Desarrollo al desnudo: de la decolonialidad del poder al post desarrollo

Desenvolvimento desencapado: da descolonialidade do poder ao pós-desenvolvimento

Unveiled development: From the Decoloniality of Power to Post Development

 

 

 

Pascual G. García Macías

Doctor Internacional en Migraciones

por la Universidad de Valencia y la Universidad de Lisboa

Investigador tiempo completo en la Universidad Técnica Particular de Loja

 

Adriana Espinosa González

Economista Ecuatoriana

 

Resumen: El desarrollo desde sus orígenes después del discurso del presidente H.Truman  en 1949 hasta principios del siglo XXI, como concepto e idea  ha sido y es perseguido y añorado por los países del sur económico y en vías de desarrollo, sobreutilizada por policymakers y académicos, sobreestimada por instituciones internacionales y locales; noción utilizada indiscriminadamente por universidades, gobiernos locales e instituciones. El desarrollo entendido por algunos como proceso social, económico, político, social. Abstracción compleja, polisémica y relativa, interpre-tado y mal interpretado por muchos. El presente documento pretende mostrar las deficiencias de un concepto en boga. Primero, diseccionamos desde la decolonialidad del poder y el saber el concepto del desarrollo como un significante vacío,  y como herramienta  discursiva y axiomática útil para las instituciones internacionales y países eurocentricos. Después,  analizamos el desarrollo como agencia y proceso dentro de un sistema de producción económico. Finalmente a  manera de conclusión, esbozamos de manera sucinta la propuesta del postdesarrollo como ruptura y alternativa al desarrollo.

 

Palabras clave: desarrollo; criticas al desarrollo; decolonialidad;  postdesarrollo.

 

Resumo: O desenvolvimento desde suas origens após o discurso do Presidente H.Truman em 1949 até o início do século XXI, como conceito e idéia, foi e é perseguido e almejado pelos países do sul econômico e em desenvolvimento, superutilizados pelos formuladores de políticas e acadêmicos, superestimada por instituições internacionais e locais; noção usada indiscriminadamente por universidades, governos e instituições locais. Desenvolvimento entendido por alguns como um processo social, econômico, político e social. Abstração complexa, polissêmica e relativa, interpretada e mal interpretada por muitos. Este documento tem como objetivo mostrar as deficiências de um conceito em voga. Primeiro, dissecamos da descolonialidade do poder e conhe-cemos o conceito de desenvolvimento como um significante vazio e como uma ferramenta discursiva e axiomática útil para instituições internacionais e países eurocêntricos. A seguir, analisa-mos o desenvolvimento como uma agência e um processo dentro de um sistema econômico de produção. Finalmente, como conclusão, esboçamos brevemente a proposta de pós-desenvolvimento como uma ruptura e alternativa ao desenvolvimento.

 

Palavras-chave: desenvolvimento; crítica ao desenvolvimento; decolonialidade; pós-desenvolvimento.

 

Abstract: Development from its origins after President H.Truman's discourse in 1949 to the beginning of the 21st century, as a concept and idea, has been and is pursued and longed for by the coun-tries of the economic and developing south, overused by policymakers and academics, overestimated by international and local institutions; notion used indiscriminately by universities, local governments and institutions. Development understood by some as a social, economic, political, and social process. Complex, polysemic and relative abstraction, interpreted and misinter-preted by many. This document aims to show the deficiencies of a concept in vogue. First, we dissect from the decoloniality of power and knowing the concept of development as an empty signifier, and as a useful discursive and axiomatic tool for international institutions and Eurocentric countries. Next, we analyze development as an agency and a process within an economic production system. Finally, by way of conclusion, we briefly outline the post-development proposal as a rupture and alternative to development.

 

Key words: development; development critics; Decoloniality; Post Development.

 

Fecha de recepción: 12 de mayo de 2020.

Fecha de aceptación: 29 de junio de 2020.

 

 

Introducción

El desarrollo puede ser entendido como un proceso social, cultural, económico y político, complejo y relativo. Así mismo, puede ser interpretado como una herramienta axiomática útil, para ser utilizada como un significante vacío en nombre de las instituciones y gobiernos, los cuales tendieron su red discursiva a conveniencia de sus intereses y girando alrededor del concepto “desarrollo” en sus diferentes vertientes. De esta manera, el concepto opera como un significante vacío, puesto que puede funcionar como punto de identificación solo porque representa una cadena equivalencial. Es decir, es un significante que no puede ser directamente asimilado con cabalidad y  claridad a ningún significado preciso, tornándose plástico y a veces difuso.

El desarrollo es un término polisémico, puede ser definido también como "un proceso continuo de cambio social" (Ziai 2015,56) y un avance o mejora del uso de la tierra, la tecnología,  las ciencias  y la cultura, etc., mientras que, discursivamente el desarrollo es "la estructura que se puede encontrar en el hablar y escribir en él” (Ziai 2015, 1). En otras palabras, el discurso del desarrollo se refiere a cómo las personas piensan, expresan y discuten el desarrollo de una manera discursiva. La teoría del discurso del desarrollo ha contribuido a los estudios de desarrollo al señalar que:

Las relaciones de poder implícitas en el discurso y que muestran los enredos discursivos con otros aspectos como el capitalismo, el estado, etc., y las limitaciones del discurso causadas por las necesidades institucionales y los intereses materiales, así como las limitaciones de la práctica causadas por los límites discursivos (Ziai 2015, 231).

Ahora bien, el dilema del desarrollo, más allá de los limites institucionales y de agencia que existen dentro de cada país, y por encima de las relaciones de poder que emanan de su discurso, las opciones de desarrollo de cada sociedad es aún una respuesta irresoluta, a veces tal cual oxímoron  lleno de contradicciones,  sin embargo, las palabras de Marx no son cuestión baladí y tienen cabida en el tema puesto que señala:

Mi punto de vista, que concibe el desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso histórico-natural, es el que menos puede hacer al individuo responsable de relaciones y situaciones de las que socialmente es criatura por mucho que pueda elevarse sobre ellas subjetivamente (Marx 1976, 8).

