¿Qué sucede a lo largo de la curva de distribución en una economía capitalista y una economía ‘socialista del siglo XXI’?

Katherine Sarango Rodríguez; Ximena Songor Jaramillo; Pascual García Macías

Economista Universidad Técnica Particular de Loja Loja, Ecuador, Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador , Máster en Análisis Económico Aplicado por la Universidad de Alcalá de Henares Docente investigadora Universidad Técnica Particular de Loja Loja, Ecuador, Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador , Philosophie Doctor (PhD) mención internacional en Movilidad Humana por la Universitat de Valencia en conjunto con El Instituto de Gestao y Economía de Lisboa; Máster Internacional en Migraciones por la Universitat de Valencia Docente investigador Universidad Técnica Particular de Loja Loja, Ecuador, Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador



Resumen

Esta investigación pretende examinar la dinámica de la desigualdad del ingreso del trabajo al interior de dos territorios con características económicas y sociales estructuralmente diferentes: Ecuador y Estados Unidos. Como medidas de desigualdad se contempla el coeficiente de Gini y el índice de Palma; la selección de las mismas atribuye a presentar un análisis de la realidad de las disparidades en la distribución del ingreso desde una perspectiva de las variaciones del punto medio de la distribución (Gini) y lo que experimentan los polos de la misma (Palma). Entre los principales resultados se destaca una tendencia decreciente de la desigualdad en Ecuador y, en Estados Unidos una tendencia al alza de las disparidades de ingreso. Dentro de los factores que podrían explicar esta tendencia en Ecuador, se identifican la dependencia de esta economía a los precios de las materias primas, las políticas redistributivas impulsadas por un gobierno izquierdista –aumento del gasto público en educación, salud, bienestar social– y aumento del empleo público. En contraste, en EEUU la declinación sindical, la desindustrialización y deslocalización, el neoliberalismo, el cambio tecnológico, la educación y la financiarización, se consideran como determinantes del aumento de la desigualdad en esta economía.

Received: 2018 November 28; Accepted: 2018 December 27

5519. 2019 ; 7(13)

Copyright

El Copyright solo reconoce autoría de los trabajos aquí presente, pero los derechos de publicación son titulares de Revista nuestrAmérica.

Keywords: Palabras clave desigualdad, ingresos, distribución, Ecuador, Estados Unidos.
Keywords: Palavras-chave desigualdade, renda, distribuição, Equador, Estados Unidos.
Keywords: Keywords inequality, income, distribution, Ecuador, United States.

Sobre los datos y su tratamiento

Otro fenómeno que ha contribuido al aumento de las disparidades en la distribución del ingreso en Estados Unidos, es el cambio tecnológico y la educación. En primera instancia el cambio tecnológico sería la mejor explicación para la creciente desigualdad (Autor 2014), puesto que, este beneficia a la mano de obra calificada que puede hacer uso de tecnologías complejas, pero desfavorece a la mano de obra poco calificada. No obstante, estas expectativas se estabilizan si la mano de obra ajusta su formación académica a los requerimientos del mercado. El aumento de la inversión en tecnologías de información y comunicación (TICs) en EEUU (del 10% en 1950, al 50% en la actualidad según el US Bureau of Economic Analysis 2017), ha ido de la mano con el aumento de la desigualdad en la distribución de ingresos; a pesar de ello, Kollmeyer (2018) afirma que, el efecto del cambio tecnológico en la distribución del ingreso para este país ha sido mínimo, puesto que esto se ha compensado con un incremento de la formación profesional de población estadounidense.

Para la medición de la desigualdad al interior de cada territorio, se propuso el cálculo de dos índices de desigualdad: Gini y Palma tomando en consideración el ingreso del hogar proveniente del trabajo (IT). Se obtuvo el ingreso total del hogar, el mismo que comprende todas las entradas en efectivo percibidas por el hogar o por alguno de sus miembros a intervalos frecuentes y estables; no se contemplaron las ganancias imprevistas y otras entradas que se perciben en forma no periódica y, normalmente, una sola vez. Las fuentes de información corresponden a: la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU), para el caso ecuatoriano, y la Encuesta de la Comunidad Estadounidense (ACS), para EEUU, para los años 2007, 2009, 2011, 2013 y 2016.

