los años setenta sobre comunicación y diversidad cultural, las discusiones sobre soberanía y modelos de desarrollo, la exclusión de minorías étnicas y lingüísticas en la comunicación internacional, o las formas de control ideológico y de hegemonía neocolonial que introducen las nuevas tecnologías, hoy deben ser revisadas dando el lugar que no tuvieron a las identidades silenciadas o reprimidas del indigenismo, cuya tradición milenaria debe ocupar una función protagonista en la defensa de una política científica que asuma radicalmente el principio de diversidad cultural. La incursión de la llamada comunicación alternativa sustentada en la oposición a lo constituido, lo alterno a lo establecido, lo otro distinto a lo institucional en contraposición a los grandes medios, abrió hace décadas una de las ventanas de discusión y aporte más importante al debate de la comunicación desde América Latina y en cierto modo por vez primera visibilizó las culturas indígenas. Hoy los análisis y las investigaciones sobre el tema de comunicación y culturas indígenas aparecen con mayor fuerza en México, Bolivia y Ecuador y se centran en estudiar los procesos de apropiación de tecnologías de la comunicación y la información desde las radio hasta las tecnologías más recientes como procesos de reconocimiento cultural. Otra línea de trabajos van a comenzar a observar el grado de incidencia y alcance de los discursos mediáticos desde el punto de vista del tratamiento informativo sobre temas indígenas, las formas de inclusión/ exclusión e invisibilización de lo étnico, así como la folclorización y exotización de las culturas originarias. Pero sobre todo se constituye una Comunicología de la praxis, esto es, un saber para la acción, una nueva lógica del sentido, las bases de reflexividad y metacognición que anticipa muchos de los debates contemporáneos del constructivismo por el énfasis en el contexto, la historia conectada, y la triangulación compleja y recursiva en la emergencia de una Comunicología Otra que en parte favorecen los procesos de producción de la cultura digital y transmediada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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