En este sentido, Marx brinda luces acerca del límite que tenemos los individuos para actuar y cambiar el proceso histórico-social denominado desarrollo, estando sujetos a marcos sociales e institucionales, más allá de los deseos que cada sujeto conciba para cambiar la realidad, donde para muchos el proceso desarrollo es concebido tal cual teleología y proceso lineal por el cual deben transitar todos los países, sin cuestionar y replantear las diferentes formas de concebirlo. Sin embargo, es en la década de los noventa cuando comienza un auge epistemológico proveniente desde el post modernismo y/o el post estructuralismo hacia la crítica y reconstrucción del concepto del desarrollo. El cual, como herramienta axiomática, funge un papel central en el discurso e ideario de la gran mayoría de los habitantes del planeta.

Desde las pertinentes criticas de Arturo Escobar (1998) situándolo como el nuevo encuentro colonial,  o bien, otros emplazándolo de su espejo simbólico emanado de la ilustración francesa con el concepto de “civilización” (Mishra 2017; Esteva 1992, Ferguson 1990), o incluso desde concebirlo cuasi creencia religiosa (Rist 2002) o el mantra del desarrollo sostenible (Haque 1999). De esta manera, el concepto de desarrollo es, en términos de Ernesto Laclau (2005, 204), un significante vacío, puesto que no es un campo unificado ni posee un significado único, expresando multiplicidad de atributos, así aparece el desarrollo con diferentes relacionalidades que conjuntan ciertas ideas, modos de organización, vida y prácticas, pero excluyendo otras ideas y modos de organización, de esta manera crea campos de confrontación ideológica con fronteras antagónicas, y convocando a nuevos agentes de cambio social; lo cual, produce significantes vacíos con el fin de unificarlos en cadenas de equivalencia de demandas heterogéneas/diferentes pero que se sienten identificadas con algunas maneras de vivir, organización o del desarrollo, quedando dentro del campo ideológico.

De esta descripción, el significante se convierte en plástico, moldeable;  el desarrollo llama tal cual cantos de sirena, atrayendo y cayendo en la tentación de su utilización sin un análisis profundo. Siendo copiado y cooptado desde presidentes, académicos, policy makers y un largo etcétera, puesto que sus objetivos hacen soñar, imaginar, legitimar cuasi todo tipo de discursos y obtener recursos bajo una plétora que hace converger ilusiones de ricos y pobres. Esto en tanto países desarrollados como subdesarrollados, todo ello, dándole año tras año, una y otra oportunidad a pesar de los contados y probados fracasos en los cuales los ciudadanos no dejan de confiar una y otra vez en sus promesas.

No es, en saco roto, hacer hincapié en el hecho de que las críticas al desarrollo, no solo provienen de la economía,  son muchos los autores, que desde diferentes disciplinas han criticado o llevado a la reflexión el concepto, sin embargo este articulo pretende hacerlo desde los estudios culturales, la decolonialidad del saber, y proponer el postdesarrollo como alternativa, bajo un telón de fondo Pandemia Covid-19.

El Nobel colombiano, Gabriel García Márquez, en su libro “100 años de Soledad”, nos describe  el linaje de  la familia Buendía; la cual auto percibe el tiempo y los acontecimientos como un eterno retorno, una circularidad ad finitum (las ferias, las lluvias, la llegada de los gitanos) un tiempo que observado desde la exterioridad es lineal, en las ciencias sociales de hoy, ocurre lo opuesto, el percibir como ascendente un movimiento que es perfectamente circular, tal cual eterno retorno nietzsheano, en sintonía con los ciclos de la naturaleza y por ende, la vida. Igualmente y no ajeno de ello ocurre con el concepto del desarrollo, el cual como abordaje teórico; es una tarea difícil, en algunos momentos pareciese ser más un oxímoron debido a las contradicciones que existen en su discurso desde las instituciones internacionales.

A pesar que hoy en día el desarrollo se ha convertido en una pléyade retórica de oportunidades y bondades; empero escindiéndolo críticamente (en discurso, meta relatos, objetivos, agencia y estrategia) tiene más similitud a la taumaturgia que a la propia teoría económica y social. En este sentido es importante analizar los límites y oportunidades que existen dentro del desarrollo en su agencia y estrategia pero dentro de su inherencia y producto del sistema de producción dominante.

El desarrollo en su corriente principal (Brundltand et al. 1987) ha sido presentado como un proceso inherentemente bueno por parte de los gobiernos, las instituciones internacionales, las organizaciones no gubernamentales (ONG) y parte de la sociedad civil. Todos ellos promueven los supuestos privilegios y benevolencias que otorga el desarrollo develándose tal cual una parusía del siglo XXI. A pesar de las abundantes críticas sobre el concepto, las políticas y los proyectos en distintas latitudes está siempre presente la idea del "desarrollo" sin ninguna oposición o distinción entre especificidades territoriales y culturales. Las estrategias y mecanismos de alcanzarlo se han modificado a lo largo del tiempo, se reinventa de forma discursiva mientras sigue siendo intratable metodológicamente y epistemológicamente.

 

La Teología del Desarrollo

Fue el coterráneo de Karl Marx,  actual patrón de la ciudad de Milán, San Ambrosio de Tréveris, a quien se le atribuye tan sensata frase aun hoy en el siglo XXI: “Hay que creer, y no es licito discutir“-“Credere tibio iusssum est, non discutere permissum”-. Como otro dogma religioso es tratado por algunos el desarrollo, sin cuestionarlo, sin escindirlo, sin hurgar y expurgar en sus raíces las cuales, son fruto del pensamiento de la ilustración francesa, aquella que aspiraba a sustituir a la religión por una visión objetiva y científica del mundo con: fraternidad, igualdad y libertad. Después de más de 200 años esta triada de conceptos forman parte de los pilares del discurso desarrollista. Consecuencia del cristianismo es la creencia ilustrada en concebir la posibilidad de un cambio súbito en la historia tras el cual, los defectos de la humanidad y sus estructuras económicas, sociales y políticas podrán ser desterradas para siempre bajo el advenimiento de una mejora sustancial llamada desarrollo.