Con la variable de ingresos construida, y considerando el error de las encuestas de hogares en la declaración de los ingresos percibidos, se generaron los percentiles de dicha distribución y, como medida para superar el error que podría generar la presencia de valores extremos declarados por los hogares, se eliminaron los percentiles 1 y 100. Si bien, en los dos territorios considerados en la investigación poseen considerables diferencias en la estructura del IT, se plantea el análisis de la desigualdad que se genera al interior de los grupos.

Distribución del ingreso en Ecuador y Estados Unidos

Desde el año 2015, a nivel mundial la desigualdad de la distribución de los ingresos entre países se ha reducido; no obstante, al interior de cada territorio, la desigualdad ha aumentado (ONU 2017). Bajo este contexto, América Latina históricamente se ha caracterizado por ser una de las regiones con mayor desigualdad a nivel mundial (CEPAL 2015). Entre el 2008 y 2015 la desigualdad del ingreso disminuyó en esta región debido a que los países priorizaron la implementación de políticas enfocadas en el desarrollo social, pero no ha sido suficiente para alcanzar un desarrollo sostenible (CEPAL 2017).

Durante la 11ª Reunión Anual de las Naciones Unidas, Organizaciones Sociales y Sociedad Civil, desarrollada en Washington DC en el 2014, la ONU reconoció a Ecuador como un “modelo de desarrollo sostenible” para erradicar la pobreza y reducir la desigualdad (MAE 2014). Y es que desde el 2006 la desigualdad medida a través del coeficiente de Gini se ha reducido en aproximadamente 8 puntos porcentuales, hasta 2015 (INEC 2016b).

Estados Unidos (EEUU), durante los últimos años ha presentado un panorama negativo en cuanto a disparidades de ingreso. Según Egan (2017) la desigualdad es un problema que empeora para esta economía; el uno por ciento de las familias más ricas en el 2016 controló el 38.6 por ciento de la riqueza del país, mientras que el 90 por ciento de las familias con menos ingresos posee únicamente el 22.8 por ciento de la riqueza total (Bricker et al. 2017).

Una mirada a la desigualdad intra grupos en la distribución del ingreso

Si se observa la Gráfica 1, se aprecia una tendencia decreciente de la desigualdad del ingreso proveniente del trabajo entre los hogares ecuatorianos desde 2007 hasta 2011. Durante este periodo, el coeficiente de Gini experimenta un decrecimiento promedio aproximado del 4%, mientras que la razón de Palma evidencia una tasa promedio de -7.8%. No obstante, para 2013, con las dos medidas de desigualdad considerada, se evidencia un incremento leve de la desigualdad; en 2015 la realidad de la distribución del ingreso del trabajo entre los hogares se torna similar a la evidenciada en 2013; sin embargo, para 2016 reflejan una situación muy similar a la desigual disparidad de ingresos que se vivía hace una década aproximadamente. Los niveles de desigualdad son muy similares en el último año (G: 0,40 y P: 1,83) a los del primer año de estudio (G: 0,40 y P: 1,84); en este contexto, los esfuerzos por “reducir” la desigualdad del ingreso en Ecuador, que se pudieron haber implementado, después de una década solamente han llevado a replicar la realidad de la distribución del ingreso proveniente del trabajo que se observaba en 2007.

En términos generales, las brechas de ingreso que existían entre los hogares ecuatorianos, considerando la distribución de los ingresos provenientes del trabajo en 2016, son bastante similares a las observadas en 2007. En los dos años de referencia, si se realiza el análisis con el coeficiente de Gini, un valor de 0,40 implica la diferencia prevista entre el ingreso de dos hogares seleccionados aleatoriamente. Considerando el índice de Palma, observamos que el 10% de los hogares en Ecuador perciben 1,8 veces más ingreso que el 40% de los hogares más pobres de la distribución. Como se observa, si contemplamos solamente los dos resultados (primer y último año) la realidad no ha cambiado para los hogares ecuatorianos.