Tanto si ponen el acento en los cambios paulatinos como si lo hacen en la transformación revolucionaria, las ideas del progreso distan de ser hipótesis científicas. Son mitos que responden a la necesidad humana del sentido (Gray 2008, 8). Pareciere que solo la enunciación de la palabra desarrollo fungiera como taumaturgia y cambiase las estructuras que determinan y estimulan la desigualdad, la pobreza, el deterioro ambiental, el desempleo, la corrupción, etc. Es cierto que el concepto intenta responder a las necesidades humanas de una mejora en la calidad de vida, de un progreso, toda familia y personas tienen el deseo de “superarse”, de salir adelante, de estar mejor y el cuestionar estos anhelos llevaría a pensar que vamos en contra del avance social o de rechazar el cambio “positivo”, es ahí cuando la concepción del desarrollo se convierte en una teleología, en un fin en sí mismo, ¿dónde termina? en el desarrollo; cuestionar este movimiento progresista, lineal es ser un sacrílego de las ciencias sociales, desde las instituciones internacionales, los gobiernos y algunas universidades ortodoxas adoptan la idea del desarrollo sin contextualizar la realidad “abigarrada” en términos de Zavaleta de sus localidades. Convirtiéndolo en una tautología, y el dogma desarrollista, no permite critica, ni alternativas al desarrollo, puesto que iríamos en contra del “avance civilizatorio” arropando de un manto teológico divino, el cual, urge desnudar.

El discurso del desarrollo como un fin, a pesar de haberse ataviado con los ropajes de la teoría social, a lo cual han ceñido y moldeado a su interés, ideas y conceptos, como el de sustentabilidad o el de crecimiento económico. En sentido estricto no existe un crecimiento económico, existe aumento de la acumulación, incremento de las ganancias o de la productividad de empresas privadas, tampoco es posible omitir que el aumento de capital carezca de críticas de fondo, lo que es realidad, es que el capital es una relación social, la cual lleva un alto grado de explotación laboral. Es imperante analizar con otras lentes el metarrelato del desarrollo, deconstruyéndolo para desmitificarlo, en palabras del politólogo John Gray: “lo cierto es que la creencia de que la humanidad estaba a punto de entrar en una nueva era no suponía más que una nueva versión de las creencias apocalípticas que se remontan a los tiempos más antiguos” (Gray 2008, 9).

En este sentido el desarrollo también es relativo, puesto que siempre está relacionado o comparado con otro tipo de sociedades o lugares donde “no ha llegado el desarrollo,” paradójicamente cargado bajo un halo teleológico (del griego τέλος, ‘fin’, ‘objetivo’ o ‘propósito) pero no es absoluto, ya que las sociedades siempre están en constante cambio donde este puede estar sujeto o ser propenso a alguna transformación según los aspectos externos o las condiciones que aparecen en un momento dado. También, es relativo debido a que no siempre puede ser lo que es o lo que representa, sino que dependerá en gran parte desde que enfoque se le esté analizando o desde donde y hacia que otro lugar se le esté comparando;  para ello, Tortosa (2010) nos habla que, buscando el desarrollo lo que ha ocurrido en algunas sociedades es un mal desarrollo, no podemos hablar de un desarrollo en sitios donde existe explotación y precarización laboral, inseguridad social, ausencia de servicios básicos y un largo etcétera de contradicciones que ocurren en las “sociedades avanzadas”.

Finalmente podemos decir que se acoge más al relativismo ya que en el desarrollo, en su praxis, no existen los hechos o principios de tipo universal compartidos por todas las sociedades. En tanto, en la mayoría de los casos las discusiones sobre el desarrollo y su relativismo se encuentran centradas en aspectos particulares por lo cual habrá un desarrollo relativo cultural, un  desarrollo relativo moral etcétera.

Respecto a la trinidad meta teórica en la cual se ha sustentado el relato del desarrollo, Veltmeyer (2010) realiza una categorización en la cual disecciona el proceso del desarrollo como una transformación a largo plazo que responde a los diferentes contextos históricos en las cuales fueron impulsadas tales ideas. La primera se enmarca en la transición de la sociedad y una economía de sistemas agrarios, feudales, pre industriales a un sistema industrial donde cada etapa o fase sería el resultado de los cambios en la producción económica y que afectarían a la sociedad. La segunda gran meta teoría de la que emanan varias ideas, es aquella en la transformación de la sociedad se basa en el cambio de valores, ideas y costumbres que sostienen la estructura institucional del sistema. De esta forma el transitar de una sociedad tradicional, de valores comunales, religiosos y ayuda mutua y transitar hacia los que predomina la mercantilización o individualismo basadas en la meritocracia y no en el rol que la sociedad le asigna, es decir una conversión hacia la modernización.

La ultima meta teoría es la del desarrollo capitalista, donde el camino a recorrer es de una economía pre capitalista en un sistema de producción capitalista, de una sociedad establecida en agricultores hacia una basada en proletariado –trabajadores, en la cual al carecer de los medios de su subsistencia tendrían que mercantilizar su fuerza laboral para poder recibir a cambio un salario con el cual vivir.

En conclusión, la trinidad conforma los metarrelatos de la cual derivan las diferentes teorías de la corriente dominante que buscan explicar el desarrollo a largo plazo, cuyo fin seria la industrialización, la modernización o bien el desarrollo capitalista, finalmente son tres ideas enmarcadas en un proceso que se estructura dentro de un mismo sistema de producción, el capitalista. Algunos teóricos argumentan que en las sociedades avanzadas se ha transitado  por los tres, culminando su periodo entre los años ochenta y en la cual estarían entrando a sociedades post industriales, post modernas o post capitalistas, mientras en el sur global aún perviven los tres metarrelatos e incluso cohabitan y conviven  en el mismo Estado nación.

 

El enfoque de la agencia y estrategia del desarrollo

Para Veltmeyer (2010), esencialmente hay dos formas de pensar el desarrollo, entendido este como las mejoras en las condiciones de vida de la población o en la sociedad, junto a los cambios  necesarios para su realización. En este sentido la persecución de estos cambios para la prosperidad puede darse por dos vertientes.

La primera, entenderlo como una cuestión de agencia y estrategia, donde hay agentes e instituciones que buscan la transformación social, en cuanto a las instituciones podemos enmarcarlas dentro del neoliberalismo institucional, donde mediante organizaciones internacionales, los poderes económicos dictan la hoja de ruta para los países subdesarrollados y la consecución de esas metas, por lo cual los límites de acción siempre están acotados por el sistema. Empero dentro de esta misma agencia y estrategia están las organizaciones de migrantes organizados, las organizaciones no gubernamentales, etc., las cuales actúan desde un transnacionalismo desde abajo. En el cual los cambios y transformación social son mucho más acotados que los impulsados bajo el neoliberalismo institucional, pero son propuestas desde abajo y en su mayoría por la izquierda. Ahora bien, las transformaciones, mejoras y agencia de las fuerzas que impulsan este cambio,  son componentes de carácter teórico, en este sentido la idea de Veltmeyer es dilucidadora puesto que afirma que:

En tanto formulación de ideas en el contexto de condiciones cambiantes en el tiempo oportunidades, libertad para actuar y ampliación de las opciones para los individuos que buscan entrar vía la inclusión social. Además, una vez formadas estas estructuras, de ninguna manera son inmutables. Pueden ser cambiadas y con el tiempo cambian, merced a la acción colectiva, la cual, requiere ser estudiada. Una conclusión que se deriva del estudio de la historia del cambio social es que, en condiciones de crisis, cuando el funcionamiento de una estructura institucional es forzado hasta sus límites, agotando la capacidad de funcionamiento institucional, esta «estructura» se debilita, libera fuerzas para el cambio y proporciona oportunidades para generar cambios en una u otra dirección” (Veltmeyer 2010, 10).

Ante ello, el desarrollo implica tanto factores de agencia como  de estructura, y entender que el desarrollo se enmarca en una estructura determinada, el cual es definido por el modo de producción imperante. Así pues, las acciones y estrategia realizadas tanto por los agentes e instituciones (sean desde arriba o desde abajo) se verán siempre delimitadas por las condiciones que le otorgue el sistema capitalista. En resumen los migrantes organizados (o individuos) pueden actuar, pueden organizarse, pero no pueden hacerlo bajo las condiciones que ellos deseen, sino por las otorgadas por el sistema o por los espacios que ellos logren abrir para su accionar. De este modo, los pequeños espacios obturados donde existe la posibilidad  de conseguir  ampliación de derechos o mejoras en la calidad de vida no son lugares abiertos sino tal cual espacios que deben ganarse por asalto y no por consenso.

Finalmente, cualquier estudioso del desarrollo debe discurrir tanto los factores que pueden incidir en la estructura y forman parte de, y los estratégicos que pueden encuadrarse en la agencia, siempre considerando, que los cambios en la estructura tienen límites, puesto que el poder no concede nada si no se le exige, nunca lo ha hecho y nunca lo hará.

 

El desarrollo como proceso dentro de la estructura del sistema de producción capitalista

El desarrollo se ubica no como resultado del capitalismo, sino como parte consustancial e inherente a él; a lo largo del tiempo se le ha designado de diferentes formas: modernidad, progreso, desarrollo y hoy en día desarrollo sustentable. Tal cambio conceptual forma parte de la evolución del sistema de producción imperante la cual encontramos una plausible respuesta en Marx (1885), en El Capital -tomo II- en su teoría respecto a la reproducción ampliada. De forma sucinta y acotándonos a lo que Marx definía la cual es el proceso de renovación constante de la producción social capitalista con el fin de acrecentar su volumen de producción y por ende su acumulación.

En este sentido cuando la reproducción es ampliada una parte de la plusvalía se capitaliza, es decir, se invierte al capital activo y se emplea para aumentar el volumen de la producción. Así tiene lugar una acumulación del capital. Parte de esta plusvalía acumulada se destina a la compra de nuevos medios de producción (capital constante), y otra parte, a la compra de fuerza de trabajo adicional (capital variable). La producción en que la plusvalía acumulada se dedica a la adquisición de c y v (capital constante y variable) suplementarios, es determinada por la composición orgánica de capital, es decir la relación que existe entre capital constante y variable. Cuando la reproducción es ampliada, lo que crece más rápidamente es la producción de medios de producción y, comparativamente crece a un ritmo mucho más lento la producción de artículos de consumo.

Esta reproducción ampliada es lo que Marx, entre otros, llama acumulación; el excedente que se apropia de las clases explotadas, ya sean trabajadores, campesinos o cualquier tipo de asalariado, no se utiliza simplemente para el consumo de los grupos dominantes, sino que se invierte (al menos en una parte) en un nuevo ciclo de acumulación que implica una expansión del proceso productivo capitalista o de las relaciones capitalistas. En palabras de Wallerstein (2004), el propósito del capitalismo es la "acumulación interminable de capital".  De esta manera, el desarrollo es parte consustancial del capitalismo, el argumento del académico Robert Cox es esclarecedor ya que se refiere a los modos de reproducción al hacer la distinción entre reproducción simple y ampliada y, se refiere a la reproducción ampliada como "desarrollo".

Los procesos por los cuales las sociedades se extienden a través del tiempo al dar a luz, criar y educar a una nueva generación y colocar a sus miembros en sus roles económicos y sociales a lo largo de gran parte de la historia humana, la reproducción a menudo parecía haber sido un proceso circular, repetido constantemente, a través del cual se reproducía la misma estructura de la sociedad. Las sociedades de base agraria se reproducían en forma de pequeñas comunidades de subsistencia o de aldeas campesinas, cuyo producto fue extraído por una clase político-religiosa dominante que no participó en la producción material sino que se ocupó de la reproducción del orden político-social. Reproducción tiende a ser un proceso circular, sin crecimiento, no acumulativo. El desarrollo implica una reproducción, un proceso de reproducción con acumulación y un consiguiente cambio de estructura [...] El desarrollo se inició a través del modo capitalista. En el capitalismo, la mano de obra contratada por el capitalista produce más de lo que se requiere para su propia reproducción. El capitalista se apodera del excedente que lo usa, no para el consumo tampoco para la exhibición conspicua sino para invertir en ampliar la capacidad de producción en el ciclo siguiente. El término capitalista se usa aquí exclusivamente en este sentido como un modo de desarrollo que rompe el ciclo de reproducción continua e introduce una dimensión temporal intencional, una espiral ascendente de acumulación, inversión, reproducción ampliada (Cox 1987, 406). Traducción del autor.

Esto podría llevarnos a pensar que la generosidad de la reproducción es también un aumento del empleo; sin embargo, dicho supuesto no necesariamente se cumple, si con cada aumento de capital constante se da un aumento de la productividad de la fuerza de trabajo, haciendo que los nuevos medios de producción necesiten de menos fuerza de trabajo para ponerlos en movimiento que en periodos anteriores, debido a implementaciones tecnológicas. De esta forma lo que percibimos como avances y mejoras en la sociedad, no son más que inversiones de capital dentro de la reproducción ampliada, que lo que buscan es incrementar en el siguiente ciclo sus ganancias.