No obstante, al mirar la dinámica de la desigualdad, se identifica a 2015 como el año con la mejor distribución del ingreso, esto considerando los coeficientes de Gini y Palma estimados (G: 0,366; P: 1,54).

Con referencia a los resultados para Estados Unidos, la realidad de la distribución del ingreso en una economía como esta, difiere mucho de la observada en Ecuador. En términos generales se aprecia una tendencia más bien creciente de la desigualdad; si bien en 2015 se observa una distribución más igualitaria del ingreso entre los hogares de EEUU, para 2016 los niveles de desigualdad se incrementan nuevamente.

La variación que experimenta el coeficiente de Gini entre 2007 y 2016 es de un incremento aproximado de 1,9%; Palma por su parte, en el mismo periodo, evidencia un crecimiento del 8% aproximadamente. En virtud de ello, la dinámica que expone el primer indicador, difiere considerablemente de la que revela el segundo; es importante tener en cuenta este detalle considerando la información que proporcionan ambos indicadores: Gini contemplando las disparidades que se reflejan en el punto medio de la distribución y Palma concentrando su análisis en la concentración de ingresos de los polos de la distribución. Entre los años de estudio, el coeficiente de Gini pasa de 0,549 puntos a 0,60 puntos entre 2007 y 2016; la razón de Palma por su parte de 4,79 en 2007 llega a ser 6,79 en 2016, es decir la brecha entre el 10% de hogares con mayores ingresos se incrementa en dos puntos con referencia al 40% de hogares más pobres.

¿Qué decir sobre la forma de medir la desigualdad al interior de un territorio?

En el desarrollo del documento se examina una medida alternativa para cuantificar los cambios en la desigualdad, propuesta por José Gabriel Palma desde 2006; y se contrasta con la medida tradicionalmente utilizada a nivel mundial, el coeficiente de Gini. El índice de Palma, considera que los cambios en la desigualdad en la actualidad están determinados por los extremos de la distribución, es decir la decila más rica y las cuatro más pobres[1], Gini por el contrario atribuye más peso a los cambios reflejados en la clase media que a los cambios en los extremos de la distribución (Palma 2006; 2011; 2016).

Cobham, Schlogl y Sumner (2015), consideran que en las estimaciones de desigualdad se genera un problema denominado “desigualdad oculta", y esto puede responder a: limitación de datos, ocultar un comportamiento particular o una elección potencialmente engañosa de medidas. La tercera dimensión es la base para el uso de Palma, ya que, los autores mencionan que esta última medida puede ser útil para sacar a la luz la desigualdad oculta en los grupos prioritarios de la distribución.

En torno a lo anterior, la selección de una medida de desigualdad es tan importante, pues, a partir de ello, se puede develar la realidad de la distribución de la renta entre la sociedad. Si bien, el coeficiente de Gini es la medida casi permanentemente utilizada para cuantificar la desigualdad del ingreso; como se ha evidenciado en los resultados aquí expuestos, presenta algunas debilidades, entre las más relevantes es muy sensible a los cambios en el medio –donde las variaciones son mínimas– y no a las variaciones en el extremo de la distribución –donde los cambios son más evidentes–. En base a lo anterior, el coeficiente de Gini podría subestimar el nivel real de desigualdad de una distribución, pues difiere mucho de ser una medida "neutral" de desigualdad y no es explícito sobre la forma de calcularlo, (Atkinson 1970; Cobham et al. 2015).

En contraste a lo mencionado, Gastwirth (2017), argumenta que Gini es sensible a los cambios en todos los niveles ya que tiene dos componentes, uno, que es más sensible a las transferencias cuando el donante y el receptor provienen de diferentes partes de la distribución y el otro cuando ambos están en la misma región modal[2]. No obstante, considerando la variación promedio que experimentan los dos índices en las dos economías, es evidente que el coeficiente de Gini presenta variaciones considerablemente pequeñas con referencia a las que devela el índice de Palma, lo cual, describe directamente la dinámica de la desigualdad teniendo como referencia el punto medio de la distribución, por un lado, y los extremos de la misma, por otro.