Así pues, la relación que existe entre el mejoramiento de carreteras, apertura de puertos, aeropuertos, ingentes inversiones en nuevos proyectos, desarrollo de tecnologías, proyectos en I+D, parques industriales, farmacéuticos y científicos y un largo etcétera,  consolidan y  forman parte de la ley de la reproducción ampliada, ley económica llamada ley del desarrollo preferente de la producción de medios de producción. Bajo el capitalismo global, la vigencia de esta ley engendra la ilusión de que la producción, en última instancia, no se desarrolla y crece con vistas al consumo, sino que lo hace con miras al avance de la propia producción. Contribuye a mantener dicho espejismo, finalmente, el hecho de que el fin inmediato y último de la producción del sistema capitalista no es satisfacer las necesidades de los trabajadores o la implementación de mejoras de calidad de vida en la sociedad, sino adquirir la mayor ganancia posible y proseguir con el siguiente ciclo ampliado de reproducción de manera ad finitum.

Finalmente Marx, respecto al desarrollo fue ambivalente, sin embargo, estamos de acuerdo con la declaración de Geoffrey Kay al respecto: el capital creó el  subdesarrollo, no porque explotara el mundo subdesarrollado, sino porque no lo explotó lo suficiente” (citado en Munck 2017, 6). A diferencia de otros modos de la reproducción de capital, (como el agrícola o comercial) donde prevalecía solo el deterioro y expolio, en el sistema capitalista conforme se destruye lo viejo, se transforma el medio, (destrucción creativa) creando nuevos espacios de reproducción del capital. Acogiéndonos al materialismo histórico[1] donde las relaciones sociales de los seres humanos están ligadas a las relaciones de producción, por ende, la sociedad también es transformada conforme se explota el capital.

 

Desarrollo: el rehén de la colonialidad del saber

La historia euro-céntrica nos enseña que el “descubrimiento de América” fue un evento decisivo porque, como consecuencia de este suceso, se constituyó el nuevo patrón mundial de poder basado en la colonialidad como su elemento fundamental. Existen diferentes formas y dimensiones en las que actúa la colonialidad y una de ellas es el poder, que tiene como pieza clave la clasificación social de la población en torno a la idea de raza o etnia (Quijano 2015). A pesar del intento que realizaron las colonias para independizarse política, económica, social y jurídicamente de sus colonizadores, no se logró romper completamente las cadenas colonizadoras, no se tuvo la capacidad de una emancipación totalizadora. Hoy en día, en el primer cuarto del siglo XXI, perduran las consecuencias, aún hay remanentes de la colonia, y estos residuos se han ido afianzando en el sistema-mundo moderno (Walsh 2007).

En este sentido, la colonialidad es esencial para una organización normativa del sistema-mundo moderno y para intensificar la hegemonía de occidente sobre el resto del mundo. La colonialidad se expresa en distintas dimensiones que hacen posible y perpetúan su funcionamiento; para los objetivos de este trabajo solamente nos enfocaremos en dos: la colonialidad del poder y la colonialidad del saber, ambas vinculadas estrechamente con el meta discurso del desarrollo (Baquero, Ortiz y Noguera 2015).

La colonialidad del poder y su fundamento en la idea de raza generó una jerarquización entre los conquistadores y los conquistados, dejando a los últimos como los grandes perdedores, puesto que esto dio origen a un sentimiento de superioridad por parte de los conquistadores y su raza blanca, configurando de tal modo el nuevo patrón de dominación que se basaba en esta jerarquización racial, constituyéndose así la idea de raza como una herramienta de clasificación social, dando origen a términos como mestizo, negro e indio(Quijano 2000). La colonialidad del poder fue una consecuencia de la colonización y del colonialismo europeo que tienen permanencia hasta la actualidad, basándose de manera esencial en la “clasificación social básica y universal” en torno a las razas, lo cual hasta la actualidad tiene vigencia (Jo 2013).

Por lo tanto, la colonialidad revela el método oculto que es impuesto por “el control, la dominación y la explotación, una lógica oculta tras el discurso de la salvación, el progreso, la modernización y el bien común” (Mignolo 2007). De esta dominación emana un sistema ideológico cuyo objetivo es la perpetuación de la hegemonía occidental y para ello se fundamenta en algunas ciencias sociales entre las cuales se puede mencionar, “Historia, Antropología y  Sociología”, las cuales justifican estas posiciones de poder. Donde todos los saberes y convivires ajenos al marco ideológico dominante, pierden validez y objetividad.

En este sentido, Lander (2006) expone que la colonialidad del poder generó un ambiente propicio para la aparición de la periferia como algo natural, organizando de tal modo las “diferencias coloniales” en torno a las sociedades colonizadoras y sus colonias. Esta clasificación generó una reacción discriminatoria para las sociedades que se concibieron como inferiores en comparación con la raza blanca o europea, estas consecuencias de racismo se pueden identificar en diferentes aspectos, tanto económicos como sociales; la colonialidad del poder no generó únicamente exclusión social para las razas inferiores sino también una distribución racista del trabajo.  De igual forma, Walter Mignolo (2003) argumenta que en la actualidad la colonialidad del poder “aparece en toda su transparencia para quien quiera verla en las relaciones de dependencias del sistema inter-estatal en la economía capitalista”, para Mignolo la dependencia representa la relación de supremacía entre los países “desarrollados” y los “subdesarrollados”, entre el “Primer Mundo” y el “Tercer Mundo”.

Con la jerarquización racial impuesta por el orden colonial se logró que las razas no blancas se volvieran y concibieran como inferiores, y esto no sólo afectó a la división del mercado laboral  y su discriminación para estas “razas”, sino que también tiene conexión con el conocimiento, puesto que logra que se desechen los saberes de los indígenas y/o afros y que se conviertan en subalternos en comparación con el conocimiento occidental; en relación con ello, Walsh (2005) menciona que la colonialidad del poder influye en el saber porque genera un marco propicio para establecer al saber occidental como única fuente de conocimiento.