Sobre la medida propuesta por Palma (2006; 2011; 2016) se destacan como características propias de esta medida: su sensibilidad a los cambios en la distribución de los extremos, por lo que podría concebirse como una medida más específica de desigualdad; es clara y sencilla para entender, para el individuo común principalmente; Palma podría concebirse como un reflejo más “honesto” del alcance real de los datos de la distribución del ingreso (Cobham et al. 2015; Cobham y Sumner 2013a; Cobham y Sumner 2013b; Palma 2016).

Al mirar la evolución de los dos indicadores, y como ya se mencionó anteriormente, las variaciones que presenta Gini son relativamente pequeñas en los dos países, mientras que, el porcentaje de variación que experimenta la desigualdad en aproximadamente una década, en EEUU específicamente, es mayor cuando se considera el índice de Palma.

Bajo este contexto y sobre los resultados de los índices estimados, es importante aclarar que la evidencia que se presenta no pretende constituirse en argumento para descartar al coeficiente de Gini como medida de desigualdad del ingreso; mucho menos presentar al índice de Palma como única y óptima medida, pues ello implicaría cometer el error de tomar una única medida de desigualdad, que absolutiza una condición relativa como es la disparidad del ingreso (Milanovic 2015). Sin embargo, al observar las diferencias de los índices sobre la sensibilidad que experimentan a los cambios que se generan a lo largo de la curva de distribución, se determina el coeficiente de Gini como una medida que subestima la desigualdad pues revela la variación del medio de la distribución –como se evidencia con los datos de Ecuador y EEUU– y, Palma por su parte, devela los cambios que se generan entre los extremos de la distribución, en donde la dinámica de desigualdad es evidente, esto de acuerdo a la evidencia que empíricamente expone este documento.

Sobre lo anterior, es importante destacar la razón de Palma como una medida que expone la desigualdad de forma más sencilla y clara, lo que podría concebirse como una ventaja al momento de presentar resultados a la población, así como para los tomadores de decisiones al momento de diagnosticar un territorio y formular y evaluar políticas públicas orientadas a la reducción de brechas de ingreso entre sus habitantes.

¿Qué explica la dinámica de desigualdad al interior de cada territorio?

En el análisis de la desigualdad siempre se ha examinado los países desarrollados y los que están en desarrollo diferenciadamente; esto partiendo de la dificultad para construir variables comparables entre países, principalmente por las características propias de cada territorio. Sin embargo, un buen punto de partida es generar información para construir un análisis intra grupos, evaluando principalmente la dinámica interna de la desigualdad de ingresos, y contrastarla con la estructura económica y social de cada territorio; haciendo referencia a la presente investigación, Ecuador y Estados Unidos diferenciadamente.

Ecuador, una economía en vías de desarrollo y cuyo modelo permanece como primario-exportador y extractivista, desde 2007 evidencia una reducción de la desigualdad en la distribución de ingresos; a su vez hasta 2016, la economía ecuatoriana ha generado un aumento del Ingreso Nacional Bruto (INB) per cápita del 74.17% (Banco Mundial 2017b). Estas variaciones en la economía ecuatoriana en cuanto a desigualdad, han estado acompañadas del discurso político sobre el interés de los gobiernos de turno por reestructurar la distribución del ingreso al interior de la economía, mediante la creación y ejecución de políticas públicas redistributivas.

Gachet et al. (2017), discuten sobre las razones por las cuales la desigualdad ha disminuido en Ecuador, y si bien es cierto, esta disminución, en parte tiene que ver con el gobierno izquierdista que ascendió al mando del país desde el 2007; también se añade un incremento de los ingresos nacionales como resultado de los altos precios del petróleo. Frente a este último, teóricamente existen argumentos que explican la existencia de una relación entre la abundancia de recursos naturales (petróleo, gas natural, minerales) y la desigualdad; los ingresos provenientes del petróleo o los minerales, frecuentemente se distribuyen de manera desigual, ya que los grupos élites son quienes tienen el control sobre los recursos y los dirigen hacia su beneficio propio (Gylfason y Zoega 2003). De la misma forma, existen varios autores que determinan empíricamente esta relación, puesto que, a medida que los ingresos provenientes de recursos naturales aumentan, la desigualdad también lo hace (Buccellato y Mickiewicz 2009; Loayza y Rigolini 2016).

En contraste, Howie y Atakhanova (2014) determinan que el auge de estos recursos es una de las causas que llevó a una reducción de la desigualdad en las regiones de Kazajstán. En este contexto, efectivamente los ingresos provenientes del petróleo pueden aumentar o reducir la desigualdad, dependiendo del escenario que se presente. Por una parte, cuando existen límites para la movilidad laboral entre sectores, la desigualdad tiende a aumentar (enfermedad holandesa), como consecuencia de la caída asociada del empleo en el sector de recursos naturales. No obstante, la relación inversa entre ingresos provenientes de los minerales y la desigualdad, se presenta en un escenario en el cual, estos ingresos se enfoquen en el aumento del empleo gubernamental (Ross 2007).

En cuanto al sector público, existen argumentos a favor del empleo público como factor que reduce la desigualdad de ingresos, debido a que proporciona oportunidades de trabajo a la población marginal del mercado laboral y a la vez reduce la dispersión salarial entre trabajadores calificados y poco calificados (Kim y Sakamoto 2010; Lee, Kim, y Shim 2011). Es así que en Ecuador, el empleo gubernamental desde 2007 (7.6%) hasta 2011 (9.2%) ha aumentado en 1.6 puntos porcentuales; posteriormente hasta 2016, disminuyó en 0.4 puntos porcentuales (INEC 2018). En base a lo anterior, en el caso ecuatoriano se podría argumentar a favor de dicha relación entre el empleo público y la desigualdad, puesto que, cuando el empleo en este sector aumentó, la desigualdad se ha reducido, y por el contrario cuando el empleo público ha disminuido, ha estado acompañado de índices crecientes de desigualdad.

Ahora bien, en la economía ecuatoriana, los ingresos provenientes del petróleo se enfocaron en el financiamiento de una serie de políticas sociales que comprendían: incremento de gasto social (educación, salud, bienestar social), transferencias de efectivo, seguridad social, pensiones de jubilación, entre otras. El auge del petróleo también fomentó la reducción de la brecha entre los salarios de los trabajadores calificados y no calificados, ya que, la industria petrolera posee una producción intensiva en mano de obra no calificada. Este escenario, positivo para la reducción de la desigualdad, estuvo también acompañado por un periodo de estabilidad política y fuerte crecimiento económico, reducción de las tasas de desempleo y subempleo, los salarios aumentaron por sobre la productividad laboral, aspectos importantes que conllevaron a una reducción de los índices de desigualdad (Gachet et al. 2017; León 2016).

Este escenario alentador de la economía ecuatoriana se mantuvo hasta la primera parte del gobierno del entonces presidente Rafael Correa, no obstante, después de 2011, los favorables resultados sobre la disminución de la desigualdad se estancan: el precio del petróleo fluctúa, y finalmente “tiende a la baja” a partir de 2014; desde este año se evidencia un incremento de la desigualdad. Este nuevo comportamiento evidencia que la economía ecuatoriana presenta considerables debilidades estructurales, a esto le acompañan la falta de políticas sociales sostenibles, la amplia dependencia de la extracción de materias primas –de forma específica con el petróleo– (Ponce y Vos 2014), fallas del mercado, procesos de exclusión económica y social, diferencias culturales entre y hacia diferentes grupos poblacionales (Burgos Dávila 2013).

Develada una vez más la dependencia de la economía ecuatoriana hacia el petróleo, es necesario y urgente que Ecuador promueva un cambio en su estructura económica, que se formulen políticas sociales sostenibles en costo y resultados, que se implemente políticas de control de mercados, de integración y participación social; en caso de mantener “el modelo económico actual”, la desigualdad continuará creciendo y con ello se perpetuarán otros problemas sociales como la pobreza y pobreza extrema. Se debe destacar que todos los factores detallados no se constituyen como los únicos determinantes de la desigualdad de ingresos en Ecuador.