La relación entre la colonialidad del poder y del saber es dialéctica puesto que cada una fortalece a la otra, de tal forma que el control y dominación occidental en las colonias logró implantar al eurocentrismo como la única fuente de conocimiento, intensificando así la hegemonía occidental en estos dos ámbitos (Quijano 1999). La colonialidad del saber es la representación del saber eurocéntrico cómo única fuente de conocimiento, dejando de lado el pensamiento y saber generado desde una fuente distinta a la occidental. De esta manera, se naturaliza el pensamiento occidental dentro de las sociedades, dejando de lado las diferencias que existen entre estas. Las sociedades se apropian del pensamiento occidental y de esta forma se crea una barrera para la generación de conocimiento propio que tome en cuenta la realidad de cada sociedad (Walsh 2012). El prohijamiento de una perspectiva eurocéntrica relacionada con el conocimiento, obtura la generación de saberes propios por parte de los indígenas y de los países no-occidentales o del “sur” provocando una intensificación del dominio occidental como única fuente de conocimiento válido y objetivo.


Denkkollectiv y la dominación por parte de las instituciones internacionales en el desarrollo

Ludwik Fleck, en su  libro de 1935, acuño el término de Denkkollekti (pensamiento colectivo) en el cual  describe a la comunidad de académicos que interactúan de manera colectiva hacia la generación de conocimiento pero usando un marco compartido basado en costumbres culturales, de esta manera se restringe y condiciona el conocimiento de ideas nuevas o no dominantes, donde la colección compartida de conocimiento preexistente la denominó como Denkstill, formulando una nueva epistemología comparada con estas dos ideas.

Lander (2000), en la colonialidad del poder, manifiesta que la adopción y naturalización de la visión eurocéntrica genera que se idealice la experiencia europea, gestada bajo la filosofía alemana, el iluminismo francés la idea del progreso y más tarde la modernidad; de esta forma, el saber eurocéntrico se concibe y se presenta como un modelo “superior y universal”. Por esta razón, el conocimiento no europeo se concibe como arcaico, obsoleto, primitivo, incluso “agreste” y es considerado como algo anterior al “desarrollo histórico de la humanidad”. En la misma línea de Lander, la colonialidad del saber genera un fortalecimiento del poder occidental porque ratifica la visión universal de que solo existe una manera idónea de vivir, lo cual se confirma en el siglo XX con la idea de “desarrollo” que solo sería posible si se sigue la experiencia occidental. Es preciso mencionar que en el ámbito académico existe una tendencia marcada hacia la colonialidad del saber y la supremacía del conocimiento occidental sobre cualquier otro. Como lo planteaba Fleck (1979, 38-50) el concepto del progreso, modernidad y desarrollo, formarían parte del Denkkollectiv puesto que de la idea de superioridad eurocéntrica solo emanaran ramificaciones, modificaciones, adaptaciones de la idea reinante y del pensamiento colectivo mainstream y no impugnaciones; así mismo todo pensamiento fuera del Denkkollectiv será considerado inferior.

De igual forma, Juan Gómez (2010) considera que la colonialidad del saber ha creado un marco ideológico, en el cual la supremacía del conocimiento occidental no se pone en duda y se ha ido naturalizando en las distintas sociedades; de esta forma, se ha propagado la idea que el conocimiento no-occidental se subalternizó y silenció y por lo tanto no es tomado en cuenta como fuente de conocimiento a nivel mundial, ni en sus propias sociedades en algunos casos. Con los procesos de colonización se produjo una estructura de conocimiento, con lo cual se eliminó la historia de los pueblos, su manera de producir conocimiento y sus saberes ancestrales, y se sustituyeron por una cosmovisión eurocéntrica.  La relación entre la colonialidad del poder y saber se articula de manera eficiente consolidándose en la creación de instituciones, lo que se denomina “neoliberalismo institucional”, que además de afianzar el control occidental sobre el resto de naciones, dotan de credibilidad internacional al pensamiento occidental por medio de la creación de conocimiento basándose en su experiencia (Escobar 1995).

Las instituciones son la respuesta teórica creada desde la episteme eurocéntrica, son las instituciones creadas y apoyadas por los países occidentales las que crean las ideas, conceptos, marcos teóricos que definen y estructuran la comprensión de lo “real”. Un ejemplo claro de esto son los objetivos del desarrollo o la Agenda2030; dónde “las instituciones internacionales como la Asamblea General de la ONU son el eje que aglutina ideológicamente a los Estados descentralizados. Es cierto que los Estados han sido y siguen siendo los agentes más importantes de los asuntos mundiales" (Keohane y Nye 1972). Más aún, reconocen que los sistemas internacionales están descentralizados, formalmente, cada uno es igual a todos los demás. Ninguno tiene derecho a mandar; a ninguno se le exige que obedezca" (Waltz 1979, 88).

Sin embargo, las instituciones internacionales juegan un papel primordial para perpetuar la colonialidad del saber y ejercer cierta dominación ideológica hacia los Estados del Sur. Puesto que las instituciones fungen como redes para servir de soporte y mantener el marco idóneo para la aparición y permanencia de instituciones que refuercen la legitimidad del saber occidental cuyo objetivo a perseguir, teniendo como base fundamental la experiencia occidental y por medio de ella imponer en los países “subdesarrollados” su forma de vida, de producción y su conocimiento. La interrelación entre el poder y el saber es un aspecto importante que permite que se conserve el dominio occidental sobre los países del Sur (Baquero, Ortiz y Noguera 2015). La colonialidad del poder y saber son ejes relevantes del patrón actual de poder, el cual intensifica a las epistemologías dominantes y estas a su vez “introducen, establecen y codifican ciertos conceptos, y no otros, como algo relevante, verdadero o posible, pero sin revelar sus intereses ocultos” (p.177). Uno de los conceptos que el poder hegemónico ha validado como relevante y posible es el “desarrollo”; por lo cual, se puede percibir que el poder y el conocimiento se vuelven aspectos en continua interacción reforzándose de manera mutua (Tirado 2009).

En la misma línea, Arturo Escobar (2007) argumenta que la idea desarrollista es utilizada por los países occidentales para mantener el control sobre los países del sur. Él expresa que con el desarrollo, se puede apreciar cómo se relacionan las “formas de conocimiento con las técnicas de poder”, esto porque por medio del poder se crean instituciones que tiene un carácter mundial y que son organismos que ayudan a los países a “desarrollarse”, y estas instituciones también generan conocimiento que se fundamenta en el pensamiento occidental y busca implantarlo en las sociedades del sur por medio de planes en pro del desarrollo.