Con referencia a las economías desarrolladas como Estados Unidos, dado el amplio crecimiento y evolución de todos los sectores productivos y de forma especial del desarrollo en innovación tecnológica, se esperaría una distribución más igualitaria de ingresos entre sus habitantes (Amarante y Colacce 2018). Empero, la evidencia presentada en este trabajo, contradice por completo este juicio de valor.

Estados Unidos, la primera potencia económica, y cuyo INB per cápita desde 2007 ($48.640) a 2016 ($56.800) aumentó en 16.77% (Banco Mundial 2017a), no ha evidenciado variaciones favorecedoras en lo que a distribución de ingresos se refiere. Esta afirmación se sustenta en los resultados obtenidos en la presente investigación, al considerar los índices de Gini y Palma como medidas de desigualdad, pues las disparidades aumentaron aproximadamente un 3,9% con Gini y 7,8% al observar Palma. Si bien es cierto, los ingresos de EEUU, han aumentado durante el periodo de análisis, no se evidencia una mejor distribución entre los hogares.

Según Amarante y Colacce (2018), los países desarrollados en los últimos años han experimentado un periodo de crecimiento económico acompañado de una considerable dispersión de los ingresos. Si se analiza empíricamente los determinantes de la desigualdad, se podría destacar: la declinación sindical, la desindustrialización y deslocalización, el neoliberalismo y factores macroeconómicos, el cambio tecnológico y educación, la financiarización (Kollmeyer 2018).

Ahora bien, el trabajo organizado (sindicatos), genera resultados positivos para los trabajadores, pues promueven salarios más altos y reducen la desigualdad salarial entre los trabajadores sindicalizados y no sindicalizados (Rosenfeld, 2014), aceleran el crecimiento de los salarios reales (Kollmeyer 2017), aumentan la participación de los trabajadores en el ingreso nacional (Kristal, 2013; Wallace, Gauchat, y Fullerton 2011), disminuyen las incidencias de pobreza laboral (Brady, Baker, y Finnigan 2013), entre otros. Partiendo de ello, en Estados Unidos, la existencia de sindicatos es mínima, solamente el 10 por ciento de los trabajadores en el año 2015 se encontraban sindicalizados (US Bureau of Labor Statistics 2016); de este modo, los trabajadores estadounidenses, para exigir una distribución del ingreso laboral más igualitaria, presentan una notable desventaja.

Sobre la desindustrialización, este proceso se define como la evolución de una sociedad hacia la provisión de servicios, es decir una sociedad postindustrial, enfocada en brindar servicios más que en la producción de bienes. En la economía estadounidense, el empleo en la industria cayó de alrededor del 40 por ciento de la fuerza de trabajo durante la posguerra a poco más del 13 por ciento en la actualidad (US Bureau of Labor Statistics 2017). La desindustrialización y expansión del sector servicios se relaciona con la disminución de los ingresos medios (Lorence 1991) y el aumento de la desigualdad de ingresos (Wallace et al. 2011); en otras palabras, este fenómeno ha generado el cambio de los empleos sindicalizados y bien remunerados en el sector industrial hacia puestos de trabajo no sindicalizados y mal remunerados en el sector servicios, lo cual explicaría en cierta medida, la dinámica de desigualdad –expuesta en los apartados anteriores– de esta economía.

Si a lo anterior se le añade el proceso comercial de deslocalización de empleos industriales hacia los países menos desarrollados (Kollmeyer 2009); el mismo se consolida como un factor que incrementa las disparidades, puesto que, sustituye la mano de obra estadounidense por la extranjera (Ford en México), generando con ello importantes ahorros en los costos de trabajo de las industrias; con esto, se incrementan los ingresos para estas, pero a la vez, se afecta negativamente a los ingresos de las capas medias y bajas de la población.

El cambio de modelo político en Estados Unidos, también desempeña un papel importante en la distribución de ingresos, puesto que, del keynesianismo, que procura políticas enfocadas en el pleno empleo sin dar importancia a las leves tasas de inflación, se tomó un modelo contrapuesto, el neoliberalismo, cuyas prioridades políticas nada tienen que ver con pleno empleo y, por el contrario, reflejan un enfoque hacia bajas tasas de inflación; logrando con ello un cambio en el equilibrio del poder de clase, alejándolo de los trabajadores y enfocándolo en el capital (Hung y Thompson 2016). Cabe recalcar que las bajas tasas de desempleo benefician principalmente a la población del quintil inferior, y, por el contrario, su incremento ha ampliado las brechas del ingreso nacional desde el centro de la distribución hacia los quintiles más pobres.

Otro fenómeno que ha contribuido al aumento de las disparidades en la distribución del ingreso en Estados Unidos, es el cambio tecnológico y la educación. En primera instancia el cambio tecnológico sería la mejor explicación para la creciente desigualdad (Autor 2014), puesto que, este beneficia a la mano de obra calificada que puede hacer uso de tecnologías complejas, pero desfavorece a la mano de obra poco calificada. No obstante, estas expectativas se estabilizan si la mano de obra ajusta su formación académica a los requerimientos del mercado. El aumento de la inversión en tecnologías de información y comunicación (TICs) en EEUU (del 10% en 1950, al 50% en la actualidad según el US Bureau of Economic Analysis 2017), ha ido de la mano con el aumento de la desigualdad en la distribución de ingresos; a pesar de ello, Kollmeyer (2018) afirma que, el efecto del cambio tecnológico en la distribución del ingreso para este país ha sido mínimo, puesto que esto se ha compensado con un incremento de la formación profesional de población estadounidense.

Finalmente, sobre la financiarización como otro fenómeno relevante en las disparidades que refleja la distribución del ingreso del trabajo, Lin y Tomaskovic-Devey (2014) argumentan que las rentas generadas por el sector financiero han aumentado la desigualdad de ingresos en la economía estadounidense, debido a que este sector crea ganancias e ingresos excesivos. Por otro lado, se debe considerar que la financiarización no solo aumenta los ingresos máximos, sino que afecta negativamente a los trabajadores de bajos salarios cuyos empleos se ven amenazados por nuevas estrategias de gestión asociadas al capitalismo, el mismo que está impulsado por las finanzas (Lazonick y Sullivan 2000; Peters 2011).

Cada uno de los fenómenos detallados con anterioridad han contribuido de forma individual al incremento de la desigual distribución de ingresos entre los estadounidenses; y si a estos se añade otros factores como el desempleo en el sector público, la estructura demográfica, la dinámica poblacional, entre otros; se identificarán a profundidad los determinantes de la creciente desigualdad que experimenta una economía como la estadounidense. Es importante destacar que históricamente existen muchos shocks que inciden en la distribución del ingreso; sin embargo, y en lo referente a Estados Unidos, se resaltan los mencionados como algunos de los determinantes contemporáneos.


Notas
[1].

fn1“…hay dos fuerzas opuestas en acción. Una de ellas es "centrífuga", y conduce a una mayor diversidad en las participaciones asignadas por los 10 principales y al 40 por ciento inferior. El otro es "centrípeto" y conduce a una creciente uniformidad en la participación de los ingresos asignada por los deciles 5 a 9. Por lo tanto, la mitad de la población mundial (las clases media y media alta) ha adquirido fuertes "derechos de propiedad" sobre la mitad de sus respectivos ingresos nacionales; la otra mitad, sin embargo, está cada vez más en juego entre los muy ricos y los pobres (Palma 2011).

[2] .

fn2Para un análisis detallado de este planteamiento revisar: Gastwirth (2017). Is the Gini Index of Inequality Overly Sensitive to Changes in the Middle of the Income Distribution? Stadistic and Public Policy, (August). https://doi.org/10.2139/ssrn.2884308

Referencias
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