De igual forma, Uncenta (2015) menciona que la idea de desarrollo se generó en un marco de colonialidad del poder y del saber porque se fundamenta en la experiencia occidental y se presenta como una guía que se debe seguir para poder llegar a ser desarrollados; el desarrollo como tal refuerza la supremacía de occidente sobre el sur. El proyecto desarrollista según las Naciones Unidas (1951) solo sería posible por medio de un plan que conllevaba a un “ajuste doloroso” que tenía como objetivo desaparecer las formas de producción de las naciones subdesarrolladas, así como su forma de vivir, para implantar la idea occidental como lo ideal.

En este sentido, Escobar (1999) manifiesta que el proceso de “occidentalización” al que conllevaban los programas de desarrollo trajeron consigo una serie de consecuencias negativas para el “Tercer Mundo”, una de ellos la destrucción medioambiental por la implementación de proyectos de industrialización, el afianzamiento de las estructuras hegemónicas, la dominación, entre otros (el ejemplo más reciente lo tenemos con las recetas desarrollistas en los años 90 orquestadas por Jeffrey Sachs. Para Escobar (1999, 65) el “Tercer Mundo” es un discurso inventado, como “una entidad que fue siempre deficitaria en relación con Occidente y, por tanto, necesitada de proyectos imperialistas de progreso y desarrollo”.

Desde el estructuralismo latinoamericano, Furtado (1975) argumenta que el desarrollo se utiliza por los países desarrollados como herramienta que genera un ambiente ideal para que los países de la periferia se vean obligados a aceptar fuertes sacrificios, haciendo legítimo la abolición de las culturas ancestrales y la implementación de un sistema de producción “predatorio” que generaba destrucción del “medio físico”. El desarrollo tiene como objeto de estudio a los países subdesarrollados y genera propuestas desde el occidente para el sur; sin embargo, no toma en cuenta la realidad de estos países, ni mucho menos el conocimiento y pensamiento que surge desde estos pueblos. Por lo tanto, desde el sur global ha nacido una iniciativa que deja de lado el discurso dominante acerca del desarrollo e intenta proponer una alternativa que nace desde los países que la hegemonía occidental considera subdesarrollados.

En el postdesarrollo se concreta la alternativa a la idea del desarrollo dominante, la cual busca devolverle a los pueblos ancestrales su libertad de generar alternativas que se basen en el saber ancestral, en la forma de vida y producción de cada pueblo (Escobar 1995). Por lo antes mencionado, el postdesarrollo se ha convertido en un marco interpretativo que devuelve a los pueblos las riendas de sus países, para generar planes y proyectos en torno a su conocimiento, su forma de vida y de producción; devuelve el poder de participar dentro de la construcción de su sociedad. Empero, esta alternativa aún no ha generado un cuerpo epistemológico como tal.

 

El postdesarrollo una alternativa

A lo largo del presente texto, hemos intentado “desnudar” el desarrollo, tanto desde sus formas de dominación y perpetuando una colonialidad del poder y saber, como sus meta relatos discursivos. Sin embargo, más allá de mostrar sus “vacíos”  es importante proponer alternativas, de esta manera y a modo de conclusión breve, es importante proponer caminos alternativos a la ortodoxia dominante. Ante ello, una propuesta desde abajo, pluriversal, incluyente y que abarca a manera de paraguas conceptual (abarcando diferentes posturas dentro de un mismo eje central) es la idea del postdesarrollo.

El postdesarrollo crea una oportunidad de desnaturalizar y desarraigar conceptos que parecen ser familiares y que han sido tomados como dádivas, y permite que se genere una alternativa que se enfoca en volver a definir el mundo desde la multiplicidad y la diferencia, dejando de lado el discurso desarrollista y su forma de vida como la única forma para lograr avanzar. El postdesarrollo busca la participación local en la construcción de un modelo que esté acorde a la cosmovisión y características de cada pueblo, busca incentivar a las sociedades a pensar y replantearse como vivir y que aspectos son realmente relevantes; se presenta como una oportunidad porque permite pensar en el desarrollo desde abajo hacia arriba y para ello es necesario que los movimientos locales contribuyan de manera teórica y práctica en una alternativa de repensar todo lo que se relaciona con el desarrollo.  En este sentido, los postdesarrollistas no solo cuestionan al discurso desarrollista sino como se llegó a definir a los países de Asia, África y América como subdesarrollados y también analizan cuales han sido las consecuencias de las estrategias o planes desarrollistas en los que se han visto envueltos.

La crítica postdesarrollista se fundamenta en la orientación teórica postestructuralista porque se basa en la crítica al desarrollo como un discurso y práctica; este pensamiento surge desde el sur y dilucida como el desarrollo fue creado como una herramienta para promover el modo de vida occidentalista y por medio de ello intensificar el control en los países “subdesarrollados”. Asimismo, pone en evidencia que, a pesar de que no existe una convergencia conceptual sobre la definición del desarrollo, este ha motivado una serie de estudios, planes y proyectos, y sigue conservando cualidades esenciales que aun cuando han sufrido “transformaciones” son muy similares y legitiman el carácter universal del mismo, aunque muchos de sus atributos básicos no sean aceptables en otras latitudes y por lo tanto no se podría hablar de su universalidad (Gudynas 2017).

El postdesarrollo cuestiona la epistemología del “Norte” de establecer como meta principal el crecimiento económico, además de no considerar el seno cultural del que proviene el desarrollo y su historicidad y basarse únicamente en un modelo de desarrollo que se fundamenta en la modernización, interviniendo cada vez más en la naturaleza y promoviendo la exportación y la acción individual.  Por lo tanto, reconoce que existen diversas maneras de definir las formas de sustento, la forma en que se relacionan las sociedades y las prácticas económicas y ecológicas; promueve el diseño de políticas en base a cosmovisiones relacionales en lugar de la cosmovisión dualista dominante y busca establecer diálogos interculturales en torno a los escenarios, que podrían llegar a establecer un pluriverso de configuraciones socio-naturales, donde exista una multiplicidad de visiones. Además, establece la inclinación por formas de integración regional autónomas, basadas en discernimientos ecológicos y un desarrollo geográfica y políticamente descentralizado de acumulación (autocentrado), en ámbitos subnacionales, nacionales, regionales y globales (Escobar 2011).

El postdesarrollo se sustenta en la “re-valorización” de lo ancestral, recuperando la cosmovisión de los pueblos que fue desechada o descontextualizada por el colonialismo; asimismo, pone de manifiesto la necesidad de la decolonialidad, lo cual permita desarraigar de la sociedad el eurocentrismo, su conocimiento y formas de vida. Promueve la generación de un mundo “más humano” donde se tenga en cuenta la relación que existe entre el hombre y la naturaleza, tomando como eje central a los movimientos sociales para que sean la base del cambio (Escobar 2005).

En este sentido; las características del postdesarrollo, se pueden resumir en  cuatro aspectos básicos:

  • Buscar generar un marco adecuado para la creación de distintos discursos que no se fundamenten en la idea eurocéntrica del desarrollo.
  • Dotar de relevancia a la necesidad de un cambio en relación al pensamiento desarrollista y la “economía política de la verdad”.
  • Conformar instituciones de base que fomenten el saber desde los países que se suponen son el “objeto” del desarrollo, para que se genere un pensamiento que tome en cuenta las condiciones de cada sociedad.
  • Resistencia local y participación de los movimientos locales  con el fin de  crear alternativas al desarrollo.

Por lo tanto, el postdesarrollo solo es posible por medio de la transformación de la sociedad en todas sus dimensiones; en lo social, en su forma de conocimiento, su manera de ver el mundo y de relacionarse con él; de igual forma, recupera y promueve la participación de los movimientos locales como eje central en la creación de un espacio/tiempo colectivo. De igual forma, promueve la relacionalidad como un aspecto esencial porque deja de ver a lo natural como un objeto, sino que lo presenta como un sujeto que se relaciona de manera directa con el ser humano y por ello debe ser tomado en cuenta para la creación de una alternativa o transformación en la forma de vivir y en la concepción de cómo nos correlacionamos.

Ante ello, la situación actual bajo el Covid-19 forma “la tormenta perfecta” a pesar de ser un efecto de la excesiva explotación de los recursos naturales y destrucción de ecosistemas, es tan solo un efecto de la crisis planetaria; la pandemia puso en evidencia la necesidad de un cambio, una transformación radical en la forma de vida de las personas, la producción y el consumo, ha dilucidado la necesidad de construir una forma de vida que tome en cuenta la relacionalidad entre hombre y naturaleza, en especial los límites ecológicos. La pandemia ha regresado a las sociedades al comunitarismo, a incentivar iniciativas de ayuda que se enfocan en satisfacer las necesidades que el gobierno no satisface (Acosta et al. 2020). Y querámoslo o no, durante los primeros meses del año 2020, y bajo la lógica del capitalismo mercado-consumo todos fuimos rebeldes ante ello, y practicamos en mayor o menor medida el decrecimiento, se priorizaron al máximo nuestro consumo de necesidades básicas, y se priorizó por los trabajos realmente necesarios, y a pesar y después de la pandemia veremos que el sistema sigue y persiste, optando por nuevas formas de explotación y obtención de réditos, pero al menos durante febrero-mayo del presente año el ser humano le dio un breve respiro a nuestro planeta y fuimos rebeldes al sistema y la sociedad capitalista.

Como lo manifiesta la carta firmada por más de 1100 expertos y 70 organizaciones, las iniciativas y alternativas al sistema son impulsadas desde diferentes corrientes, porque “mientras nuestra economía dependa del crecimiento, cada recesión será devastadora. En cambio, necesitamos decrecimiento: reducir la escala de la economía de manera planificada, sostenible y equitativa”. Lo que el decrecimiento propone se alinea a lo que hoy en día se está impulsando por movimientos sociales, activistas ambientales y académicos, a raíz del coronavirus. Las principales iniciativas se enfocan en (Degrowth New Roots Collective 2020):

  • Reducir la huella ecológica al mínimo posible; poniendo la vida como el eje central del sistema económico.
  • Un cambio en los medios de transporte, se ha regresado a iniciativas como el ciclismo.
  • La solidaridad como eje esencial de la sociedad, dejando de lado la competitividad y trayendo a escena el comunitarismo, del cual el mundo ha sido testigo en este tiempo de pandemia.
  • Una redistribución equitativa, el establecimiento de un salario mínimo y máximo.
  • Una reducción equitativa de la producción y el consumo, impulsando iniciativas que promueven el uso de energías renovables, una agricultura ecológica, un transformación que incentive a las personas a vivir mejor con menos.

Finalmente, lo que ha permitido esta pandemia que ha cobrado miles de vidas a nivel mundial, se debe tomar como un llamado de atención y una oportunidad para la transformación de la sociedad, volcándose a principios que pongan en primer plano el bienestar de las personas, mas allá del crecimiento económico. Es importante que las personas tengan conciencia que mucho antes de la pandemia actual ya existían problemas ambientales, sociales y económicos que son consecuencia del sistema y modo de producción imperante. Como manifiesta Boaventura do Santos (2020), las alternativas al sistema se producen en el peor contexto, empero debe ser una oportunidad para crear un mundo más humano, la generación de un mundo donde confluyan diferentes formas de vida, sin tratar de que se imponga una sobre otra.

El contexto actual proporciona una oportunidad para descentrar el desarrollo de los debates y planes en cada nación, ha obligado a las personas a volver a pensar en la comunidad; a dejar de lado el individualismo y egoísmo, a pensar en la relación que existe entre el hombre y el medio ambiente, ha demostrado que el crecimiento económico deja de ser importante cuando se pone en riesgo la vida. Por lo tanto, es tiempo de reflexionar y entender que el mundo necesita un cambio radical y es necesario que cada nación tome las riendas de su futuro, empezando por dejar de lado los discursos que se han naturalizado y empezando a crear su forma de vida tomando en cuenta sus características y su conocimiento y poniéndolo en práctica. 

 

 “No hay nada mejor que imaginar otros mundos para olvidar lo doloroso que es el mundo en que vivimos” Umberto Eco en su novela “Baudolino".

 

 

 

 

Referencias

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[1] En palabras del propio Marx en el prólogo a la contribución de la crítica de la Economía Política  “...en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia” (Marx 1989, 7).

 

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